Una mujer colombiana de 51 años murió por eutanasia este sábado, luego de una histórica batalla legal por ejercer el derecho a morir dignamente sin la necesidad de un diagnóstico terminal.

El caso de Martha Sepúlveda llamó la atención de la prensa internacional el año pasado, cuando planeaba convertirse en la primera persona en Colombia sin un pronóstico terminal en morir por eutanasia legalmente autorizada. Pero menos de dos días antes de que planeara morir en octubre, un comité médico canceló el procedimiento después de determinar que ya no cumplía con las condiciones.

La madre y devota católica murió el sábado "según su idea de autonomía y dignidad", dijeron sus abogados en un comunicado de la organización que la representa, el Laboratorio de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (DescLAB). El trámite se realizó en Medellín sin obstáculos ni barreras, agregaron.

"Martha partió agradecida con todas las personas que la acompañaron y la apoyaron", dijo la organización en un comunicado. "El legado de Martha se construye sobre las historias de vida y los casos que a lo largo de 29 años han llegado a la Corte Constitucional y han permitido que Colombia sea uno de los pocos países del mundo en los que la muerte digna y la eutanasia son un derecho de los ciudadanos", añade la plataforma.

La colombiana marcó un precedente en el país latino con su batalla legal por una muerte digna.

Colombia fue uno de los primeros países del mundo en despenalizar la eutanasia; su tribunal constitucional reconoció el derecho en el año 1997. A pesar de esto, durante muchos años el país solo extendió el derecho a los pacientes con un pronóstico terminal de seis meses o menos, caso que no aplicaba a Martha.

Sepúlveda padecía de la enfermedad neurológica progresiva llamada esclerosis lateral amiotrófica (ELA). Después de ser diagnosticada en noviembre de 2018, comenzó a perder el control de los músculos de las piernas y su calidad de vida empeoró significativamente. Si bien ELA es una enfermedad mortal sin cura, los pacientes pueden sobrevivir entre dos y diez años o más. Por ende, cuando Sepúlveda buscó por primera vez la eutanasia, su pronóstico no calificó como "terminal".

Federico Sepúlveda, hijo único de Martha, acompañó a su madre durante su lucha.

Pero en julio, el tribunal constitucional del país dictaminó que el derecho se aplica no exclusivamente a los pacientes terminales, sino también a aquellos con "intenso sufrimiento físico o mental debido a lesiones corporales o enfermedades graves e incurables". La decisión permitió a Sepúlveda programar su eutanasia para el 10 de octubre.

La historia de Martha comenzó a circular por la prensa colombiana, generando una ola reaccionaria desde el sector conservador, especialmente de la iglesia católica. Un miembro de la conferencia nacional de obispos llegó a pedir a Sepúlveda a "reflexionar con calma" sobre su decisión. Tras 11 horas de revuelo, el Instituto Colombiano del Dolor, o Incodol, que tenía programado realizar el procedimiento, canceló la eutanasia bajo el argumento que Martha había presentado mejoras en su salud.

Martha Sepúlveda defendió su derecho a una muerte digna en los medios colombianos.

Luego de la sorpresiva decisión, Sepúlveda y su familia resolvieron guardar silencio mientras sus abogados llevaban su caso a los tribunales. Tras su apelación, un juez de Medellín dictaminó el 27 de octubre que Sepúlveda tenía derecho a morir por eutanasia.

"La lucha por tomar el control sobre el fin de la vida continúa y no terminará hasta que las personas en Colombia puedan acceder a una muerte médica asistida según su voluntad y sin barreras", dijo el comunicado de los abogados de Sepúlveda. La lucha legal de Martha dejó un precedente en el país latino, pero no llegó a ser la primera eutanasia sin pronóstico terminal de Colombia.

Víctor Escobar fue el primer colombiano en recibir una eutanasia sin un diagnóstico fatal.

El viernes, un día antes de la muerte de Sepúlveda, otro paciente colombiano se convirtió en la primera persona sin pronóstico terminal en morir por eutanasia. El paciente, un hombre de Cali llamado Víctor Escobar, padecía una enfermedad pulmonar obstructiva crónica en etapa terminal.