MENSAJE

La sabiduría de Bergoglio

Por Alicia Barrios.

El poder de la oración es el don y la sabiduría de Bergoglio. Él explica, como un maestro, el modo en que hay que rezar. “Dejen que Dios los acaricie y van a entender mejor qué es la sencillez. la humildad. Siempre en cuaresma explico una y otra vez que ‘hay que levantarse para acercarse al padre’. Esta es la frase que tenemos que repetir cada uno de nosotros. Me levantaré como pueda e iré a mi padre”. 

Él está convencido de que cuando uno toma esta decisión es para reconciliarse con Dios. No olvidemos que Jesús es el único que reconcilia. Atentos a esto. Hay que invocar a Jesús, nombrarlo. A mí me decía : “Animate a hablar a Jesús”. Le hice caso, fui sintiendo alivio, cercanía, paz interior. Jesús es el primer sanador. 

No es que soy una predicadora católica, sino que estoy dejando el testimonio de un hombre sabio y santo cuando enseña a rezar. Según él, cuando uno reconoce esto, lo asume, Jesús está de fiesta y claro que te contagia con milagros. Es una persona agradecida. Está de estreno porque estrena un corazón nuevo. 

Los fieles le creen y hacen lo que él dice. De él se aprende el sentido del humor. Dice que es salud. Cualquiera sea la circunstancia él aprovecha para divertirse. Siempre es frecuente que las personas le llamaran padre y de inmediato se disculpaban porque no le decían cardenal. 

Él repetía hasta el cansancio: “Está muy bien que me llamen padre, porque la palabra cardenal no está en la Biblia”. Otros al día de hoy le piden: “Padrecito, rezá por mí”. Él responde: “Y vos también rezá, pero no me reces en contra”

Hay algunas fieles atrevidas, divertidas: “Usted es más buen mozo personalmente que en los noticieros”. Otras son lieras, se alborotan, se sacan selfies. Él, a quien no se le escapa nada, sentencia: “Pero después no se la den a una bruja para que le pinche los ojos”.

Oración del buen humor de Santo Tomás Moro

“Concédeme señor, una buena digestión, y también algo para digerir. Concédeme la salud del cuerpo, con el buen humor necesario para mantenerla. Dame, señor, un alma santa que sepa aprovechar: lo que es bueno y puro, para que no se asuste ante el pecado, sino que encuentre el modo de poner las cosas de nuevo en orden. Concédeme un alma que no conozca el aburrimiento, las murmuraciones, los suspiros y los lamentos y no permitas que sufra excesivamente por ese ser tan dominante que se llama: Yo. Dame, Señor, el sentido del humor. Concédeme las gracias de comprender las bromas, para que conozca en la vida un poco de alegría y pueda comunicársela a los demás”. Así sea.
 

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