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La gira de Mauricio Macri lleva, hasta el momento, la misma dirección y tónica de todas las anteriores. El líder del PRO volvió de todos sus viajes por el Viejo Continente sin poder anunciar inversiones relevantes. Esta versión 2018 prometía cambiar la estrategia, pero el Presidente está enredado en su manera de hacer política, de ver el mundo y en su forma de ser. Macri es tal cual se muestra.

Sin acuerdos económicos de su escala en Moscú, donde su reunión con el presidente ruso Vladimir Putin se centró en el Mundial de fútbol, su primer día en Davos intentó ser distinto. Emocionado, el mandatario informó que la empresa estatal argentina INVAP le vendió un reactor nuclear de investigación medicinal a Holanda, hito que definió como "una muestra de las cosas buenas que trae volver a ingresar al mundo, una inserción inteligente, que es lo que estamos haciendo estos dos últimos años".

Macri atribuyó la firma de ese contrato a la política exterior de su gobierno, pero resulta que la oferta de INVAP había sido elegida en 2009, aunque luego dejada de lado por la crisis económica mundial. En 2015 se abrió una nueva licitación, que de nuevo ganó la compañía de Bariloche.

De hecho, ni siquiera esto responde a una política de la administración anterior. Su referente es el OPAL australiano, desarrollado por INVAP en el 2000 y construido en ese país desde 2002 a 2007. La desesperación por mostrar buenas noticias le jugó una mala pasada a Macri, muy preocupado por hablar de fútbol y del Mundial (dijo que viajará tres veces a ese torneo), algo que no le cayó muy bien a Putin, acostumbrado a hablar de proyectos y acuerdos a gran escala.