Por Ricardo Filighera

@Rfilighera

El cumple 94 de Mirtha Legrand se trata de un verdadero acontecimiento, ya que no hay antecedentes, a nivel mundial, de que una figura de estos kilates y de su edad continúe trabajando y haciendo gala, por otra parte, de una plenitud mental y una respuesta física que nos sorprende e impacta desde todo punto de vista.

Es que la "Chiqui" es la "Chiqui", una estrella de gran sensibilidad, gracia, talento y enorme compromiso con su actividad profesional.

La diva cumple 94 años en medio de una emergencia sanitaria que azota a todo el mundo y que hizo y sigue haciendo estragos con la población mayor, los más afectados por esta terrible historia. Por otra parte, viene de experimentar pérdidas familiares que hicieron mella en su corazón; en primer término, su hermano "Josecito" (el gran director de cine Martínez Suárez) y luego su hermana gemela, "Goldie".

Con su amada hermana gemela "Goldie", quien falleció el 1° de mayo de 2020.

Pero también surfrió la partida de su yerno, Marcos Gastaldi, así como también el fallecimiento prematuro de una entrañable y querida amiga de la familia, la relacionista pública Sofía Neiman.

Tiempos duros, decíamos, para Mirtha, que sobrellevó estoicamente sin poder trabajar durante todo un año, pero que romperá para Semana Santa, en un regreso a su inveterado ciclo, compartido durante el 2020 por Juanita Viale. De modo que por ahora Mirtha no cede la posta y continuará en la tele los domingos, mientras que su nieta, se dice, hará la conducción de la mesa de los sábados.

En la intimidad de su amplio y coqueto piso en la avenida Libertador, espera con calma, aunque no exenta de cierta ansiedad, su nuevo cumpleaños, dando lugar a los protocolos que continúan más vigentes que nunca, asistida, siempre, por Elvira y Mónica, mujeres orquesta que le brindan el soporte necesario y fundamental para sus actividades cotidianas. Por más que había decidido, desde un principio de la pandemia, evitar contactos con el periodismo, atendió, por espacio de algunos minutos, con la amabilidad que la caracteriza, la requisitoria de Crónica.

Hace unos años almorzó con sus nietos mayores, Nacho Viale y Juanita.

La felicitamos, en primer término, y elevamos una copa imaginaria a modo de homenaje a una trayectoria de notable rigor artístico en todo sentido. ¿Cómo vive este momento tan especial para tantas instancias de la vida afectiva y profesional?

“Es un verdadero milagro. Y soy rigurosamente honesta en mi apreciación: ¡jamás pensé en poder llegar a esta edad! Es la mía, no tengo dudas, una vida milagrosa”.

-Y este panorama, Mirtha, que lo pueda plasmar en su carrera, conlleva un plus aparte de enorme significado.

-Por supuesto, a esta edad sigo activa y con el cariño del público. No tengo otra cosa que acotar esto: ¡Gracias, Dios mío!

-Sabemos que, si bien, no puede adelantar mayores detalles en relación con su esperado retorno televisivo, ¿cómo se lo imagina? ¿Qué cosas fantasea con este retorno?

-Las que siempre han marcado mi carrera profesional. Espero con mucha alegría y pasión mi vuelta.

-¿Qué tipo de país se imagina para las próximas generaciones? ¿Qué cosas le gustaría que podamos alcanzar como metas?

-Sueño con una Argentina donde no exista más la grieta y que todos, absolutamente todos, tiremos para el mismo lado.

-Parecido a aquel sueño que tenía Martín Luther King (líder de los derechos civiles en Estados Unidos) de poder reunir en torno a una mesa a los esclavos y los esclavistas.

-Lo que añoro, profundamente, es que en algún momento podamos sacar a flote, definitivamente, este país tan maravilloso.

Aquel febrero

Ese febrero, aún vigente en tiempo y espacio, se estaba presentando en la ciudad de Villa Cañás, provincia de Santa Fe, extremadamente caluroso. Las pocas almas transeúntes trataban de protegerse de su majestad, el sol, de la mejor manera posible; empero, los hombres, rigurosamente de traje y con sombrero, soportaban, estoicamente, el clima y las damas, en tanto, siempre muy elegantes, aportaban sus claras vestimentas y acompañadas de las infaltables sombrillas.

Las casas bajas, con sus árboles en la vereda, se convertían en inigualable símbolo de protección y amistad al paso. Aquellas calles con aroma a tierra imprescindible exponían una atractiva postal existencial, solamente interrumpida por el vuelo generoso de las palomas. El clima golpeaba duramente y la posible llegada de las lluvias como un necesario oasis de desahogo.

Junto a Susana Giménez, su amiga incondicional (Archivo).

Rosa Suárez -nacida en Coronel Pringles- y su esposo, José Martínez Fernández, dueño de un comercio de ramos generales, esperaban ansiosos ser nuevamente padres y así agrandar la familia que se constituía, también, con Josecito, de apenas 2 años. El vientre de Rosa había aumentado generosamente en los últimos meses; algunos dolores se manifestaban con una puntualidad casi de relojería.

Ese día, el 23, Rosa, desde muy temprano, sintió el presagio del gran acontecimiento: la inminencia de dar a luz y así sucedió, en definitiva. Fue atendida con la celeridad del caso y a las pocas horas nació María Aurelia (Silvia), sin embargo, los dolores en el abdomen no se atenuaban y continuaban sin cesar.

Felicidad por partida doble

La partera, con esa enorme sensibilidad para captar el efecto de la intuición, le advierte a Rosa: “Quédese como está señora, y siga empujando, continúe, siga haciendo fuerza, no pare”.

El sudor y los nervios se posesionaban en el rostro de la flamante mamá, que seguía haciendo esfuerzos sobrenaturales hasta dar a luz, durante espacio de minutos, a otra hermosa bebé, a la que iban a llamar Rosa María (Mirtha).

El padre, con toda la felicidad del mundo y con la ayuda de la partera, la toma en brazos y no puede disimular un llanto que proviene, lógicamente, de la emoción. Se trataba de gemelas; Rosa a la primera la identificó como “Gordi”, aunque la lengua en formación de su hermana la transformaría en “Goldy”.

En tanto, a la segunda, la mami la iba a bautizar con el apodo que hasta el día de hoy se convertiría en un todo un símbolo de la estrella argentina: “Chiquita”.

Por esas misteriosas paradojas del universo, aquellas simpáticas chicas se habían convertido en foco de atracción de Villa Cañás. Resultaba muy difícil poder diferenciarlas, situación que se mantuvo así hasta su época de adolescentes.

Aquellas chicas se convertirían con el paso del tiempo en figuras fundamentales, primero, de la radio y, luego, del cine. Posteriormente, Mirtha transitaría el teatro, junto con su esposo, el inolvidable realizador francés Daniel Tinayre, como otro de sus ámbitos artísticos predilectos.

Aunque, luego, la televisión y su enorme preponderancia con aquel ciclo que se rebautizó, luego de su debut, como sus “Almuerzos”, abrieron una página fundamental de la pantalla chica en el tratamiento de todas los temáticas, supervigente y próximo a volver con la gran diva, compartido con su nieta Juanita, en una nueva edición que llevará, más allá de la pandemia y las dificultades, su sello indeleble.

Crónica levanta la copa y expresa los mejores deseos para nuestra gran figura: “Muchas felicidades, Mirtha”, personalidad excluyente del espectáculo y la cultura de nuestro país.

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