Por Fedra Abagianos 
@trinityflux

Deuda, devaluación, recesión, cepo, alza del dólar, aumento de precios, tarifazos, desempleo. Ninguna de estas situaciones se lleva bien con el sexo, pero lamentablemente sí están en la cama a la hora de un encuentro íntimo. La crisis económica, las malas noticias de la realidad, las elecciones que se acercan cada vez más y la incertidumbre de no saber qué es lo que va a pasar, afecta en todos los aspectos a la sociedad, pero también en las relaciones sexuales.

Especialistas aseguran que el estrés provocado por la crisis impacta directamente en el sexo. "La crisis afecta absolutamente a la sexualidad. La falta de estabilidad económica, el crecimiento de las enfermedades, la pérdida de confianza en las instituciones, todo eso genera un estrés crónico en las personas, sobre todo de países como el nuestro, que está permanentemente en crisis", afirmó a este medio María Luisa Lerer, licenciada en psicología de la Universidad de Buenos Aires, sexóloga, investigadora, escritora y feminista.

Para Lerer, el estrés se apodera de las personas en los momentos de crisis y produce un desfase entre las necesidades y las satisfacciones que tiene. "Es similar a la situación de una persona que está en guerra, la energía para el sexo disminuye, hay una falta de esperanza hacia un futuro y eso afecta directamente en la intimidad", explicó.

"Para tener sexo hay que tener una líbido, una energía determinada para así estar tranquilos en la cama. La cama es un lugar donde uno se desploma para dormir y en momentos de crisis como estos no hay tiempo para poder relajarse y poder tener sexo", dijo la sexóloga.

El estrés se apodera de las personas en los momentos de crisis y produce un desfase entre las necesidades y las satisfacciones que tiene.

Incertidumbre

En esa inestabilidad en la que se encuentran las personas, según Lerer, existe el temor a las pérdidas, y por más pequeño que sea ese temor, existe una gran incertidumbre sobre el futuro. Hay miedo, hay desaliento y todo eso lo predispone mal para el encuentro sexual, como también lo predispone a sufrir distintas enfermedades, como infartos, problemas cardiovasculares, descompensaciones y muertes súbitas, porque existe un equilibrio muy delicado.

Para Lerer, la crisis causa conmoción en las personas. "Tenemos que saber que la mujer es la que está más acostumbrada a las crisis en general, por lo que tiene más fuerza para transitarlas en relación a los hombres. A los varones les afecta más, aunque nada de esto es terminante y todo es relativo, pero sí por lo general las mujeres tienen una estabilidad emocional más grande", expresó.

"Las mujeres tenemos todo el tiempo estrés, cuando menstruamos, cuando parimos, cuando rompemos una relación, cuando tenemos hijos, tenemos estrés permanentemente, por lo que estamos más acostumbradas, aunque también padecemos las crisis", dijo y concluyó: "Las crisis son cambios, pero hay que ver cambios hacia dónde".

Estrés

Para la psicóloga clínica, escritora y especialista en depresión Celia Antonini, las crisis provocan en las personas cuadros de estrés que las condicionan a un estado de tensión casi todo el tiempo, debido a que no se sabe cómo se desarrollarán las cosas.

"Si va a estar mejor, si va a estar peor, si va a llegar a fin de mes, si van a seguir aumentando los productos de primera necesidad; esa incertidumbre que vivimos todos, ese alto nivel de incertidumbre, genera un elevado nivel de estrés", describió. En este contexto general de crisis económica, de los que tienen la suerte de tener trabajo, según Antonini, el 48% está estresado y padece el síndrome de burnout, por lo que la sexualidad y la intimidad de la pareja se encuentran directamente afectadas.

"El estado de estrés hace que la persona no tenga ganas de tener sexo, que se desconecte, que esté con la cabeza en otro lado y por lo tanto le cuesta dejar de lado la realidad que lo atraviesa para poder tener una vida sexual como la que tenía antes", aseguró y agregó: "En general todas las situaciones de tensión que generan estrés, a lo largo del tiempo, alteran la sexualidad".

Equilibrio emocional

Según la psicóloga, una buena sexualidad requiere de un cierto equilibrio emocional y psicológico, pero en las épocas de crisis la ansiedad aumenta y se elevan los estados de depresión debido al estado de alerta constante por causa de la inestabilidad económica propia de la crisis.

"Los altos niveles de ansiedad y depresión interfieren en las diferentes fases o etapas del sexo, y en este cuadro lo primero que se pierde es el deseo de tener relaciones, porque disminuye el deseo, como consecuencia directa de los estados de ansiedad, de los estados de depresión, de la tensión y del conflicto provocado por la crisis", expresó a este medio la especialista, que lleva más de treinta años de profesión trabajando con los mecanismos mentales que llevan al desasosiego, la angustia y la tristeza.

Con la cabeza pensando todo el tiempo en las deudas, escuchando permanentemente las noticias que cada vez son más alarmantes, preocupados por cómo hacer para llegar a fin de mes, con el miedo acechando a cada minuto de perder el trabajo, exaltados por los altibajos de las políticas que se implementan en un contexto electoral, las repercusiones de la crisis en la sexualidad son avasallantes.

Nadie puede asegurar que es tarea fácil dejar en la puerta de la habitación los problemas, apagar la luz para no ver las preocupaciones, poner música para no escuchar los miedos y sacar de la cama una realidad que es abrumadora. En un país como Argentina, convertir esa relación negativa con la crisis en un encuentro íntimo exento de problemas emocionales, afectivos o de depresión es casi una misión imposible.

Lo que pasa en España en 2010 

En plena crisis española, durante 2010, en el marco del XI Congreso Español de Sexología y IV Encuentro Iberoamericano de Profesionales de la Sexología, se desarrolló un estudio en el que se daba a conocer el estado anímico y el funcionamiento sexual de los españoles, de acuerdo a si estaban desempleados y el tiempo que llevaban sin trabajo.

De acuerdo a ese estudio, los resultados revelaron que las personas desempleadas tenían mayores niveles de ansiedad y de depresión, en comparación con las personas que sí se encontraban empleadas y en ejercicio de sus trabajos. Era significativo cómo la depresión iba en aumento a medida que se incrementaba el tiempo que llevaban desempleados, alcanzando los mayores niveles de disfunción cuando el desempleo era superior al año.

Los mismos resultados se develaban también sobre la frecuencia sexual que disminuía de acuerdo a que se elevaba el tiempo de quienes se encontraban desempleados.

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