Monseñor Oscar Ojea es la humildad que camina. Es un hombre de Dios. Presidente de la Comisión Episcopal Argentina, no se la cree. En esta misa de Luján, que desbordó de fieles, que acompañaron la oración por la paz, en el preciso instante en que Francisco lo hacía en Roma, Oscar Ojea bajó del altar y fue un pastor más de quienes dan la comunión. Le gusta, como a Bergoglio, trabajar de cura.

"Monseñor Ojea, usted nos dijo que en relación con la guerra Rusia-Ucrania que el trabajo del Papa para el cese del fuego es un trabajo titánico", le dijo cronica.com.ar.

"Mire, el primer gesto fue enviar a su secretario de Estado, Pietro Parolin, para ofrecerse a mediar el 24 de febrero. Al día siguiente fue en persona a la embajada rusa ante el Vaticano para expresar su preocupación por la guerra. Pidió que se evite lo que llamó la locura de una nueva guerra".

- Más allá de las enseñanzas de los Evangelios y de la Iglesia y de haber vivido en un país de graves conflictos sociales y dictaduras militares, ¿por qué Bergoglio siente con tanta intensidad que todas las guerras son una locura?

-Efectivamente, así lo siente y así lo demuestra en cada Ángelus y catequesis. Hace una toma de conciencia para la humanidad. Yo recuerdo haberle oído relatar que, durante su infancia, su abuelo, que emigró de la guerra, le transmitió desde su propia experiencia los horrores de la Segunda Guerra Mundial que vivió en Italia y su experiencia cuando junto con su familia tuvo que emigrar. Por eso -digo yo-, uno de los primeros actos de su gestión como Papa fue ocuparse de los migrantes y visitar Lampedusa y llamar la atención del mundo sobre estos semejantes suficientes.

 

 

"Pero, además -prosiguió diciendo Ojea-, el Papa estableció contacto con el arzobispo de Kiev, Sviatoslav Shevchuk, a quien le hizo llegar su solidaridad con la lucha del pueblo ucraniano. Cuando logró comunicarse con el patriarca Kirill, el ruso, comenzó el dialogo con la Iglesia rusa. Estamos hablando de pueblos profundamente religiosos, de la Iglesia Ordodoxa-Católica. Pero, además, Francisco a cada momento está pendiente de descubrir acciones, por todos los medios que puede para detener la guerra. Desde donde quiera que sea, se trata de detener el martirio del pueblo ucraniano. La masacre. La muerte de los rusos que ya no regresarán a su patria porque perecen. Ucrania, a través de su embajador en el Vaticano, pidió la mediación del Papa, y él está dispuesto a llevar a cabo esa misión, si la acepta el gobierno ruso, claro.

-Pero... el Papa ¿está con Ucrania o está con Rusia? ¿Por qué no condena la invasión rusa?

-El Papa es un militante infatigable de la paz y, si Dios quiere que sea un mediador entre Rusia y Ucrania, no puede comenzar por condenar a Putin y absolver a Zerenski o condenar a este y justificar al presidente ruso. Sería desnaturalizar de antemano su sagrada misión de promover el diálogo para una paz justa. Es un trabajador inagotable. Muchos gestos de él serán imborrables en la memoria popular, como el oasis que significó su presencia en San Pedro durante la pandemia.

-En la Argentina, hay periodistas que insisten, incluso desde las portadas de los diarios, en que el Papa tiene que ir a Ucrania y condenar a Putin...

-Yo no soy periodista, pero como pastor en relación con ese "consejo" diría que lo hacen por la ignorancia de no comprender o saber que un mediador no puede ir contra una de las partes, porque es inadmisible.

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