El coraje de un ex combatiente: "Si me das un tenedor, peleo con un tenedor"

Jorge Alberto Altieri, quien recientemente recuperó el casco que le salvó la vida en la guerra y que un inglés había puesto a la venta, recordó detalles del conflicto bélico que le costó la vida a 649 compatriotas.

Por Fedra Abagianos
@trinityflux

El ex combatiente Jorge Alberto Altieri se hizo famoso por recuperar el casco que le salvó la vida en la guerra de Malvinas y que un inglés había puesto a la venta. Las marcas que dejó un combate que duró 74 días y que mató a 649 argentinos, no sólo quedaron en los uniformes que los ingleses se llevaron como botín de guerra, sino también en los cuerpos y en los recuerdos de los soldados que sobrevivieron.

Fue el 9 de abril de 1982 cuando lo convocaron para ir a la guerra. Hacía un mes que había terminado el servicio militar y un policía de Lanús le comunicó que debía presentarse nuevamente en el regimiento. Su madre, que había perdido a su primer esposo policía en servicio, expresó su deseo de esconderlo. "Mamá, prefiero morir en Malvinas y no morir acá como un cobarde", le respondió Beto Altieri, con 20 años.

La primera noche en Monte Longdon durmió a la intemperie. "Pusimos un piloto en el piso y un poncho arriba porque llovía, siempre llovía en Malvinas. Hacíamos guardia cada dos horas. Estábamos mal dormidos y mal comidos", le dijo a Crónica, y agregó: "La comida estaba sólo en el continente".

El coraje de un ex combatiente: "Si me das un tenedor, peleo con un tenedor"
Jorge Alberto Altieri, hoy y ayer, junto al caso que le salvó la vida.

Monte Longdon fue uno de los lugares más crudos de la guerra y fue ahí donde pasó sus días como soldado. El 1º de mayo, él y sus compañeros tuvieron lo que se llama "bautismo de fuego", cuando un grupo de aviones enemigos sobrevoló la zona y una bomba mató a un miembro de la Compañía de Ingenieros 10.

Con la ropa mojada por la lluvia, con el cuerpo cansado por no dormir bien y casi sin fuerzas. Así estaba Altieri. "La comida era mala, comíamos sólo una vez y era una sopa. Todo eso nos debilitaba, nos dejaba más flacos, no teníamos fuerza. Había que subir y bajar montañas, saltar de piedra en piedra, era agotamiento lo que teníamos", contó.

La batalla inicial

El 11 de junio a las 22.30 empezó el combate. "Lo recuerdo como si fuera ayer. A esa hora de la noche empezaron los gritos porque un soldado inglés había pisado una de las minas que estaba delante de nosotros y empezó el combate hasta que no pudimos resistir más, porque la diferencia era de tres o cuatro ingleses contra uno argentino", expresó.

Los soldados argentinos retrocedieron. Junto a otro compañero se ofreció como voluntario para ir en busca de un grupo de prisioneros. Asumieron la misión hasta que las bombas de mortero enemigas empezaron a caer. Una cayó cerca y mató a un sargento. Las esquirlas impactaron sobre las piernas de su compañero y perforaron la cabeza de Altieri.

El coraje de un ex combatiente: "Si me das un tenedor, peleo con un tenedor"
Beto, herido por las esquirlas de una bomba de mortero.

Tuvo un último recuerdo antes de caer por el impacto. "Mientras estaba en combate, me metí en una carpa para robar latitas de raciones frías de comida. Me puse muchas latas dentro de la campera. En parte fue lo que me ayudó a que no me perforaran el cuerpo las esquirlas. Desde entonces me dicen Latita", relató.

Luego, contó que desde que esas esquirlas lo impactaron, una nueva historia comenzó en su vida: "Tengo que agradecerles a mis compañeros. Ellos me bajaron de la montaña y me llevaron varios kilómetros al pueblo".

Marcas para toda la vida

Pérdida de masa encefálica, parálisis del lado derecho y la pérdida de un ojo fueron las consecuencias de las esquirlas que impactaron en la cabeza de Altieri. Estuvo internado hasta abril de 1983 en Comodoro Rivadavia y fue trasladado en el último avión que salió de Malvinas al continente.

El coraje de un ex combatiente: "Si me das un tenedor, peleo con un tenedor"
Jorge Altieri junto a Pedro Díaz, Juan Carlos Arrieta y Carlos Sacón, en el reencuentro con el soldado jujeño Santo José Chachaua, 36 años después.

A 37 años, aún quedan cuerpos por reconocer en el cementerio de Darwin y el Estado no ha sabido devolverles a los sobrevivientes ni a los familiares de los muertos todo lo que ellos entregaron en una guerra injusta, con los cuerpos jóvenes, desprotegidos y en soledad.

"No estábamos bien preparados, pero con la valentía, con el coraje y con el patriotismo le demostramos a la parte inglesa que aunque no supiéramos leer o escribir peleamos por nuestra Patria con lo que teníamos. Si me das un tenedor, peleo con un tenedor, ese es el sentimiento del soldado argentino", concluyó Altieri.

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