Por Matías Resano
mresano@cronica.com.ar

Su escalofriante confesión da cuenta de la desolación y el abandono que constituyen las pesadas paredes de quienes se encuentran sin techo. "Vivir en la calle te deteriora por dentro", expresó un hombre que durante meses no encontró otro lugar de residencia que un parque o una vereda, como tantos otros miles. A pesar de que muchas almas dedican su esfuerzo, sus recursos y tiempo para brindarles una asistencia y una contención que al menos alivien tan extrema condición de vida, sus voluntades no son suficientes frente al creciente y preocupante número de personas que no tienen ni siquiera un techo en el cual resguardarse.

Si bien no existen cifras oficiales respecto de tan delicada y alarmante problemática, las últimas indicaban un número mayor a las siete mil personas en la calle, en julio pasado, pero quienes habitualmente se abocan a colaborar con ellos estiman que los indicadores son aún muy superiores. Al respecto, Mariela Fumarola, integrante de Red Solidaria, señaló a Crónica que "siempre vemos un poco más a los índices oficiales. Todo coincidimos con que hay un aumento impresionante de la pobreza, incluso alcanzó a gente de clase media que perdió su trabajo, que la peleó hasta último momento por vivir bajo techo, se fue achicando, achicando y achicando hasta que no tuvo más opción que la calle. Muchos advirtieron estos casos y tomaron cuenta de que nadie queda exento".

Héroes anónimos que se dedican a ayudar a quienes más lo necesitan.

Respecto del carácter crudo, desgarrador, que implica deambular sin un horizonte y dormir a la intemperie, Victoria Ojeda, quien por las noches acude al Hospital de José C. Paz para alimentar a decenas de indigentes, reconoció que "hay personas mayores que sólo cenan a la noche gracias a lo que les llevamos nosotros. Algunos más jóvenes van a la plaza a trabajar de cuidacoches, otros hacen changas y después van a las guardias del hospital y allí cenan". En su caso, Victoria puede dar fe de las consecuencias irremediables de estar expuesto a las bajas temperaturas, al hambre, con la pérdida de un entrañable amigo, a quien conoció en pleno afán solidario. "Fue la primera persona que ayudé, lo conocí un 24 de diciembre, que le regalamos bolsas navideñas y él se emocionó. Se llamaba Walter, le decíamos Pipi, y falleció hace tres años, en julio. No lo podíamos encontrar, lo buscamos durante dos o tres días. Fue un invierno muy frío, y finalmente nos enteramos de que murió de hipotermia".

Por su parte, Rubén un viernes debió desalojar la vivienda que alquilaba junto con su padre, pocos días después del fallecimiento de este. Por la decisión de no renovar contrato de alquiler del dueño del inmueble, amigo de su progenitor, vio cómo "mis cosas se acumulaban en la esquina y se las llevaba un camión. Yo me iba con una bolsa al hombro, y me preguntaba adónde iba a ir". Entonces, "terminé en el Parque San Martín, shockeado, mi cabeza no paraba, por la incertidumbre de no saber qué iba a ser con mi vida. Todo el que pasó por la calle necesita ayuda porque vivir en la calle te deteriora por dentro. No se lo deseo a nadie, tenés que tener una fuerza mental suprema porque no es fácil, estás expuesto a muchos peligros".

Finalmente, con la asistencia de la Fundación Sumando Voluntades, Rubén logró reconstruir su vida, con el firme recuerdo del padecimiento de vivir en la nada.

Victoria Ojeda visita el hospital de José C. Paz para alimentar a indigentes.

En tanto, con base en su experiencia en Red Solidaria y en el voluntariado de Caminos Solidarios Argentina, Mariela, consideró que "vivir en la calle es lo que nadie querría, es la soledad, la indiferencia, la desigualdad, la falta de oportunidades, el frío, el hambre y esperando que la solidaridad llegue. Es angustiante y desalentador". A su vez, reflejó que "no tenés nada, un reparo, un baño, un techo, una frazada y ni un abrazo. Es un infierno, porque además te lleva a las peores cosas, porque uno está vulnerable a todo. Se siente débil".

Un estado de desamparo que los sin techo y sus almas solidarias adjudican principalmente al abandono, la indiferencia, los prejuicios y la falta de conciencia. Justamente, en este aspecto, Rubén afirmó que "las autoridades son las que principalmente deben movilizarse, y la sociedad no se pone en el lugar del otro hasta que le pasa, yo era indiferente hasta que fui protagonista de eso y entendí que hay que pensar en el otro, no esquivarlo, sino interesarse por lo que le pasa. Se necesita mayor conciencia, hay que comprender que ese mendigo es un ser humano". En la misma línea, Fumarola expresó que "el mensaje es que somos el otro. Yo voy con mis hijos a ayudar a las plazas desde que eran niños. Ellos me marcaban ver a nenes de sus edades y me preguntaban por qué vivían así y les decía, por una cuestión de suerte y le remarcaba que debían valorar lo que tienen y fijarse qué pueden dar por el otro". Al mismo tiempo, Victoria reconoció que "me da pena que la gente no colabore con ellos, es algo que puede hacer cualquiera por personas que son como uno, que tienen sentimientos. Todos tienen un problema que no pueden solucionar, no tienen a nadie y caen en el alcohol, entonces ¿por qué no ayudarlos?".

La gente en situación de calle es muchas veces discriminada injustamente.

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