Los mandatos sociales estuvieron siempre claros: las mujeres se ocupan de los nenes. En la casa lo hacen las madres y en el jardín, las docentes. Pero en Neuquén hay un hombre que enfrentó todos los prejuicios para poder cumplir su sueño. En una época en la que los históricos paradigmas del repudiable patriarcado se caen a pedazos, Adán Palacios Cid se convirtió en maestro jardinero.

"Gracias a la lucha feminista pude estudiar lo que me apasiona", afirmó el hombre, de 26 años, que en 2017 comenzó a destrozar todas las trabas que aparecían en su camino. Las primeras dudas estuvieron en su propia casa. "Es extraño que estudies eso, vas a tener muchos problemas", le dijo su mamá cuando se enteró de su decisión.

Luego, llegó el momento de enfrentar la realidad. Al momento de inscribirse, cuando se paró en la fila de quienes deseaban ser maestros del jardín, le dijeron que esa no era la mesa de los decentes de primaria. Pensaron que se había equivocado de lugar, pero cuando les explicó, le respondieron que era "raro" verlo entre todas las mujeres.

El primer impacto

Pese al apoyo de sus compañeras de estudio, el momento crucial en la vida profesional de Palacios Cid fue cuando tuvo que cruzar la puerta del aula. "Las primeras barreras que tuve que romper fueron las propias, sentí que no iba a poder conectar con los chicos por mi género y me daba mucho miedo", contó.

Tenía miedo. Terror a lo que podía pasar. "Al cruzar la puerta, estaban los nenes y no sabía cómo reaccionarían. Era mi primer día y tuve miedo", insistió. No obstante, las cosas se resolvieron rápidamente: "Cinco fueron los segundos que tardaron en verme y abrazarme. Desde que crucé esa puerta, siento que dejé los prejuicios y todos los miedos que me atormentaban y en ese calor humano y sincero de los niños entendí que había elegido bien".

Dudas y críticas

Aunque ya todas sus compañeras están felices de tenerlo, en un comienzo también tenían sus preocupaciones. Según el propio maestro contó, "se asustaron" cuando supieron que "un hombre iba a estar con sus chicos". Pero como le ocurrió desde que avanzó con su vocación, las cosas cambiaron con el tiempo: "Luego de conocerme se dieron cuenta que esta profesión no tiene género sino muchos prejuicios, como en todos lados".

En tanto, hubo padres que tampoco vieron con buenos ojos su presencia con los nenes del jardín y uno de ellos se lo hizo saber, ya que presentó una queja en la escuela, porque "se sentía incómodo porque un hombre cuidaba a su hija". Cuando las autoridades le consultaron cuál era el origen de su molestia, solamente esgrimió un tema de género.

Superando todos los problemas que enfrentó, el maestro está a punto de comenzar su último año de formación y hará prácticas para estar al frente de salas para chicos de cuatro y cinco años. Entonces, su sueño estará cumplido: dejará su actual trabajo en el Estado provincial y trabajará a pleno en el jardín.

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