A veces detrás de un rostro de apariencia amable o de pacífica inocencia, se esconde un alma criminal capaz de llevar a cabo sus ilícitos por conveniencia, como el caso de Dorothea Hehen Gray, más tarde conocida como Dorothea Puente, la dulce abuela de la "casa de la muerte", a quien se le comprobaron al menos 9 asesinatos y otros 6 que quedaron sin resolver.

Nacido en plena época de la "depresión estadounidense" en el estado de California, Dorothea tuvo una comienzo difícil en su vida, ya que sus padres (Jesse Gray y Trudy Yates) eran alcohólicos y a los 9 años ya había quedado huérfana, ya que su padre murió en 1937 de tuberculosis cuando tenía 8 años, y su madre al año siguiente por un accidente de tránsito.

Tras estos episodios, la niña fue enviada a un orfanato donde sufrió diversos abusos sexuales, hasta que a los 16 años, tras irse de ese sitio y poder vivir con otros familiares en la ciudad de Fresno, conoció a un joven soldado (Fred McFaul) que había servido a su país en la Segunda Guerra Mundial en el Océano Pacífico, y se casó con él cuando tenía 16 años. Para 1948, Dorothea era madre de dos niñas pero nunca quiso ser madre, por lo que una fue dada en adopción y la otra se fue a vivir con familiares en Sacramento. Esta situación hizo que su esposo la abandonara y alegara a todos que había muerto de un ataque al corazón.

Dorothea Puente: una joven reclusa

En esa época y con mucha ambición por el dinero, Dorothea estuvo un año en prisión por falsificar cheques, aunque estuvo sólo seis meses en la cárcel debido a que logró la libertad condicional, y en ese instante, tuvo a su tercera hija con un desconocido, que también dió en adopción más tarde. Para seguir con su cadena de amoríos, en 1952 se casó con Axel Johanson, un joven sueco con el que estuvo varios años.

La "casa del terror" donde ocurrieron las muertes (Archivo).

Con el ingreso de la década del 60 los problemas continuaron para la joven Dorothea Gray, ya que fue otra vez arrestada y encarcelada por tres meses, por dirigir un prostíbulo en Sacramento, y a esto se le agregaron tres meses más en la cárcel por vagabundear por las calles de la ciudad.

Objetivo: pensiones de ancianos

Sin un rumbo fijo y un pasado avergonzante, la mujer encontró trabajo como auxiliar de enfermería y cuidaba de ancianos y personas discapacitadas en sus casas particulares, dando el puntapié inicial a otra etapa delictiva en su vida: administraba de forma fraudulenta sus pensiones.

El amor con el sueco Johanson terminó en 1966 y otro hombre se acercó a su vida: Roberto Puente, de casi 20 años menos que ella y con quien se casó en la Ciudad de México, pero el matrimonio sólo duró dos años.

Si bien le fue mal en el amor tuvo su recompensa por otro lado, es que Dorothea se hizo cargo del cuidado de un edificio de tres pisos con 16 departamentos (ubicado sobre la calle 2.100 F) en la ciudad de Sacramento, y alquiló un departamento a escasas cuadras de este lugar.

Dorothea Puente: cuarto matrimonio

En 1974 se casó por cuarta vez con un hombre llamado Pedro Montalvo, un sujeto sumido en la bebida y como era de esperar, ese matrimonio duró unos pocos meses. Con el divorcio en mano y el objetivo de lograr acomodar su situación social, esta mujer comenzó a deambular por bares de poca monta buscando hombres grandes que recibían ayuda social, y el objetivo era más que claro: seducirlos, falsificar sus firmas y robarles dinero.

Sin embargo, su carrera de falsificadora duró hasta ser descubierta por las autoridades y condenada por 34 delitos de fraude a dos años y medio de condena, pero con libertad condicional.

Algunas de las víctimas de Dorothea Puente (Archivo).

Tras recuperar su libertad volvió al lugar donde alquilaba de manera personal (calle 1426 F) y aquí montó su propia pensión para recibir ancianos o personas con problemas psicológicos, y en este nuevo rol llegó a mostrar dos caras, por un lado era amable y generosa con los pensionados y por otra, posesiva y con ambición de dinero, ya que según datos policiales de aquella época, Dorothea Puente se quedaba con 5.000 dólares al mes por cuidar a sus inquilinos, pero a historia se le agregaron también las muertes.

Primera víctima de la "abuela"

En abril de 1982, una amiga de Puente, Ruth Monroe (61) se fue a vivir con ella y de pronto, fue encontrada muerta por una sobredosis (codeína y Tylenol). Ante la investigación policial Dorothea le dijo que su amiga "estaba deprimida" porque su marido tenía una enfermedad terminal, y por ende, el caso se cerró y se pensó que la situación se debió a un suicidio.

Hoy la "casa del terror" se transformó en un museo (Archivo).

Tiempo más tarde, Puente fue denunciada por Malcolm McKenzie (74), quien era un pensionista que le manifestó a la policía "haber sido drogado y robado" por la mujer, quien otra vez volvió a la cárcel acusada por tres cargos de robo. Sin perder tiempo y mientras era una reclusa, se "hizo amiga" de un hombre de 77 años (Everson Gillmouth) a través de cartas, y luego se ser dejada en libertad en 1985, se reencontró con su amor con ánimos de casarse.

La confianza del septuagenario para con Puente era tan grande, que abrió una cuenta en un banco donde depositaba 600 dólares para pagar el alquiler de la casa, aunque misteriosamente, el hombre desapareció de un día para el otro.

Conmoción en el barrio por los olores nauseabundos (Archivo).

A todo esto, Dorothea contrató a Ismael Florez para realizar tareas de mantenimiento en la pensión e instalar paneles de madera en su departamento, y como pago le dio la camioneta Ford Pick Up roja de su "novio", quien ya no la necesitaba.

Mientras ambos iban en la camioneta hacia un depósito de almacenamiento que quedaba a unos kilómetros, la asesina le pidió al sujeto que arrojara la caja que lleva en la cual supuestamente, sólo había basura, por lo que Florez le creyó y lo hizo. Sin embargo, en enero de 1986 un pescador vió la caja cerca de la orilla del río y llamó a la policía. Cuando lo abrieron se encontraron con un cuerpo en alto estado de descomposición, que tras tres años finalmente se confirmó que era el de Everson Gillmouth. Mientras tanto, Dorothea le decía a la familia de su novio que estaba enfermo y no los podía ver, y por supuesto seguía cobrando la pensión del mismo.

Más pacientes, más dinero

A todo esto el tiempo pasaba, y Dorothea seguía aceptando nuevos inquilinos, entre ellos drogadictos, ancianos y enfermos mentales, lo cual no sólo engrosaban su billetera sino que se ganaba el respeto de los servicios sociales de Sacramento, que venían "la buena acción" de esta mujer pero desconocían el oscuro objetivo que perseguía.

Para ampliar más su horizonte de ambición, la "abuela asesina" le pidió a un sujeto que los pensionados nombraron como "Jefe", que cavara en el suelo del sótano y tirar la basura lejos, pero tras culminar el sótano cubierto con la losa de hormigón, esta persona desapareció.

Macabro hallazgo de varios cuerpos en la casa (Archivo).

En 1988 comenzó la debacle de Dorothea Puente, ya que tras la misteriosa desaparición de Álvaro Montoya (esquizofrénico con discapacidades) y los constantes olores hediondos que provenían de la propiedad, los vecinos denunciaron el hecho a la policía, que realizaron rastrillaje en el lugar y con el detective John Cabrera a la cabeza descubrieron algo espeluznante: un hueso humano que estaba enterrado en el terreno (perteneciente a Leona Carpenter de 78 años), carne seca, pedazos de tela y otro siete cadáveres.

Puente se mostró sorprendida ante las preguntas de la policía, que al principio no creían que fuera sospechosa, y esto derivó en que la mujer se escape de manera silenciosa rumbo a Los Ángeles, lugar donde quiso seducir a Charles Willgues con el falso nombre de Donna Johanson.

La anciana fue detenida en la ciudad de Los Ángeles (Archivo).

Sin embargo, el jubilado al ver la televisión y el rostro de la asesina, llamó a la policía y ésta la detuvo en la ciudad de Los Ángeles, para luego devolverla a Sacramento para ser indagada por la justicia.

Modus operandi de la asesina

Cabe destacar, que el modus operandi era recibir las cartas de sus pensionados con sus cheques, falsificarlos y quedarse con su dinero, mientras elimina a aquellos que pudieran complicarla, enterrándolos en el jardín, lo mismo que hizo con su "último novio".

La pala, una de las pruebas del delito (Archivo).

El juicio se llevó a cabo en el condado de Monterrey en octubre de 1992 y tuvo un año de duración, tiempo en que el juez John O Mara llamó a más de 100 testigos y se supo que Puente utilizaba flurazepam para dormir a sus inquilinos, ésto les causaba la muerte y luego mandaba a cavar pozos para luego enterrarlos.

Dorothea Puente: condena y muerte

Durante un mes el jurado deliberó su situación y en diciembre de ese año, Dorothea Puente fue condenada a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional, por al menos tres asesinatos, dos por primer grado con "circunstancias especiales" y otro por asesinato en segundo grado.

Dorothea Puente fue condenada a cadena perpetua (Archivo).

Dorothea fue enviada a la Penitenciaría Central de Mujeres de California en la ciudad de Chowchilla, donde siempre mantuvo su inocencia y murió de causas naturales el 27 de marzo de 2011.

POR G.A.