Chaco: La peor inundación en los últimos 30 años tiene responsables
La fatídica combinación entre cambios climáticos, desmonte desmedido y falta de inversión provincial ocasiona pérdidas irreparables tanto económicas, como para el medio ambiente.
Por Melanie Berardi
@MelBerardiOK
Tras semanas de intensas lluvias, el sol volvió a asomarse en el cielo del Chaco. Esa zona es una de las "más vulnerables" como consecuencia de la deforestación ilegal y los cambios en las condiciones climáticas, que combinadas, provocaron una inundación que dejó a 2,2 millones de hectáreas afectadas, entre ellas unas 500 mil bajo el agua; y ocasionó perdidas a más de mil productores en los últimos meses.
Para alcanzar esta alarmante actualidad, esa zona atravesó un proceso de 30 años de desmonte indiscriminado en sus bosques nativos, un amplio territorio que abarca las provincias de Chaco, Formosa, Salta y Santiago del Estero, así como regiones de Paraguay y Bolivia, con el objetivo de ampliar la actividad agropecuaria vinculada a la producción de soja.
Estos procesos de deforestación a gran escala tienen sus correlatos en otras provincias del país, lo que se convirtió en “una situación de urgencia” a nivel social, económico y medioambiental, explicó a Crónica el director de Conservación y Desarrollo Sustentable de la Fundación Vida Silvestre, Fernando Miñarro.
Como respuesta, en 2007 nació la Ley 26.331, “una legislación bisagra” en Argentina, que establece que cada provincia deberá diseñar su Ordenamiento Territorial de los Bosques Nativos (OTBN) y clasificarlos según su estado de degradación en tres categorías: roja, amarilla y verde. Desde ese momento, cualquier eliminación sistemática de árboles en zonas rojas o amarillas, en las cuales hay un alto valor de conservación y áreas protegidas, pasó a ser ilegal.
“La región chaqueña es una de las más vulnerables en estos últimos 30 años. La amarilla es la categoría más importante en esa zona, donde hay que encontrar la compatibilidad entre producción y conservación, que es producir sin desmontar”, indicó Miñarro.
Superficie de bosque nativo por categoría
A pesar de que la legislación permitió “una pequeña disminución” en las tasas de deforestación, continúan con cifras “muy relevantes” desde hace 10 años, lo que denota que los procesos de deforestación en la Argentina son una problemática que debe ser atendida con “urgencia”.
En caso de que el uso del suelo continúe como en la actualidad, se perderán en 2028 casi 4 millones de hectáreas de bosques en la región chaqueña, una superficie equivalente a 200 veces la Ciudad de Buenos Aires, según un estudio presentado entre el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y la Fundación Vida Silvestre.
Miñarro consideró que de la Ley de Bosques está aprovechándose en “un potencial muy bajo. Hay una responsabilidad del Estado en hacer cumplir la Ley de Bosques Nativos pero también para empresas y los ciudadanos en respetarla y sumarse a las iniciativas sobre producción y conservación de esa región", consideró el referente Vida Silvestre.
“La inundación más grave de los últimos 30 años”
Juan José Zurita, técnico del INTA Sáenz Peña, Chaco, calificó a la actual, como la "inundación más grave de los últimos 30 años". El organismo estimó que "hay 2,2 millones de hectáreas afectadas" por los más de tres meses de lluvias, un fenómeno inusual para la altura del año. "Los pronósticos dicen que va a seguir lloviendo cuando en invierno no llueve. En julio, es habitual unos 15 milímetros mensuales pero no podemos asegurar que eso vaya a suceder”, advirtió.
La enorme superficie ocupada por el agua, la cantidad de productores afectados y la duración de las lluvias, que comenzaron en enero hasta estos últimos días cuando salió el sol, son los factores que, sumados, hacen que el fenómeno deba ser calificado como grave.
Es cierto que Chaco tiene períodos de inundación y sequías, pero este fenómeno es “inusual” debido a que algunas zonas, como Las Breñas, llovió “1.300 milímetros en cuatro meses, una cifra superior a la anual”, explicó Zurita a Crónica.
La zona afectada, conformada por localidades del sudeste chaqueño, era un territorio “dedicado a la ganadería caprina y ovina” pero en los últimos años se convirtió en “una zona agrícola donde predominan los cultivos de soja, maíz, algodón y sorgo”.
¿El desmonte afectó?. "No tenemos datos de escurrimiento pero sí tenemos de resistencia a la penetración, compactación del suelo y la densidad. Son todos parámetros que hemos medido y ayudan al escurrimiento. Nos confirman que hay un mayor escurrimiento superficial de las aguas”, indicó Zurita. Es decir, el agua de la lluvia no llega a infiltrarse a la tierra.
Otro factor es "el monocultivo sojero", ya que los productores no realizan las rotaciones y los suelos no recuperan los aportes orgánicos que necesitan. El técnico del INTA señaló que incluso aquellas zonas que no fueron desmontadas, su manejo “no fue el adecuado” en los últimos 25 años, lo que hizo que “el escurrimiento aumente en la zona”.
Suelos saturados de agua, la pérdida de nutrientes que posibilitan la cosecha y la germinación de granos de maíz o algodón en la misma planta son algunas de las postales que pueden verse en estos momentos en Chaco.
Un posible problema a futuro, que puede ser peor que la inundanción misma, es el proceso de salinización al cual tenderán algunos suelos de esa zona. El fenómeno se produce cuando los terrenos empiezan a secarse y, por efecto del descenso de las napas y la evaporación del agua, se genera un "manchoneo" que trae problemas a la productividad.
Entre las soluciones propuestas por el INTA se encuentran esperar la recuperación de los suelos que llevará varios meses, o bien, la fertilización. “Es cierto que pedirle a un productor que está endeudado, porque no cosechó ni puede pagar los insumos de la cosecha y la siembra anterior, fertilice no es lo más conveniente”, explicó Zurita.
Y agregó: "El agua quedó estancada en muchos lugares y los productores ven limitada su posibilidad de sembrar. Si no llueve, la recuperación de suelo podrá ser entre 3 o 4 meses. El Gobierno está realizando evaluaciones y se habla de un 40% de la producción afectada, pero es mucho más porque no hablamos sólo de pérdidas sino que disminuyó la calidad de los productos”.
En quiebra y estado crítico
A medida que bajan las aguas, quedan en la superficie todas las problemáticas que acarrea una inundación. “No hay cómo hacer frente a esta situación porque los productores están quebrados”, aseguró a Crónica el presidente de la Sociedad Rural Regional del Oeste Chaqueño, José Luis Schahovskoy.
Oriundo de Las Breñas, una de las localidades más afectadas, el productor explicó que la inundación es consecuencia de “la falta de trabajos de limpieza en los canales, a cargo de la Administración Provincial del Agua (APA)" del Chaco. Esos canales permiten que el agua escurra desde Santiago del Estero y pase por la región sudoeste hacia los Bajos Submeridionales al norte de Santa Fe.
Schahovskoy indicó que con las lluvias de noviembre del año pasado comenzaron los reclamos de los productores y el organismo asumió el compromiso de limpiar, pero “no lo hicieron”. De ese modo, las intensas precipitaciones de abril fueron el “golpe definitivo. Hay 13 departamentos afectados, concentrados al sudoeste de la provincia”, detalló el productor.
Por otro lado agregó que hay alrededor de "500 mil hectáreas" dedicadas a la producción agrícola afectadas de diferentes grados. Una de las pérdidas más lamentables es la producción de alfalfa, que alcanzó unas 12 mil hectáreas, una situación que será más evidente en invierno con las reservas de forraje.
Al declararse la emergencia, el Gobierno nacional destinó 135 millones de pesos para subsidiar a los productores y el provincial, otros 100 millones. Schahovskoy cuestionó la cifra por “insufienciente” y aseguró que “dejaron afuera a muchos productores que están en la informalidad. Este subsidio es un simple paliativo pero hay problemas a futuro, que llevará mucho tiempo solucionarlos y sobre todo, en la parte más productiva del Chaco", criticó.
“Es escasísimo el aporte provincial. Con un presupuesto de 82 mil millones, que ponga 100 millones para el sector productivo es una tomada de pelo. El 82% de ese presupuesto es bancado por coparticipación federal porque la Provincia tiene el cuarto mejor índice de coparticipación. Estamos relativamente beneficiados en este sentido pero no hay generocidad por parte del Gobierno provincial", indicó Schahovskoy.
“Es escasísimo el aporte provincial. Con un presupuesto de 82 mil millones, que ponga 100 millones para el sector productivo es una tomada de pelo".
Además, el productor apuntó a la "impericia" de la provincia, que quedó "demostrada con la falta de limpieza de los canales", una acción que iba a "descomprimir" la inundación. Hubo buen tiempo para hacerlo en época esquival pero faltó la voluntad.
Responsabilidades compartidas
Lo cierto es que, la Ley de Bosques contempla la creación de un Fondo Nacional para el Enriquecimiento y Conservación de los Bosques Nativos. Sin embargo, sólo el 5% llega a las provincias, según indicó Miñarro de Vida Silvestre. De ese modo, cada provincia cuenta con “mucho menos dinero de lo que deberían. Esto no es sólo responsabilidad del Estado nacional sino también de las provincias. Al debatir el presupuesto nacional de cada año en el Congreso, los diputados y senadores provinciales deben discutir para que el presupuesto de la Ley se cumpla y que se implemente en el territorio como corresponde”, afirmó.
La responsabilidad de las empresas, los productores y los ciudadanos radica en “cumplir la Ley” para “la conservación del bien común”, como son los bosques de la región chaqueña. Esta postura puede generar polémica entre quienes producen como principal ingreso económico pero Miñarro aclaró que la iniciativa de las organizaciones proteccionistas “no es contra la producción y a favor de la conservación”, sino concientizar sobre la importancia de “encontrar alternativas productivas que convivan con la diversidad del monte”.
"Al debatir el presupuesto nacional de cada año en el Congreso, los diputados y senadores provinciales deben discutir para que el presupuesto de la Ley se cumpla y que se implemente en el territorio como corresponde”
Fondo Nacional para el Enriquecimiento y la Conservación de Bosques Nativos
Para ello, el Fondo Nacional que recibe cada provincia por medio de la Ley es utilizado como compensación económica a aquellos productores de la zona, sobre todo las amarillas y rojas, por “el esfuerzo” de producir sustentablemente.
"A corto plazo, un productor podría tener ingresos más altos al producir soja que haciendo la actividad económica que mantenga al bosque en pie, pero es necesario una mirada a largo plazo y que el productor reciba este dinero por hacer las cosas bien. Si hago soja en un contexto de cambio climático, con fuertes lluvias e inundaciones, el productor terminará perdiendo su actividad y deberá pedir al Estado una compensación por emergencia, cuando hizo mal desde un comienzo al desmontar”, manifestó Miñarro.
Recuperar lo perdido
"El ecosistema natural está adaptado a la variabilidad de las condiciones climáticas”, sostuvo Miñarro. Los bosques funcionan como “esponjas” ante el exceso hídrico que producen las lluvias, lo que “permite disminuir el impacto de las inundaciones en las ciudades y otorga más oportunidades a la gente que habita en el territorio de los montes nativos”.
La deforestación indiscriminada no sólo reduce este servicio de los bosques sino que también impacta en “los beneficios que la sociedad puede recibir", señaló el referente. Algunos de ellos son los productos originarios de esa región, que son clave para las economías locales de campesinos y comunidades de pueblos originarios.
Un ejemplo es el algarrobo y su chaucha, la cual puede utilizarse como harina, un producto que adquirió mucha relevancia por las corrientes vegetarianas y veganas. A esto se suman la producción de miel, la industria maderera y el turismo de naturaleza, que atrae argentinos y extranjeros de todo el mundo a disfrutar del monte y su flora y fauna silvestre.
"Todos estos servicios se pierden cuando hay desmonte, pero va más allá: el valor cultural que tiene el territorio para la gente que vive allí. Cuando borras el monte, le quitás su vida y eso tiene un valor altísimo”, agregó Miñarro.
Al mismo tiempo, y como consecuencia de la deforestación, también la diversidad genética de distintas especies vegetales, que sirven de base para muchos medicamentos se ve afectada. El representante de Vida Silvestre explicó que “cada arbusto, pasto o yuyo tiene su uso medicinal”, herencia de los pueblos originarios e identificado y reconocido por investigadores del CONICET.
La reforestación es una posibilidad. Existe el Plan Nacional de Restauración de Bosques Nativos (PNRBN), que propone recuperar 20 mil hectáreas anuales para mitigar el cambio climático. “Es un tema que está en pañales en Argentina pero hay que ponerle muchos esfuerzos para empezar a recuperar las zonas degradadas y reconvertidas y sostener lo que no perdimos”, indicó Miñarro.
Pérdida total del bosque nativo por categoría
Sin embargo, hay regiones que probablemente sea "imposible” su recuperación porque hay especies nativas que ya desaparecieron. Lo perdido debe ser el nuevo impulso para este proceso de restauración de bosques.
“Necesitamos un gran diálogo en la región para sentarnos a discutir con urgencia, encontrar rápidamente el camino y sobre todo, acompañar a los actores del territorio, que comprenden mejor que nadie que pasa al monte y cuáles son las posibilidades”, concluyó el referente.

