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Luca Prodan y Andrés Calamaro ofrecieron alguna vez su versión del tema "Años", que escribió Pablo Milanés. Aquel "cover" tuvo una sutil participación del poeta y pensador nacional Tom Lupo, en su introducción. "Lo único que progresa con el paso del tiempo es la tecnología, el hombre no. El hombre siempre es el mismo", desliza en segundo plano Lupo.

La reflexión tiene calce perfecto para este arranque de año. Con renovado respaldo electoral, el gobierno apunta a la optimización tecnológica, mientras que en simultáneo se aleja del cambio político -del hombre- que pregonó y pregona. A veces lo hace con bases en Maquiavelo, por aquello de que "las malas nuevas se deben dar todas juntas"; otras, por la tácita aplicación de que "el fin justifica los medios".

Ambas construcciones chocan con cualquier intención de cambio. Tampoco es original la decisión. Antecesores del poder han recorrido esos mismos rieles. Sucede que las promesas camino a las urnas, que incluyen las desmentidas recientes de reformas (previsionales, laborales y otras), quedaron en palabras. El cuadro se agrava si se recuerda que gobernar va más allá de las planillas de Excel.

Ejemplos, al alcance de la mano: los crecientes despidos en el sector público, los que no pudieron, ni pueden reinsertarse al mercado laboral, el crecimiento del monotributo social, que no valida por sí mismo empleo digno y real. La proporción matemática del tarifazo en el transporte público realza que "el que viaja más pagará menos", sea manta corta y menos de la mitad del vaso, siendo generoso.

Ninguna mejora salarial alcanzará la figura de un analgésico sobre esta senda. Todo sucede mientras la opinión pública asimila que la robotización del trabajo llega para seguir avanzando, la tecnología crece minuto a minuto y las urgencias sociales en el país y la región nos hacen volver a citar a Prodan, cuando sugiere, en el final de su versión de "Años", "cuidado con el temor".