La policía de París reprimió este sábado con gases lacrimógenos y camiones hidrantes y detuvo a decenas de "chalecos amarillos" que provocaron desmanes en el marco de una jornada nacional de protestas en el primer aniversario del surgimiento del movimiento antigubernamental.

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En el marco de un fuerte despliegue de seguridad en la capital francesa y sus alrededores, la policía intervino cuando un grupo de exaltados intentó romper ventanas e ingresar a un centro comercial, en una súbita escalada de uno de los mayores desafíos que enfrenta el presidente Emmanuel Macron.

Los manifestantes respondieron arrojando piedras contra los oficiales y prendieron fuego tachos de basura, motos, autos, paradas de colectivos y causaron otros destrozos en la Plaza de Italia, en el sureste de la ciudad, informó la agencia de noticias EFE.

En una conferencia de prensa, el prefecto de la Policía Didier Lallement precisó que 61 manifestantes fueron detenidos y advirtió que se iban a analizar las imágenes de las cámaras para arrestar a otras personas implicadas en los altercados.

Lallement instó a los manifestantes pacíficos que seguían en la zona de la plaza a salir rápidamente de ahí porque la respuesta sería "muy firme".

Agregó que la policía multó a 71 personas por intentar manifestarse en lugares que no estaban autorizados, como la avenida de los Campos Elíseos y los alrededores de la catedral de Notre Dame, de la Asamblea Nacional y de la torre Eiffel, entre otros lugares sensibles.

Fuertes disturbios en las calles de París (AFP)

Las estaciones de subte de la zona donde tenían lugar las manifestaciones no permitidas fueron cerradas esta mañana por pedido de las autoridades a la compañía de transporte metropolitano.

El prefecto de la Policía subrayó que pese a que las imágenes de los destrozos eran "espectaculares", los daños materiales habían sido limitados.

Otras manifestaciones fueron convocadas para este fin de semana en unas 200 ciudades francesas, entre ellas Burdeos, Lille, Lyon, Marsella, Nantes y Toulouse.

Un periodista resultó herido.

Las autoridades desestimaron la magnitud del número de protestas del fin de semana, aunque el ministro del Interior, Laurent Nunez, admitió que para esta ocasión, el despliegue es mayor al de las semanas previas.

Las figuras más conocidas del movimiento admiten que el número de personas que protesta se ha reducido, pero subrayan que las autoridades aun no han respondido a sus demandas.

"No deberíamos necesitar estar en la calle un año después", señaló Priscillia Ludosky, una empresaria cuya petición en línea contra los altos precios del combustible dio impulso al movimiento.

Sigue la tensión en Francia.

Los chalecos amarillos, llamados así por la prenda que todos los conductores franceses deben llevar en sus autos, representaron quizás el mayor desafío para Macron desde que llegó al poder en 2017.

En sus manifestaciones han acusado a Macron de no escuchar los reclamos de la gente mientras se embarca en un programa destinado a modernizar el país.

Por otro lado, el 5 de diciembre, Macron enfrentará otra enorme prueba de fuego en las calles en una huelga convocada por los sindicatos en contra de la reforma previsional prevista por un gobierno que ya ha logrado flexibilizar el mercado laboral por decreto.

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