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@_Lo_A

"No oyó los pasos hasta que los tuvo justo detrás. Dos brazos macizos y enfundados en tela negra se cerraron alrededor de ella, aprentándole los suyos contra los costados y obligándola a expulsar todo el aire de los pulmones": el extracto tomado del libro "El oficio del mal", de Robert Galbraith -seudónimo de J.K. Rolling- describe el momento en que la protagonista de la historia, Robin Ellacott, es atacada por un asesino serial.

Durante la entrega de los Globos de Oro, las mujeres de Hollywood vistieron de negro detrás del hastag #Me Too -"Yo también"- para denunciar los abusos sexuales y las inequidades de género en esa industria y en todos los sectores de la sociedad. Según datos de la Organización de Naciones Unidas, una de cada tres mujeres "experimenta episodios de violencia a lo largo de su vida".

No se trata solamente de apuntar en esta lista los ataques de un asesino, como el de la protagonista del libro o del que fueron víctimas niñas como Micaela García o Lola Chomnalez, o Ángeles Rawson; si no de incluir episodios que muchas veces llegan a naturalizarse.

Como las sistemáticas denuncias de las mujeres que ven cómo sus agresores violan las medidas de restricción perimetral y vuelven a golpearlas y hasta a matarlas. O como la brecha salarial que, según datos de la Encuesta Permanente de Hogares del Indec, alcanza entre el 21 y el 24 por ciento, en el caso de los trabajadores registrados, y el 35, cuando se trata del segmento informal, siempre en desmedro de las mujeres.

"No importa en qué lugar suceda la violencia contra las mujeres, ni la forma que adopte, ni a quién perjudique. Debe detenerse", enfatiza la ONU. Que las actrices de Hollywood se conviertan en el rostro de una lucha que trasciende países, ámbitos laborales y culturas no es un hecho menor. Hoy todas deberíamos sumarnos a esa causa. Hoy todas vestimos de negro.