lautalan@diariobae.com 
@luisautalan 

Entre los debates de alto vuelo que alguna vez deberá afrontar nuestro país y gran parte de la región, está la prestación de servicios públicos. El intercambio de fundamentos sería aconsejable que superara la instancia de privatizaciones, intervención, correcto funcionamiento de entes reguladores y otros tópicos.

Si sobre los pilares de la soberanía sólo se declaman nada más que esperanzas discursivas o soluciones a medias, estaremos dejando para las generaciones que nos continuarán un agudo problema. Hay algunos puntos de partida para sumar énfasis a los enfoques necesarios, desde ya la discusión sobre energías renovables, el cuidado del medio ambiente y otras materias ecológicas que los jóvenes, por fortuna, van tomando con la misma seriedad que afrontan otras cuestiones, el tabaquismo, por citar una de ellas respecto del cuidado de la salud.

Para abordar el tema, incluso, habrá que despojarse de partituras líricas ya que la energía, su administración económica ha sido y será -lamentablemente- el eje de disputas bélicas, porque es negocio y poder. Léase la prestación de servicios como electricidad, gas, agua potable constituyen un negocio, creación de fuentes de trabajo, ingreso genuino para estados independientes pero siempre será una práctica rentable.

Según las estimaciones de economistas las concesionarias de energía recaudan en nuestro país, en forma aproximada, 60 millones de pesos por jornada, lo cual no implica una ganancia directa, pero sí refleja un crédito importante ya que dentro de la mecánica de su servicio, al cliente moroso se le interrumpe el servicio.

Tomar apuntes sobre qué hicieron los gobiernos del siglo pasado o el que transcurre, quién privatizó o quién estatizó, pierde la perspectiva de futuro. Si de tomar ejemplos del Primer Mundo se trata, la Unión Europea ofrece su dinámica como alternativa: optimizar un modelo dentro de subsidios estatales, en beneficio de los habitantes del Viejo Mundo.