Gabrielle Myers (29), oriunda de Indiana, Estados Unidos, se quedó sin nariz y sin dientes cuando fue atacada por el pitbull de un amigo. Para reconstruir su cara, tuvo que ser sometida a siete operaciones y soportar por dos años que extraños  la miraran con espanto.

A pesar de lo ocurrido ella confesó que todavía ama a los perros, hasta incluso trabaja en una tienda de mascotas. Gabrielle le contó a "Fabulous Digital" cómo sucedió la tragedia: "Mi amigo me invitó a una fiesta en la casa y yo no podía esperar para conocer a su nuevo pitbull americano".

"Cuando llegué a la fiesta el 11 de junio de 2017, me dirigí directamente hacia los perros, como solía hacer. Clyde (el can) saltó hacia mí y antes de que pudiera alejarme su enorme boca abierta vino hacia mi cara", detalló. 

Caine era un perro enorme. Gabrielle describió la terrible escena: "Sus dientes se apoderaron de mi cara, agarrándome de la frente hasta la barbilla. Grité tan fuerte como pude y, sorprendido, él me soltó. Pero para entonces, el terrible daño ya estaba hecho. Cuando me llevé las manos a la cara, me di cuenta de un enorme agujero donde antes estaba mi nariz".

"Pensé que iba a morir".

"Había sangre por todas partes. Al escuchar mis gritos, mis amigos entraron corriendo a la habitación. Mis ojos estaban borrosos por toda la sangre que brotaba de mi cara. Pensé que iba a morir, pero mis amigos trataron de tranquilizarme para que pudiera salir adelante. Mis heridas fueron tan graves que me llevaron en avión al Hospital de San Vicente, Indianápolis".

Debido a que Gabrielle había tomado alcohol, no pudieron ponerla bajo anestesia general para la cirugía de emergencia, lo que le generó más pánico. Al final, la pusieron en coma inducido por drogas después de la cirugía, para calmarla y permitirle que su cuerpo comenzara a sanar.

"Dos días después, me desperté y encontré a mi hermana Rachel conmigo. Fue un alivio verla y darme cuenta de que había sobrevivido al ataque del perro". Los médicos tuvieron una noticia terrible para Gabrielle cuando se levantó: no pudieron volver a colocarle la nariz porque la sangre no fluía hacia ella.

Durante días, le cubrieron la cabeza con vendas y ella no dejaba de llorar. "En ese momento, deseé estar muerta. No podía empezar a imaginar cómo sería la vida para mí. Me sentía tan deprimida que no quería ver a nadie, pero de alguna manera, encontré la voluntad de vivir". Durante meses apenas salió de su casa, ya que se sentía discriminada. 

De a poco recuperó su fuerza y se acostumbró a limpiar sus heridas todos los días. La víctima contó que tuvo mucho asesoramiento para aceptar lo que sucedió. Pero al final, fue el amor de sus perros Mo y Chevy lo que la salvó. "Tenía la obligación de levantarme por la mañana y cuidar de ellos. Mis perros me dieron un propósito. Siento que me rescataron de mí misma".

Sus perros Mo y Chevy 
Ahora trabaja en una tienda de animales. 

Ahora trabaja en una tienda de mascotas y le encanta. Reconoció que está feliz y más segura que nunca.

Ahora está feliz en su propia piel.

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