La abuela Nelly usa su jubilación para ayudar a quienes más lo necesitan
Lejos de cesar su actividad por la pandemia de coronavirus, Nélida Muñoz decidió cocinar y entregar viandas para 130 personas que financia con sus haberes y la donación de algunos vecinos.
Por Mariano Cerrato
@MarianoDCerrato
"Pensar en los demás y dar al que más lo necesita hasta lo que no se tiene" es una frase que puede sonar recurrente un día como hoy, en las vísperas de la Nochebuena, pero que Nélida Muñoz cumplió al pie de la letra no solamente este 24 de diciembre, sino a lo largo de todos los meses de pandemia.
Oriunda de Bahía Blanca, Nelly lleva adelante desde comienzos de abril de este año el comedor “Abuela Nelly”, un espacio constituido en el garaje de su casa, desde el que desde una pequeña ventana reparte viandas para alrededor de 130 personas dos veces por semana, con el fin de “darles una mano”.
Con la mitad de su sueldo de jubilada destinado “a la comida”, Nelly entrega hasta lo que no tiene a la ayuda de quienes más lo necesitan, con “personas que vienen de distintos barrios, mucha gente mayor y familias sin trabajo”, a quienes todos los martes y jueves a la mañana recibe para ayudarlos.
Para esta Navidad, la mujer señaló en diálogo con “Crónica” que planea realizar budines, para que las familias que se acercan puedan tener en su mesa al recibir la Nochebuena, mientras planea “regalos para los chicos” que pasen por el lugar.
Ayudar como sea“Cuando comenzó la pandemia pensé en lo triste que es para la gente no poder trabajar, porque cuando mis hijos eran chicos pasamos con mi familia muchos momentos de necesidad y sentí que tenía que ayudar a la gente”, consideró Nelly, sobre el impulso que encontró para comenzar.
Para empezar, Nélida explicó que necesitó de la ayuda de sus nueve hijos para poder “comprar un mechero en cuotas, porque la cocina más chica no se podía hacer todo lo que había que cocinar”, en tanto detalló que contó con la colaboración de vecinos que le prestaron ollas.
El sitio elegido para arrancar a cocinar fue entonces su garaje que tenía en desuso, en donde durante las primeras semanas comenzó a preparar raciones “para 50 personas, pero a medida que pasó el tiempo cada vez más gente se fue acercando”.
“Cocino con lo que tengo gracias a la ayuda de amigos, que vienen con dos paquetes de fideos, puré de tomates, todo suma. Es un granito de arena que pone cada uno. Pensé que esto iba a ser algo que iba a durar un mes o dos, pero esta situación se fue extendiendo”, confiesa Nélida.
En ese sentido, la mujer de 55 años aclara que no recibe “ayuda estatal”, aunque sí recibió ayuda de los empleados de comercio de Bahía Blanca, que este mes la ayudaron con la provisión de “fideos y carnes enlatadas”, algo que, sin embargo, no le alcanza para cubrir todos los gastos. “Es todo a pulmón, a veces hasta me dan ganas de llorar porque no llego a hacer tanta comida, pero cuando no tengo para preparar, les armo un bolso con mercadería para que se lleven”, relata.
Dejarlo todo en la cocina“Hago medallones con carne y verdura, o mezclo. Si tengo lenteja, hiervo lenteja. También hago verdura y la mezclo con carne picada para hacer hamburguesas. He hecho pizzetas, tortas fritas, pan casero, todo a mano. Voy cocinando de acuerdo a lo que tengo, haciendo milagros”, explica Nelly.
Para ella, los días de cocina son casi de tiempo completo, ya que durante el año y cuando recibía a la gente durante la tarde, su jornada comenzaba “con la preparación a las 8 de la mañana” y finalizaba recién “a las 9 de la noche”, mientras que ahora está “desde la noche hasta las dos de la mañana” para luego levantarse “a las 6 de la mañana”.
“A las 8:30 de la mañana ya está esperando la gente afuera. Cambié el horario a la mañana porque sufro mucho del calor, soy hipertensa y tengo diabetes”, señala Nelly, quien agrega que “además hay gente que viene de lejos, que viene de otros barrios y no puede venir en medio de la tarde”.
La necesidad del puebloNelly reflexiona sobre la gente que recibe en el comedor y advierte que “hay mucha gente que hace más de un año está sin trabajo, que no reciben ninguna clase de ayuda”, por lo cual decidió tomar un rol que va más allá de la ayuda con la comida con algunas familias, que tiene que ver con su compromiso d recolectar donaciones.
"hay mucha gente que hace más de un año está sin trabajo", Nelly
“Una chica que estaba hace más de un año sin trabajo sufría de un gran estado de desesperación, con dos chicos a cargo. Estaba con depresión, porque no tenía ni para una sábana. Yo la ayudé consiguiendo una cucheta para los chicos, un colchón de dos plazas, sillas, mercadería, todo lo que se le pudiera hacerle llegar”, enfatiza.
Las colaboraciones para la gente además la pusieron a Nelly en un rol clave en su barrio, ya que frente a la situación de pandemia y con personas que se contagiaron de coronavirus durante los últimos meses, los ayudó “a alcanzarles mercadería, porque muchos no tenían un familiar cercano”.
“Yo les paso la dirección a la gente que quiere donar y que se lo lleven ellos, porque para mí cuanto más transparente sea todo, mejor”, remarca. Para esta Navidad, Nelly envía su deseo personal, que es que “la situación mejore y esperar en que todo va a cambiar”, mientras confiesa: “Yo me siento bien dando una mano, me llena el alma”.
Un corazón enorme para rescatar en estas fiestas. Una de las tantas heroínas anónimas que pasan para muchos desapercibidas, y son quienes hacen que vivir la vida para aquellos que menos tienen sea un lugar un poco mejor.
Regalitos para los más chicosNélida adelantó en diálogo con este medio lo que serán los preparativos para esta Nochebuena, en la cual entregará por la mañana budines caseros que estuvo realizando junto con sus hijos, y que irán destinados a la gente que se acerque a su casa. “Quiero darle algo a la gente para poder ayudar. También voy a preparar regalitos para los chicos. Recibo donaciones de juguetes y la idea es que cada uno tenga uno para Navidad”, resalta.
A lo largo del año, este tipo de ayuda se repitió durante el Día del Niño, fecha en que varios chicos bahienses pudieron tener algo con qué jugar en ese día tan especial, pero no es lo único que Nelly recibe para poder darle a la gente. “Las donaciones de ropa también recibo. Selecciono lo que está en mejores condiciones para poder usarse y cuando la gente pasa puede llevarse según sus necesidades”, señala la mujer.
Nacida para criarAbandonada por su madre a los 13 años y con cuatro hermanos menores de los cuales ella tuvo que hacerse cargo, la vida de Nélida nunca fue sencilla, e incluso ella lo define como “una vida triste, en el sentido de pasar siempre por necesidades”.
Hoy agradece su presente, con su sueldo de jubilada y su marido e hijos con trabajo, pero remarca que ha pasado por situaciones muy complejas que la marcaron para siempre y la llevaron a estar en la actualidad en un rol vinculado a la empatía y a la solidaridad por los demás.
“Cuando mis hijos eran chicos pasamos por muchas necesidades. Con mi marido llenábamos la panza con mate a la hora de la cena para que nuestros hijos pudieran comer. Por eso sé lo que es transitar por esa situación”, relata Nelly.
Durante su vida, pasó por momentos muy duros como el fallecimiento de una hija, pero se hizo fuerte de cada momento complicado. Hoy disfruta de sus 21 nietos, con el dolor del camino que le tocó atravesar, pero con una fortaleza inquebrantable, que la llevaron a ser un pilar clave en su ciudad.

