HISTÓRICO

Tragedia del Challenger: A 40 años de la explosión del transbordador de la NASA

La tripulación del transbordador estaba compuesta por Michael Smith, Dick Scobee, Ronald McNair, Ellison Onizuka, Judith Resnik, Gregory Jarvis y Christa McAuliffe, quien era una docente.

Millones de ojos miraban, televisión mediante, la transmisión en vivo del momento de gloria que significaría la salida al espacio del transbordador espacial Challenger cuando, apenas 73 segundos después del despegue, la nave explotó, causando la posterior muerte de las siete personas, seis astronautas y una maestra que había resultado elegida entre más de 11.000 postulantes interesados en convertirse en el primer civil en abandonar por un rato el planeta Tierra, que iban a bordo. Ocurrió el 28 de enero de 1986, es decir, hace cuatro décadas.

La tripulación estaba compuesta por Michael Smith, Dick Scobee, Ronald McNair, Ellison Onizuka, Judith Resnik, Gregory Jarvis y Christa McAuliffe, la docente en cuestión. Eran las 11:38 cuando se puso finalmente en marcha la misión número 25 del programa en el Centro Espacial Kennedy de Florida, Estados Unidos.

Con una temperatura de apenas 2°, 10° menos que la más baja en la historia de los lanzamientos de los transbordadores, varios especialistas sugirieron que se esperara a condiciones naturales más benignas porque el congelamiento de algunas partes de los cohetes propulsores durante la noche previa podía significar un peligro. Aunque hubo reuniones y discusiones a lo largo de todo el 27 de enero, se impuso la voluntad política de cumplir con el cronograma pautado.

Los trabajos posteriores demostraron que los científicos e ingenieros habían descubierto problemas a los que no les encontraban la solución. Uno de los investigadores del caso fue el físico Richard Feynman, ganador del Nobel de Física en 1965 y quien hizo foco en la seguridad de las juntas tóricas y halló también una asombrosa falta de comunicación entre los directivos de la NASA y los ingenieros que trabajaban en la construcción de la nave.

Tragedia del Challenger: un alto riesgo

Según los directivos de la agencia espacial estadounidense, el riesgo de catástrofe en la misión era de 1 en 100.000. Feynman hizo números y llegó a una visión mucho menos optimista: apenas 1 en 100. Ingenieros consultados confirmaron luego sus cálculos. Además, el físico observó una falta de conocimiento científico elemental en los ejecutivos de la NASA.

En el despegue del Challenger, una de las juntas tóricas del cohete derecho falló en su función de sellado, lo que provocó una fuga de combustible que se transmitió al tanque externo y provocó la explosión. Fue la peor tragedia del programa espacial hasta que en 2003, con el colapso del Columbus, también murieron siete personas. La conmoción fue enorme. A los que vieron el lanzamiento en directo, entre ellos miles de niños convocados por la presencia de McAuliffe, se les sumaron quienes se agregaron luego por el morbo de observar en televisión lo que había ocurrido.

Con una temperatura de apenas 2°, 10° menos que la más baja en la historia de los lanzamientos de los transbordadores, varios especialistas sugirieron que se esperara a condiciones naturales más benignas porque el congelamiento de algunas partes de los cohetes propulsores durante la noche previa podía significar un peligro. Aunque hubo reuniones y discusiones a lo largo de todo el 27 de enero, se impuso la voluntad política de cumplir con el cronograma pautado.Los trabajos posteriores demostraron que los científicos e ingenieros habían descubierto problemas a los que no les encontraban la solución. Uno de los investigadores del caso fue el físico Richard Feynman, ganador del Nobel de Física en 1965 y quien hizo foco en la seguridad de las juntas tóricas y halló también una asombrosa falta de comunicación entre los directivos de la NASA y los ingenieros que trabajaban en la construcción de la nave.googletag.cmd.push(function(){googletag.display('interparrafo02')});Tragedia del Challenger: un alto riesgoSegún los directivos de la agencia espacial estadounidense, el riesgo de catástrofe en la misión era de 1 en 100.000. Feynman hizo números y llegó a una visión mucho menos optimista: apenas 1 en 100. Ingenieros consultados confirmaron luego sus cálculos. Además, el físico observó una falta de conocimiento científico elemental en los ejecutivos de la NASA.En el despegue del Challenger, una de las juntas tóricas del cohete derecho falló en su función de sellado, lo que provocó una fuga de combustible que se transmitió al tanque externo y provocó la explosión. Fue la peor tragedia del programa espacial hasta que en 2003, con el colapso del Columbus, también murieron siete personas. La conmoción fue enorme. A los que vieron el lanzamiento en directo, entre ellos miles de niños convocados por la presencia de McAuliffe, se les sumaron quienes se agregaron luego por el morbo de observar en televisión lo que había ocurrido.Esta era la tripulación que viajaba en el transbordador Challenger (NASA).
Esta era la tripulación que viajaba en el transbordador Challenger (NASA).

Según afirmó Kevin Cook en su libro "The Burning Blue: La historia no contada de Christa McAuliffe y el Challenger de la NASA", la tripulación no murió inmediatamente después de explotar en el aire en enero de 1986, sino que permaneció consciente e intentó salvar la nave en los instantes posteriores.

El transbordador Challenger explotó a los 73 segundos de haber sido lanzado (NASA).
El transbordador Challenger explotó a los 73 segundos de haber sido lanzado (NASA).

También precisó que la cápsula fue expulsada y permaneció intacta hasta que, después de alcanzar una velocidad de más de 330 kilómetros por hora, viajó dos minutos y se estrelló contra el mar. Sentenciado desde este accidente, el programa del transbordador espacial terminó formalmente en 2011, después de tres décadas llevando astronautas hacia y desde la órbita terrestre baja.


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