Los servicios públicos, entre el lujo y los caprichos

Opinión por Luis Autalán. 

lautalan@baenegocios.com 
@luisautalan 

Hace una día, otra pluma graficó en este espacio consideraciones que compartimos respecto a los perdedores de siempre ante los avatares cíclicos de la economía. Hablamos de los que no pueden elegir si poner el hombro o no, ya que en ello les va su supervivencia. Se trata de los que contiene el folclore en cuanto a la pertenencia de penas y no de vaquitas.

En simetría de contenido y no temporal, ayer dos móviles de Crónica HD consultaron a los trabajadores que regresaban a sus hogares, en las estaciones de Retiro y Constitución, sobre la obligación facturada a usuarios para subsanar las pérdidas empresarias del sector gasífero. Sin grietas, esa gente -tomada al azar por los colegas para la breve entrevista- remarcó que además del incremento tarifario los comprime el no poder llegar a fin de mes, el recorte de gastos obligados en el hogar, el costo de los medicamentos, la insuficiencia de las jubilaciones, no solo mínimas, también su incertidumbre y la desesperanza.

Esas y otras coincidencias fueron un sondeo contundente de sus pesares ineludibles para sostener a cada una de sus familias. Fue después que el presidente Mauricio Macri expresara, en otra visita a un hogar, que las tarifas no se incrementan desde un "capricho", tal cual se pudo apreciar en un video.

Los dichos durante el fin de semana y la víspera del secretario de Energía, Javier Iguacel, brindarían material para un espacio más extenso que esta columna, empero lo esencial surge de dos principios básicos, por un lado, el gobierno tiene la potestad y de hecho puede asumir la ratificación de rumbo como el único posible a su consideración.

Con el mismo calibre, la reflexión en base a la realidad está marcando hace meses que no puede sólo comentar la realidad desde el prisma de un analista. Dejando la duda de que algunas medidas se toman a suerte y verdad del "si pasa, pasa".

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