La tragedia de los Andes y el ángel que los salvó: "Parece que fue una visión, un espejismo, tal vez un sueño"
El avión que trasladaba al equipo de rugby de la ciudad de Montevideo, que iban a jugar un partido en Santiago de Chile, sufrió un accidente en plena cordillera. ¿Cómo se salvaron los sobrevivientes del la tragedia?
La iniciativa y el esfuerzo más allá de los límites del propio cuerpo de Nando Parrado y Roberto Canessa, que caminaron durante 10 días en búsqueda de ayuda, no hubiese sido suficiente sin la aparición de este ángel que vio y creyó a los sobrevivientes de la tragedia del avión uruguayo que se estrelló en la Cordillera de los Andes. Sergio Hilario Catalán Martínez.
El día 13 de octubre de 1972 el avión que llevaba al equipo de rugby amateur Old Christians Club de la ciudad de Montevideo, que iban a jugar un partido en Santiago de Chile contra el Old Boys Club, sufrió un accidente en plena cordillera. Durante el viaje habían atravesado un muy mal teimpo, cuando, el piloto, creyendo que estaban cerca de un aeropuerto, comenzó a descender. En este momento una de las alas impactó contra una montaña, inmediatemente otra y, además, se desprendió su cola. El fuselaje se deslizó por la nieve y quedó en medio de la cordillera.
En el avión volaban 40 pasajeros, entre los jugadores, familiares, amigos, y cinco tripulantes. Como consecuencia del impacto murieron 11. En los días sucesivos otros fallecerían con motivo de sus heridas y de una avalancha de nieve. La noticia se conoció en el mundo y comenzaron los operativos de búsqueda. Sin embargo, tras ocho días de intenso rastrillaje, con aeronaves chilenas y argentinas, las operaciones se suspendieron. Dieron a la nave por perdida.
Solos en la inmensidad de la cordillera, procuraron protegerse de la intemperie en los restos que quedaban del fuselaje del avión y así superaron lo más duro del invierno. Cuando por una radio a transistores que encontraron se enteraron que ya no los buscaban, tomaron conciencia que todo dependía de ellos. Dos de los ocupantes, Nando Parrado y Roberto Canessa, caminaron durante 10 días en búsqueda de ayuda.
Fue en ese último intento por permanecer con vida y rescatar a los que quedaban débiles y heridos en el avión que se encontraron con Sergio Hilario Catalán Martínez. Este era un chileno de 43 años, arriero de toda la vida, casado con Virginia Toro, nueve hijos, que nació y que vivía en la zona, fanático del Colo Colo. Fue el quien logró rescatar al resto de los que se mantenían a la espera de ayuda, en las nieves cordilleranas.
Así lo narran los protagonistas de la tragedia en los andes:Miércoles 20 de diciembre de 1972. 21 hs, Roberto Canessa – Fernando Parrado: “Hicimos el primer fuego de la noche. Encontramos muchos senderos cada cincuenta metros. Descubrimos varias vacas y algunos caballos. Yo sabía que tarde o temprano alguien tendría que venir a mirar esos animales. Cuando estábamos en un bosque, nos pareció ver pasar un arriero a caballo. Parece que fue una visión, un espejismo, tal vez un sueño. Es que por momentos parecía que dormíamos de pie, de puro cansancio. Después nos sentamos a esperar y al calor de las brasas, tratamos de consolarnos uno al otro. ‘Hay que tener paciencia’, recuerdo que le dije a Roberto… Por fin vimos pasar a tres arrieros que venían, y ahí si el griterío fue brutal, pero no nos oyeron. Parecía una burla del destino. Al anochecer, Parrado y yo caímos exhaustos bajo un árbol, junto a un rio”.
“Allí fue cuando nos percatamos de la presencia de un jinete, del otro lado de la ribera. A pesar de nuestra debilidad, nos pusimos de pie, gritamos haciendo bocina con las manos. El jinete resultó ser Catalán Martinez”.
El arriero divisó a dos jóvenes harapientos en el punto denominado, Bajo del Durazno, Potrero la Loma, cordillera El Perejil, 50 km al oriente de Puente Negro en la ribera opuesta del rio Azufre, un afluente del Tinguiririca.
Los jóvenes gritaron. Catalán decidió volver al día siguiente.
Jueves 21 de diciembre de 1972. 9 hs
Catalan regresó. Lanzó un lápiz atado a una piedra. Como respuesta recibe un dramático mensaje de socorro. Sergio Catalán: “Fue un golpe de suerte encontrarme con ellos. Al principio cuando me hacían señales desde un lado del rio Tinguiririca, pensé que eran dos excursionistas que bromeaban. Me tiraron el papel que decía: “Vengo desde un avión que cayó en las montañas. Soy uruguayo. Hace diez días estamos caminando. Tengo un amigo herido arriba. En el avión quedan 14 personas heridas. Tenemos que salir rápido de aquí. No sabemos cómo. No tenemos comida. Estamos débiles. ¿Cuándo nos vendrán a buscar arriba? Por favor no podemos ni caminar. ¿Dónde estamos? Yo le contesté: “Vuelvo luego”.
«Al otro día los saqué de donde estaban. Les preparé unos quesitos de cabra, leche y unas tortillas para el viaje a San Fernando. “No se olviden, les dije, que aquí en Los Maitenes, siempre tendrán un hermano chileno que los recibirá con los brazos abiertos. Yo creo que ustedes son como los gatos: tienen 7 vidas”. (Testimonios publicados en el reportaje “Vivir o Morir”- Por Rodolfo Alcalde. Editora Nacional Quimantú).
Catalán cabalgó junto a su hijo Juan de la Cruz cerca de 100 kilómetros hasta llegar al retén de Carabineros en Puente Negro. Los efectivos no le creyeron que había encontrado a los sobrevivientes hasta que les mostró la nota. El sábado 23 de diciembre, 72 días después del accidente, los sobrevivientes fueron rescatados.
La historia no concluyó allí. El arriero, con el típico sombrero de copa aplanada y ala recta, el mismo tipo de sombrero que luciría hasta su ancianidad recibió todas las muestras posibles e imaginables de gratitud y cariño. Para los jóvenes rugbiers sería, por siempre, como “el papá” de todos. Sergio Catalán falleció el 10 de febrero de 2020 a la edad de 91 años.
La "tragedia de los Andes", como se comoenzó a llamar, dio pie a libros y filmaciones, entre ellas "¡Viven!", una película de 1993 basada en el texto homónimo de Piers Paul Reed, en el que los sobrevivientes cuentan cómo debieron recurrir al canibalismo para no morir en la montaña.

