La violenta expulsión de refugiados que ocupaban un edificio del centro de Roma ilustra el nuevo talante firme de Italia y las tensiones que acarrea la dificultad de integrar a las recientes oleadas de migrantes.

La mayor parte de los inmigrantes llegaron desde Eritrea o de Etiopía hace 5, 10 o 15 años y en la actualidad cuentan con permiso de residencia de refugiado, mientras que sus hijos hablan italiano con acento romano.

Casi 800 ocupaban, desde hace cuatro años, un inmueble vacío a dos pasos de la principal estación de Roma, Termini.

Pero el 19 de agosto, al amanecer y a petición del propietario del edificio, la policía les dio quince minutos para hacer las maletas. "Dejé todo atrás", lamentó una refugiada eritrea de 30 años, que pidió el anonimato.

El jueves, la policía expulsó, echando mano de cañones de agua y matracas, a las decenas de refugiados que se habían quedado acampando en el lugar. Los migrantes respondieron lanzando bombonas de gas y piedras, una violencia "inaceptable por ambas partes", denunció el número 2 del Vaticano, Monseñor Pietro Parolin.

Las imágenes conmocionaron a Italia y en un video aparecía un responsable de la policía diciendo que "esos deben desaparecer, allá ellos. Si tiran piedras, rómpanles un brazo".

Mientras que la oposición conservadora aplaudió la firmeza, a su parecer demasiado tardía, los activistas por los derechos humanos denunciaron una actuación similar a la reciente campaña contra las ONG's que auxilian a los migrantes frente a las costas libias.

La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) instó a las autoridades italianas a "encontrar una solución inmediata para la gente que duerme en la calle y a establecer medidas de integración adecuadas para todos los que tengan derecho a la protección internacional".

La solución inmediata es delicada: se ha propuesto realojar a las familias a 75 km al norte de Roma, pero esto complica la vuelta a las aulas de los niños escolarizados en el barrio donde se encuentra el edificio. Además, el alcalde del muncipio afectado, de izquierda, también se opuso a que los migrantes sean trasladados allí, alegando que ya había 40 solicitantes de asilo por cada 3.100 habitantes.


En Italia se han registrado más de 350.000 solicitudes de asilo desde 2014 y, si bien todavía quedan decenas de miles de solicitudes por tratar, la tendencia es relativamente estable: el 40% obtiene el permiso de residencia.

En un país en el que la tasa de paro de los jóvenes alcanza el 37%, atraviesan grandes dificultades para ganarse la vida. Ni siquiera los que trabajan lo tienen fácil para encontrar una vivienda.

"En Italia, vivimos como animales", denunciaba el miércoles un refugiado eritreo de 28 años frente al edificio evacuado, criticando la normativa europeas, que le impide mudarse a Suecia o Bélgica, donde viven familiares suyos. 

"Es una situación intratable, fruto de años de negligencia" dijo la alcaldesa de Roma, Virgina Raggi (Movimiento 5 estrellas, populista) que desempeña el cargo desde hace un año.


En Roma todavía hay un centenar de edificios públicos o privados ocupados, a menudo controlados por redes criminales que cobran alquileres en negro, mientras que la "ausencia de una política nacional seria [...] únicamente crea una guerra entre pobres", insistió la alcaldesa. 

 

Fuente: AFP