Descuartizó a su familia, y le envió mensajes a sus amigos: “Sólo huelo a sangre y eso que me he duchado"
Un ciudadano brasileño de 19 años asesinó a sus tíos y a sus primos de 4 y un año en España. Si bien había huellas no estaban registradas en ese país. Pero los archivos enviados lo comprometieron. Confesó. Se hizo un documental.
Patrick Nogueira, de 19 años, estaba viviendo en la casa de sus tíos en España. El 17 de agosto de 2016 mató a sus tíos y sus dos primos, de uno y tres años. Mientras cometía los crímenes, envió mensajes, fotos y grabaciones por Whatsapp a sus amigos en Brasil de donde es oriundo.
El documental “No se lo digas a nadie” relata el cuádruple asesinato y fue estrenado por Atresplayer Premium (ATRESMEDIA).
Esa tarde Nogueira, desde Pioz, un pueblo de cinco mil habitantes en Guadalajara, España, mantuvo un intercambio de mensajes con su amigo Marvin que estaba en Altamira, Brasil.
Le envió las fotos del frente de una casa, el chalet de sus tíos, con los que había vivido hasta que lo echaron. Acaba de cometer un triple crimen. Estaba por cometer el cuarto. Sólo tiene que esperar que llegue la víctima.
-Tarda mucho tu tío en llegar – escribe Marvin desde Brasil.
-No es eso – le responde Patrick- Si llegase a las 18.00 yo me iría de aquí a las 20.30. Pero está bien. Pero va a llegar las 21
-Espera ahí, no importa.
-Siempre trabajé la paciencia. Solo que hay una cosa. Si después me quiero librar y soy detenido, allí me violarían treinta veces. Y después me apagarían una vela en el culo.
-Jajajajajajaja.
-Si me detuvieran aquí, no importaría.
-Asesino de bebé del caray.
-Ni llamaba. Iba a quedar en una celda solo para mí. Viendo la TV hasta los ochenta años. Al menos mi tío es más ligero que su mujer. Mujer gorda de la porra – escribe Patrick.
-Yo creía que era un hombre – dice Marvin.
Nogueira Gouveia, quería ser futbolista profesional y esa mañana salió del departamento en Alcalá de Henares y viajó en ómnibus hasta Pioz, a la casa de sus tíos Marcos Campos y Janaína Santos, de 40 y 39 años.
Al llegar Janaína lo invitó a comer mientras Carolina de tres años y David de uno jugaban en el living. Después del almuerzo, mientras la tía lavaba los platos, Patrick se le acercó por detrás y la apuñaló en el cuello. La mujer murió sobre el piso de la cocina.
Mientras agonizaba, Patrick fue hasta el living y degolló también a los dos chicos. Se sacó la camisa con la sangre de los tres, tomó fotos de los cuerpos y se sacó una selfie de su torso ensangrentado. También grabó una recorrida por la casa, mostrando los cuerpos.
Fue descuartizando los cadáveres y metió los trozos en bolsas de residuos, que dejó ocultas en un rincón. Limpió los pisos de la cocina y del living donde había sangre. No quería su tío viera algo que lo pusiera alerta.
Cuando terminó, salió al porche, sacó las fotos del frente del chalet, y mantuvo la conversación por WhatsApp con su amigo Marvin Henríquez. El tío llegó alrededor de las nueve de la noche. El hombre entró y se topó con Patrick,que lo degolló. También descuartizó el cadáver, metió los trozos en bolsas de residuos y las puso junto a las otras. Volvió a limpiar el piso y sacó más fotos.
Se fue a bañar y se acostó a dormir. A la mañana siguiente salió temprano de la casa, cerró la puerta con llave, y regresó a Alcalá de Henares.
Reformateó su teléfono para borrar todo rastro de las fotos y de los mensajes. Pero esso no alcanza si el teléfono es analizado por peritos, ni tampoco que su amigo Marvin y otra amiga brasileña guardarían sus comunicaciones.
Estaba en España porque quería jugar al fútbol allí, pero también porque sus padres, dos prestigiosos médicos dueños de una clínica de radiología en Altamira, habían querido estar lejos de él.
A los 16 años, el profesor de Biología le puso una mala nota en un examen. Patrick lo apuñaló en el cuello y después en el vientre con un cuchillo tramontina. El profesor sobrevivió. Patrick quedó grabado por una cámara de seguridad. En el interrogatorio, la policía le preguntó:
-¿Por qué lo atacaste?
-Le quise dar un susto – respondió.
Fue acusado de tentativa de homicidio e internado en un centro para menores en Santarém, pero 45 días después salió en libertad. La familia se mudó a la localidad de João Pessoa, donde Patrick vivió hasta que sus padres les pidieron a los tíos que lo alojaran.
Marcos y Janaína sabían que su sobrino era problemático, pero de todos modos aceptaron recibirlo. Después un tiempo, la relación de Patrick con sus tíos empezó a ir de mal. “Yo ayudaba a mi tío fregando, para tener dinero con que comprar comida. Es un ser ruin. Me quedaban unos seiscientos cincuenta euros que me pidió como pago de mi estancia”, escribió cuando lo echaron.
Pero eso no era verdad, sus padres le enviaban 5.000 euros por mes para sus gastos.
Un mes después de los asesinatos los vecinos se alarmaron por un olor nauseabundo en el chalet. En el trabajo de Marcos tampoco hubo preocupación por su ausencia, pensaron que se había ido a Brasil sin aviso.
Hallazago de los cuerposCuando se descubrieron los cadáveres, los investigadores de la policía pensaron que se trataba de un ajuste de cuentas. En la escena del crimen y en las bolsas de residuos encontraron huellas dactilares de una persona que no formaba parte de la familia. No pudieron identificarlas porque no figuraban en los registros españoles.
Cuando la noticia de la familia asesinada y descuartizada salió en todos los medios, Patrick decidió que debía volver a Brasil, un país muy reacio para permitir la extradición de sus ciudadanos.
La noticia hizo entrar en crisis a una de sus amigas brasileñas que había recibido sus mensajes. El día del cuádruple crimen, el asesino se los envío a otros amigos brasileños, entre ellos a una joven llamada Jordana, menor de edad. Los guardó, sin decirle nada a nadie.
Cuando se enteró del cuádruple crimen de la familia Campos, a la que los medios españoles ya habían bautizado como “los descuartizados de Pioz”, decidió mostrarle el contenido de su teléfono a la madre. Fueron a hacer la denuncia.
La policía brasileña avisó a la española. Brasil no tiene tratado de extradición con España. La situación se solucionó cuando una delegación de la guardia Civil española, que viajó para entrevistarse con la familia de Patrick y convenció a la hermana mayor del asesino y abogada que lo más conveniente era que fuera juzgado en España.
Poco más de dos meses después del crimen y a menos de treinta días de la huida del asesino a Brasil, Patrick volvió a España y confesó con toda frialdad sus crímenes.
La justicia brasileña tomó declararción a su amigo, Marvin Henríquez, que entregó todos los mensajes de su celular.
Las pruebas fueron enviadas a la justicia española, que por su parte peritó el Iphone reformateado de Patrick. Los peritos pudieron recuperar 5.848 registros en el historial de Internet, 1.631 elementos buscados, 54 contactos, 77 llamadas, 24 conversaciones, 15 por WhatsApp, 73 ubicaciones, 36 notas, 58 SMS, 600 audios, 66 vídeos y 2.676 imágenes, entre ellas las de la masacre.
Las autoridade sostuvieron que Nogueira habría cometido el asesinato de sus tíos y primos de forma “secuencial”, es decir, el sospechoso no se enfrentó a todos los miembros de la familia a la vez porque uno de ellos, el padre, no estaba en casa. Los peritos dertminaron que era un “narcisista, egoísta, con falta de apego hacia la vida humana”.
La Audiencia Provincial de Guadalajara condenó en primera instancia a Nogueira a tres condenas de prisión permanente revisable más una condena de 25 años de prisión por asesinato con alevosía.
“He dudado de mí mismo, pensé que me daría asco. Pero me convencí de una cosa. Soy un enfermo de verdad”, dijo cuando declaró ante el tribunal.
Durante el alegato de la acusación fue leído uno de sus mensajes: “Solo huelo a sangre, y eso que me he duchado”.

