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Hablar de la inflación de la Argentina es casi reducir a una palabra o, mejor expresado, a un azote, una situación permanente que sufrimos los habitantes de esta bendita tierra hace casi 80 años. A partir de la década del 30, aquella "infame", la suba de precios fue una constante y hasta una profecía autocumplida.

Por eso aquello de que la convertibilidad le permitió a Carlos Menem durar más de una década en el poder. A los argentinos, para ser justos a los porteños y bonaerenses, les fascinó el hecho de no pensar en la inflación. Y seguir pensando en dólares, claro. Pero eso es otra cosa.

Mauricio Macri subestimó el problema. Se la pasó cuestionando y criticando la gestión kirchnerista por no poder contener los aumentos y afirmó, en plena campaña electoral (sustentada por el trabajo realizado en Facebook, también para otra columna), que sería lo más fácil de resolver en su mandato.

Pero muy lejos está la administración de Cambiemos de mostrar pericia para solucionar lo que más preocupa a los argentinos. La inflación que, en promedio en los últimos 70 años (sacando las hiper), alcanzó el 25%. El gobierno fue poco sincero en el presupuesto 2018. Estimó en 15% el índice, y pasados tres meses, ya suma 6,4%. No habrá posibilidad alguna de cumplir esa meta. Hasta el propio Carlos Melconian, ex presidente del Banco Nación, un poco despechado por su despido, lanzó: "Se está yendo a un 20% con tranquilidad". Fue el mismo que, el año pasado, aseveró: "Ojo que se puede ir todo a la mierda". Clarísimo.

El titular del Banco Central, Federico Sturzenegger, reconoció que "la inflación de marzo no fue la esperada", pero que desde mayo habrá "una desinflación muy pronunciada". El ex DT de la Selección Edgardo Bauza también había asegurado que Argentina ganaría el Mundial de Rusia. Todas expresiones de deseos.

Marcos Peña fue en la misma tónica: "Lo más complejo de la inflación está terminando ahora, a partir de mayo vamos a ver una merma muy significativa". Igual que Macri, que. desde que asumió, dijo no menos de 5 veces que "lo peor ya pasó". Puras fichas al sapo, el pueblo espera un plan serio.