"Señor, vergüenza porque tantas personas, y también algunos de tus ministros, se dejaron engañar por la ambición y por la vanagloria perdiendo su dignidad y su primer amor”, dijo el pontífice al celebrar la tradicional Via Crucis, sexta ceremonia pascual como pontífice.

Se trata de “la vergüenza porque nuestras generaciones están dejando a los jóvenes un mundo fracturado por las divisiones y las guerras; un mundo devorado por el egoísmo en el que los jóvenes, los pequeños, los enfermos, los ancianos, son marginados”, lamentó.

En un año en el que todas las actividades vaticanas estarán atravesadas por el Sínodo dedicado a la juventud que se hará en octubre, las meditaciones para el Via Crucis de esta noche fueron escritas por un grupo de 15 jóvenes de una escuela pública italiana.

En las 14 meditaciones, los autores coordinados por el Profesor Andrea Monda imaginaron ser testigos oculares de la Pasión de Cristo y plantearon sus interrogantes sobre el mundo en el que viven. 

La inclusión juvenil no fue algo inédito en el Vaticano: en 2013, antes de renunciar, el papa Benedicto XVI pidió a jóvenes libaneses que expresaran en los textos las ansiedades y expectativas de los pueblos de Medio Oriente.

Bergoglio llegó al Coliseo apenas pasadas las 16 hora argentina (21 de Roma), donde fue recibido por la alcaldesa local Virginia Raggi y una multitud de más de 20.000 personas, informó el Vaticano.

Los asistentes soportaron estrictos controles policiales por el peligro de un ataque en la capital, que incluyeron vigilancia del Ejército y cierre de estaciones de subte cercanas.

En ese contexto,  de frente a uno de los símbolos de la capital italiana, Francisco se refirió también a las “esperanzas” del mundo.

"La esperanza -reivindicó- porque tantos misioneros y misioneras continúan, todavía hoy, desafiando la adormecida conciencia de la humanidad, arriesgando la vida para servir a los pobres, los descartados, los inmigrantes, los invisibles, los explotados, los enfermos y los presos”. 

En la undécima estación, las meditaciones tocaron temas universales para la juventud, como “el mundo de Internet”.

Las celebraciones comenzaron en la basílica de San Pedro, donde, postrado tres minutos en silencio en el piso, Francisco celebró la primera parte de los oficios religiosos del Viernes Santo.

En una imagen que ha vuelto clásica en sus seis semanas santas como pontífice, Jorge Bergoglio se recostó en soledad en la nave mayor de la Basílica más grande del mundo para adentrarse en la oración que según la tradición cristiana refiere la muerte de Cristo.

La denominada “celebración del señor” se caracteriza porque el Papa no predica sino que se limita a escuchar la homilía del predicador de la Casa Pontificia, Raniero Cantalamessa, un capuchino de 83 años.

En una basílica que sin adornos ni luces quiere recordar que el el Viernes Santo es momento de humildad, de examen y de pedir perdón por los pecados propios, Cantalamessa dedicó su homilía a las nuevas generaciones religiosas: “Queridos jóvenes cristianos, si se le permite a un anciano como Juan dirigirse directamente a ustedes, los exhorto: ¡Sean de los que toman la dirección opuesta!”, animó.

"¡Tengan la valentía de ir contra corriente! La dirección opuesta, para nosotros, no es un lugar, es una persona, es Jesús, nuestro amigo y redentor”, finalizó.

Nombrado predicador de la Casa Pontifica en 1980 por san Juan Pablo II, Cantalamessa lleva 28 años predicando ante los papas en la ceremonia inspirada en la pasión y muerte de Jesús.