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León XIV inició su papado y recordó a Francisco: "Nos sentimos como ovejas sin pastor"

En su primera homilía como papa, León XIV homenajeó a Francisco con palabras de gratitud y dolor por su partida. Emocionado, llamó a renovar la Iglesia desde el amor, con apertura al mundo y atención a los más humildes.

Con una frase que conmovió a los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro, León XIV dio inicio a su pontificado con una misa de entronización en la que aludió al vacío que dejó su antecesor. En su primera aparición pública, el nuevo papa estadounidense recordó a Francisco como un guía espiritual cuya partida dejó al pueblo de Dios “como ovejas que no tienen pastor”, y marcó el tono de un liderazgo que promete continuidad moral y compromiso con los más frágiles.

Durante la homilía que marcó el inicio de sus actividades, expresó emocionado su agradecimiento hacia Bergoglio, reconociendo el legado que dejó y el vacío que su partida generó. Invitó a toda la Iglesia a renovarse desde un compromiso profundo con el amor, abriéndose sin límites al mundo y enfocándose en el servicio para quienes más lo necesitan, reafirmando así una misión basada en la cercanía y la solidaridad.

León XIV homenajeó a Francisco en su primera homilía y llamó a la unión de la Iglesia

León XIV arrancó su pontificado recordando con mucho sentimiento al papa Francisco, de quién se supo que era muy cercano. De este modo, en su discurso aseguró que su fallecimiento “llenó de tristeza en sus corazones” y reconoció que, en esos momentos duros, la Iglesia se sintió “como ovejas que no tienen pastor”. Sin embargo, destacó que gracias a la luz de la resurrección, pudieron vivir ese momento con esperanza y confianza en que Dios nunca abandona a su pueblo.

En esa misa tan importante, el nuevo papa se presentó con humildad y honestidad: contó que fue elegido sin méritos, y que sentía temor, pero también una alegría profunda por poder caminar junto a su comunidad. Se definió como “un hermano que quiere hacerse siervo de su fe y de su alegría”, recordando que el papado no debe entenderse como un poder, sino como un servicio para los demás.

 

También aprovechó para lanzar un mensaje claro: la misión que tienen es renovar la Iglesia desde el amor, la apertura y el cuidado de los más humildes, un camino que quiere seguir con firmeza. León XIV se apoyó mucho en el ejemplo de San Pedro, señalando que la tarea del sucesor de Pedro es “amar aún más” y cuidar del rebaño como Jesús mismo lo hizo. Para eso, destacó que se necesita haber experimentado el amor incondicional de Dios, que no falla, para poder amar a los hermanos de verdad y hasta dar la vida por ellos.

Por su parte, insistió en que el liderazgo en la Iglesia no puede ser autoritario ni distante: “El papa no debe ser un jefe por encima de los demás, sino alguien que acompaña, sirve y camina junto a su gente", manifestó. Recordó que todos los bautizados son “piedras vivas” llamadas a construir juntos una comunidad basada en la fraternidad y la armonía.

En medio de un mundo lleno de conflictos, divisiones y desigualdades, León XIV sostuvo: “nosotros queremos ser, dentro de esta masa, una pequeña levadura de unidad, de comunión y de fraternidad. Nosotros queremos decirle al mundo, con humildad y alegría: ¡miren a Cristo! ¡Acérquense a Él! ¡Acojan su Palabra que ilumina y consuela!”.

Además, planteó que la Iglesia debe salir de sí misma, abrirse sin miedo y tender puentes con otras religiones y con todos los que buscan a Dios. Dijo que la unidad no significa borrar las diferencias, sino valorarlas para construir juntos un mundo mejor, donde reine la paz y el respeto. “Esta es la hora del amor”, afirmó con fuerza, recordando que la caridad es el corazón del Evangelio y la verdadera autoridad de la Iglesia. 

Citando a su predecesor León XIII, aseguró que si la caridad prevaleciera en la sociedad, “¿no parece que acabaría por extinguirse bien pronto toda lucha allí donde ella entrara en vigor?”. Para cerrar, convocó a toda la institución a caminar unida, con el Espíritu Santo como guía, para ser “una Iglesia misionera, que abre los brazos al mundo” y se convierte en “fermento de concordia para la humanidad”. Con ese espíritu de unidad y servicio, León XIV marcó el rumbo de su pontificado y rindió un profundo homenaje a Francisco en su primera homilía.

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