Médicos brasileños dieron a conocer el caso del primer bebé gestado en un útero trasplantado por una donante cadavérica. El hecho, que marcó un antes y un después en la historia de la medicina, generó una gran repercusión en el mundo y podría ser una nueva alternativa para las mujeres con problemas de fertilidad.

El nacimiento se produjo en el Hospital de Clínicas de San Pablo hace casi un año, aunque la noticia no había transcendido. Aunque los órganos de origen cadavérico suponen un desafío mayor para los especialistas, ya se habían intentado otros diez trasplantes de útero de igual procedencia en Estados Unidos, República Checa y Turquía, pero ninguno de ellos logró llevar el embarazo a término.

La beba nació hace un año en un hospital de San Pablo.

La mujer que recibió el útero tiene 34 años y ya había realizado una fertilización in vitro, debido a que padece el síndrome de Mayer-Rokitansky-Küster-Hauser (MRKH), una patología que afecta a una de cada 4.500 mujeres en el mundo.

"Este síndrome se produce cuando hay una alteración en la formación del útero y las trompas en las mujeres, causando el subdesarrollo de los dos tercios superiores de la vagina", le explicó a CrónicaFlorencia Salort, médica ginecóloga del Hospital Italiano.

El procedimiento

En la intervención que duró casi 11 horas, los cirujanos retiraron el útero de la donante y lo implantaron a la receptora, conectándolo con vasos sanguíneos, ligamentos y otros tejidos circundantes.

"La cirugía con una donante viva puede llevar más tiempo pero además requiere de una donante sana, sin historial de cáncer previo, una edad que justifique la decisión de no tener más hijos (existen casos en otros países de donantes de 50 o hasta 60 años), y tiene que ser beneficioso para la receptora. De hecho se recomienda que sea entre familiares para reducir la posibilidad de rechazo del órgano", comentó Salort.

En el caso de Brasil, el órgano había sido extraído de una persona de 45 años, que había muerto de una hemorragia cerebral.

Luego de 35 semanas de gestación, la beba nació por cesárea el 15 de diciembre del año pasado, con 2,55 kilos de peso y 45 centímetros de longitud. Además, en la misma intervención, se retiró el útero implantado a la paciente sin que se presentara ninguna complicación.

En tanto, los médicos que realizaron la intervención la definieron como "una prueba de concepto", que demuestra que la estrategia es efectiva y ofrece "una nueva alternativa a las mujeres con infertilidad uterina para que puedan cumplir el deseo de llevar a término sus propios embarazos".