La fecha prevista es el 30 de julio. Para ese día, la NASA (Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio) tiene previsto volver a lanzar una nave al espacio. Se trata de la Starliner, diseñada por la firma Boeing, fabricante de buena parte de los aviones comerciales en actividad.

La misión será un ensayo para el objetivo final de enviar una tripulación a la Estación Internacional Espacial. Tanto Boeing como SpaceX, la firma del millonario Elon Musk, compiten por conseguir que la NASA utilice sus naves.

La nave tras su aterrizaje en Nueva México, en un vuelo de prueba realizado en 2019 (gentileza France 24)

La Starliner está diseñada para transportar a siete pasajeros, aunque del vuelo a la Estación Internacional solamente participarán cuatro. Cuenta con software especializado, wi-fi (Internet inalámbrica) y tecnología de una tablet para la interfase de la tripulación. Posee un sistema de acoplamiento autónomo, lo que facilitará su conexión con la Estación.

La cápsula fue equipada con un sistema de paracaídas y airbags, lo que facilitará el regreso de los astronautas, que podrán llegar a tierra firme y no deberán terminar su periplo en el océano. Además podrá ser reutilizada hasta diez veces, con un intervalo de seis meses entre cada misión.

La nave había sido probada a fines de 2019, pero el vuelo resultó un fracaso ya que no consiguió acoplarse a la Estación, por lo que debió regresar a la Tierra sin cumplir su propósito.

Si la prueba no tripulada resulta exitosa, el paso siguiente será el envío de astronautas. Barry Wilmore y Mike Fincke, quienes estuvieron a cargo de las simulaciones, están confirmados, mientras que Nicole Mann aportará la cuota femenina en el espacio.