Por Ricargo Fillighera
@Rfilighera

El martes 18 de septiembre de 1973, en plena antesala de la primavera, el día había amanecido agradable, algo fresco, aunque el sol, posteriormente, le iba a dar a esa jornada una vuelta de tuerca a una estación del año con enorme expectativa de disfrute y actividades al aire libre.

Buenos Aires, entonces, había visto las primeras luces del día con total normalidad; sus habitantes se aprestaban para trajinar en medio de esa realidad cotidiana de la lucha por la vida; buscarían, en consecuencia, la sorpresa del destino y así poder tener otro tipo de existencias en donde pudieran consagrar sus quimeras, sueños y ese anhelo que les generara un cambio fundamental en todo sentido.

Sin embargo, ese día, un episodio impactante iba a poner un sello muy difícil de olvidar y que llevó pánico y estremecimiento a nuestra ciudad y también al Gran Buenos Aires. Lo imprevisto, lo inimaginado y la contundencia de aquel sonido dieron la firme sensación de que el cielo, literalmente, hubiera explotado. El terror y la sorpresa, insistimos, se habían apoderado de una ciudad que no podía salir del asombro.

La avenida Corrientes y el Obelisco fueron epicentros de la explosión.

A la hora señalada

A las 16.30 una tremenda explosión que venía del cielo había dado la firme sensación de que podía provenir de un arma terrible, contundente y nunca antes vista y que había hecho blanco en la humanidad de esta región del planeta.

El efecto generado había sido como el de un rayo de tormenta, pero multiplicado por cien en cuanto a intensidad; en consecuencia, los enormes edificios oscilaron, las arañas de varios departamentos se estrellaron contra el suelo y casas de una sola planta se estremecieron de una manera nunca antes vista.

El temor y el pánico había cundido en toda la población. Muchos llegaron a imaginarse que un ataque nuclear se estaba abatiendo sobre nosotros; varias comunicaciones se cortaron, algunas audiciones radiales quedaron fuera de onda, y se reestablecieron luego de algunos minutos.

La postal imaginada era atroz; los cuerpos de bomberos voluntarios, el personal de unidades regionales de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, varias comisarías y otras fuerzas de seguridad se alistaron en un frente de alerta.

En tanto, la imaginación, la insinuación y lo posible de ese incidente estaban dando lugar a diferentes versiones. El episodio había tenido, por sobre todas las cosas, particular epicentro en la ciudad de Buenos Aires, en varias localidades del Gran Buenos Aires y, también, sobremanera, en la ciudad de Zárate.

La explosión, reiteramos, había sido de una enorme magnitud. El pánico y la fecunda imaginación de la gente daba rienda suelta, entonces, a versiones, muchas de ellas propias de una historia de ciencia ficción ya que se daba cuenta que nuestra ciudad había sido invadida por seres de otro planeta y que se estaban librando desiguales batallas contras nuestras fuerzas de seguridad.

Postal. Imagen aérea de un sector de la Ciudad.

¿Pilas de cadáveres?

¿Estábamos ante una suerte de "La guerra de los mundos", del gran novelista H.G. Wells? ¿O se trataba, acaso, de un atentado terrorista o de un accidente de enormes y trágicas proporciones?

Los diferentes medios periodísticos salieron, en consecuencia, a encontrar el epicentro de la catástrofe; en tanto, en las redacciones, los teléfonos no paraban de sonar y alertaban sobre lo peor: edificaciones y enormes construcciones habrían sido demolidas por un espectacular rayo, en tanto, una pila de cadáveres esparcidos entre los escombros exponía lo tremendo de la tragedia.

Los móviles periodísticos en plena acción circulaban por nuestra ciudad y hacían especiales epicentros en Almagro, Ciudadela, San Miguel, Tigre, Campo de Mayo, Los Polvorines y Don Torcuato.

El peregrinaje de los diferentes medios de prensa no cesaba ante la enorme cantidad de versiones y llamados llenos de pánico y estupor que se hacían sentir, insistimos, en todas las salas de redacción de los diarios, radios y de la televisión.

Las calles de la Ciudad no quedaron al margen del episodio.

Las versiones no cesaban

Los minutos pasaban y ese recorrido de las agujas del reloj parecía tener el mismo contenido de una bomba de tiempo a desactivar, como una cuestión de vida o muerte.

A todo esto, se agregaban suposiciones de que el estallido podía haber tenido base en la guarnición de Campo de Mayo; también, que un avión supersónico había roto la barrera del sonido; sin embargo, todo era una enorme ola de suposiciones que cada vez alcanzaban mayor grado de incertidumbre.

En tanto, los vecinos de San Miguel habían salido despavoridos de sus casas y producido, muchos de ellos, escenas de histeria y locura al pensar que había explotado un enorme depósito de gas en los alrededores.

A todo esto, el Observatorio Nacional de Física Cósmica de la localidad de San Martín trataba de encontrar respuestas e informaba: "No estamos en condiciones de producir ningún parte informativo sobre lo ocurrido. Nosotros escuchamos la explosión como todo el mundo, pero desconocemos su origen".

En tanto, la Prefectura Naval tampoco tenía detalles para poder ofrecer sobre la gigante explosión, mientras que el Comando en Jefe de la Armada nacional reseñaba que se encontraba en la investigación del suceso pero que no podía dar precisión alguna sobre el especial fenómeno. A medida que la noche se iba apoderando del firmamento, las incógnitas continuaban como antes, aunque el pánico iba en disminución al comprobarse que la ciudad y la provincia de Buenos Aires se encontraban incólumes.

Por su parte, el más importante investigador de ovnilogía y fenómenos paranormales de nuestro país, Fabio Zerpa, daba su pensamiento respecto de estos episodios: "El 6 de septiembre pasado, a las 15.30, Mar del Plata también fue estremecida por una violenta explosión que hizo temblar edificios, destrozó ventanales y tiró las arañas de varias casas. Nunca se supo qué había pasado. A ciencia cierta, la explosión sorda, envolvente y estremecedora pareció venir de las alturas y del mar".

Efecto antimateria

Luego Zerpa destacó algunos casos que permanecen inexplicables y que están referidos al desdoblamiento "pasado-futuro", en donde existe la probabilidad de que se unifique el tiempo. Por otra parte, el recordado estudioso hizo saber que "el incidente podía haber sido consecuencia de una explosión antimateria".

En tanto, dos técnicos encargados de vigilar pantallas de radar dieron cuenta de que no se había comprobado "vuelo alguno de aparatos supersónicos durante esa jornada".

Ese martes 18 de setiembre llegó a su fin y las almas de nuestra ciudad y alrededores parecieron encontrar descanso.

El pánico había cesado, no así la incertidumbre y la enorme incógnita. Buenos Aires se aprestaba a dormir para encarar un nuevo día.

En tanto, el eco de esa inimaginada explosión todavía retumbaba e iba a seguir generando pesadillas tan difíciles de desentrañar como la supuesta realidad misma.

"Pudo haber sido un meteorito"

Especialistas afirman que pudo haber sido un meteorito.

En charla con la revista Así, del diario Crónica, el doctor Enrique Bramanti Jáuregui, presidente de la Asociación de Meteoritos, destacaba con énfasis: "Esto es muy serio y tan serio que debe ser investigado por autoridades y científicos. Yo pienso que la tremenda explosión fue producida por el paso de un meteorito que impactó en la capa atmosférica de la tierra. Es lo más lógico pensar en esta posibilidad, aunque para confirmarla se necesitarían testimonios concretos. Quizá nunca puedan ser hallados, pues existe también la posibilidad de que el meteorito haya seguido su curso hasta caer en el océano Atlántico o en otro lugar desértico de nuestro territorio. ¿Si fue un plato volador? No creo ni dejo de creer en estos fenómenos espaciales".

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