Antes del rezo del Ángelus este domingo, el Papa Francisco recordó que hoy en Italia y en muchos países se celebra la Solemnidad del Corpus Christi, del Cuerpo y la Sangre de Cristo, y dijo que la Eucaristía es verdadero alimento que no solo nutre, sino que sacia el hambre de todo ser humano.

Jesús cuida de la gran multitud que lo ha seguido para escuchar su palabra y ser liberada de varios males”, expresó el pontífice ante la multitud presente en la plaza de San Pedro. En este sentido, la mayor figura de la iglesia católica explicó a los miles de fieles presentes que “quien recibe con fe el Cuerpo y la Sangre de Cristo no solo come, sino que es saciado. Comer y ser saciados: se trata de necesidades fundamentales que en la Eucaristía son respondidas”.

Desde el Vaticano y en el marco del Corpus Christi, donde se narra el milagro de la multiplicación de los panes y los peces, Francisco señaló que “la Eucaristía, instituida en la Última Cena, fue como el punto de llegada de un recorrido, a lo largo del cual Jesús la había prefigurado a través de algunos signos, sobre todo la multiplicación de los panes”, dijo.

 

Comer y quedar saciados

En la Eucaristía cada uno puede experimentar esta amorosa y concreta atención del Señor", aseguró el Santo Padre. Además, aclaró que "el milagro de los panes y de los peces no sucede de forma espectacular, sino casi de forma reservada, como en las bodas de Caná: el pan aumenta pasando de mano en mano”.

Es así que “mientras come, la multitud se da cuenta de Jesús cuida todo. Este es el Señor presente en la Eucaristía: nos llama a ser ciudadanos del Cielo, pero tiene en cuenta el camino que debemos afrontar aquí en la tierra. Si tengo poco pan en la bolsa, Él lo sabe y se preocupa”, precisó el Papa Francisco.

"El Señor se toma en serio nuestras necesidades, empezando por las más elementales. Y quiere dar ejemplo a los discípulos diciendo: «Dadles vosotros de comer»”.

Cuidar al prójimo 

Tras señalar que los católicos no deben “confinar la Eucaristía en una dimensión vaga o lejana”, el Santo Padre dijo que la “adoración eucarística encuentra su verificación cuando cuidamos del prójimo, como hace Jesús: en torno a nosotros hay hambre de comida, pero también de compañía, de consuelo, de amistad, de buen humor, de atención”.

Insistió el Pontífice que “en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo encontramos su presencia, su vida donada por cada uno de nosotros. No nos da solo la ayuda para ir adelante, sino que se da a sí mismo: se hace nuestro compañero de viaje, entra en nuestras historias, visita nuestras soledades, dando de nuevo sentido y entusiasmo”.

El Papa Francisco destacó de Jesús que “al calor de su presencia nuestra vida cambia: sin Él sería realmente gris”.

 

Adorando el Cuerpo y la Sangre de Cristo", reafirmó el Papa, "pidámosle con el corazón: “¡Señor, dame el pan cotidiano para ir adelante, y sáciame con tu presencia!”.

Antes de rezar la oración del Ángelus, el Papa pidió a la Virgen María: nos enseñe a adorar a Jesús vivo en la Eucaristía y a compartirlo con nuestros hermanos y hermanas

El Evangelio de este domingo: Lucas 9:11-17

11 Pero las gentes lo supieron, y le siguieron; y él, acogiéndolas, les hablaba acerca del Reino de Dios, y curaba a los que tenían necesidad de ser curados.

12 Pero el día había comenzado a declinar, y acercándose los Doce, le dijeron: «Despide a la gente para que vayan a los pueblos y aldeas del contorno y busquen alojamiento y comida, porque aquí estamos en un lugar deshabitado.»

13 Él les dijo: «Dadles vosotros de comer.» Pero ellos respondieron: «No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta gente.»

14 Pues había como 5.000 hombres. Él dijo a sus discípulos: «Haced que se acomoden por grupos de unos cincuenta.»

15 Lo hicieron así, e hicieron acomodarse a todos.

16 Tomó entonces los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición y los partió, y los iba dando a los discípulos para que los fueran sirviendo a la gente.

17 Comieron todos hasta saciarse. Se recogieron los trozos que les habían sobrado: doce canastos.

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