Dos mujeres estadounidenses, de ascendencia hispana, estaban hablando entre si en la cola de una estación de servicio de la ciudad de Havre, cerca de la frontera canadiense, cuando de la nada se vieron rodeadas por policías fronterizos que las abordaron como si fueran delincuentes por el solo hecho que hablaban en español.  

Ana Suda y Mimi Hernández, que vivieron uno de los "peores momentos de su vida", según el relato de ambas, están estudiando demandar al estado por el trato recibido, ya que cayeron en una fuerte depresión de la cual no se pueden recuperar.

Seguí escándalo que empezó en Montana y se hizo viral a través de las redes sociales.

"Señora, la razón por la que le pedí su documento es porque vi que estaban hablando en español, algo muy poco habitual en este lugar", dijo el policía a la cámara cuando una de las mujeres, asombrada, le pidió que repitiera su explicación.

A la pregunta de si la verificación se debía a su perfil racial, el uniformado lo negó, pero señaló que Montana es un "estado en el que se habla predominantemente inglés" y que el hecho de oírlas hablar en otro idioma era el motivo por el que les había pedido identificarse.

"Mi amiga empezó a llorar y no dejó de hacerlo mientras estábamos en el coche", contó Suda a The Washington Post.

Cuando llegaron a casa publicaron en Facebook las imágenes con la descripción de lo sucedido, y esta se viralizó rápidamente.

Suda, de 37 años, dijo el domingo que contactaría con la Unión de Libertades Civiles de EE.UU. (ACLU, por sus siglas en inglés) para solicitar ayuda jurídica.

"No quiero que esto vuelva a suceder, quiero que la gente sepa que tienen el derecho a hablar cualquier idioma", precisó.

Este incidente tuvo lugar una semana después de que un jurista enojado arremetiera con comentarios racistas contra el personal y clientes de una cafetería en Nueva York porque hablaban español.