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En el pueblo de Carratraca, en Málaga, España, hace más de 80 años, cuatro pequeños fueron testigos, en situaciones separadas, de una extraña aparición inexplicable que marcaría sus vidas para siempre. Juan Morales fue el último en experimentar aquella escena de tal magnitud. Ese muchacho vivió tres décadas en silencio luego de ocurrido el hecho, y sólo cuando se sintió seguro de que, por ser adulto, le iban a creer fue que se decidió a contar su historia. Morales confesó ser portador de una serie de conocimientos transmitidos a través de mensajes telepáticos. Una historia más de los muchísimos casos que apenas sí se conocen del fenómeno OVNI, y que ese hombre llegó a contar a un periodista.

Aparición extraterrestre

En 1978 Morales se presentó en la redacción del Ideal, en Málaga, donde habló con el redactor Guillermo Jiménez Smerdou y le confesó que había tenido varios acercamientos con seres alienígenas y que lo estaban siguiendo. Sus primeras palabras fueron: “Los extraterrestres han estado en Carratraca”. Juan Morales, un ciudadano común y corriente que vivió siempre en el municipio de Carratraca, confesó a sus 50 años que había visto a una mujer muy bella, alta, vestida con una túnica blanca, y afirmó que había viajado en algo así como una urna de cristal transparente. Tras comentar su primer acercamiento, el hombre mencionó que los extraterrestres marcaron un triángulo años antes a su confesión, en 1931, 1934 y 1937, este último año fue cuando se produjo el avistamiento.

Conmoción y misterio en Catarraca, España.

“En 1931 se le aparecieron a Juan; en 1934, a otro vecino que se llamaba Juan también, y tres años más tarde los vi yo”, le comentó Morales al periodista.

Su encuentro

El malagueño relató que se encontraba en un lugar conocido como La Carbonera, donde hay un camino estrecho que ya no se usa y que conduce al Verdón. Allí, a Morales se le apareció una mujer de una belleza sin límites, según detalló, y que medía 3,10 metros. Sobre ella explicó: “No habló nada. Esta misma mujer fue la que vieron los otros dos Juanes anteriormente”, comentó.

La historia del campesino no finalizó ahí. “Tres años más tarde, en 1940, volvió a aparecer, esta vez en la segunda curva de la Loma de las Malas Vacas, antes de llegar al pueblo, cerca del Puerto Realejos”, agregó.

Notable contacto del cuarto tipo con extraterrestres

En aquel entonces, siendo un niño, Morales se refregó los ojos para volver a ver a aquella impactante mujer que lo visitaba por segunda vez y no decía nada. A los pocos segundos de comprender que sí, que lo volvieron a visitar a él, sintió como si hubiese pisado un cable de baja tensión, porque los pies comenzó a sentir un raro cosquilleo en los pies y esa sensación comenzó a subir por todo su cuerpo hasta llegar a su cabeza. “Fue como un fogonazo. Yo creo que se quedaron con mi persona”, enfatizó Morales recordando el suceso que le cambió su vida para siempre. “Sus máquinas, que debían de estar por encima, me captaron, porque yo debía reunir las condiciones que buscaban”, agregó.

Tablero revelador

En un principio, Morales no se sentía muy dispuesto a contar todo lo ocurrido en su niñez, pero minutos más tarde le confesó al periodista que sus encuentros con las extraña mujer de más de 3 metros no terminaron allí. El malagueño estaba convencido de que la mujer pertenecía a Lira, un planeta con las mismas características que la Tierra, pero mucho más avanzado. El hombre confesó que la mujer alienígena le mostró un tablero mágico en el que aparecían números, rayas con indicaciones muy concretas, entre los números los metros representaban millones, y los segundos, años luz. Luego de comentarle sobre la revelación de las medidas extraterrestres, Morales habló de la existencia de otros planetas habitados por seres vivientes.

El hombre, ya por entonces de casi 50 años, dijo que la Tierra en la que vivimos tiene una energía que no cuesta nada, una energía que se recoge como en una botella de las que “se utilizan para el oxígeno y queda atrapada”. “El mundo está recibiendo constantemente una energía magnética; esta energía se pierde y se puede recoger en unos recipientes que se pueden rellenar”, aseveró con entusiasmo al periodista.

Al proseguir con su relato confesó que la mujer extraterrestre le reveló que hay trece planetas que tienen vida; vegetal y animal, tal como la de la Tierra, y que solo cuatro poseen una inteligencia superior a la nuestra. Las constelaciones de Águila, Sirio, Lira y Tauro son aquellas en donde la vida es más avanzada que la nuestra.

“La mujer que se me apareció dijo ser de Lira, y con la energía que utilizan sus naves se puede ir a Venus y volver en seis minutos”, afirmó Morales. Y agregó: “En un segundo pueden dar siete vueltas al mundo”.

El fin del mundo

Como si faltara algo en los relatos de Morales sobre los avistamientos que tuvo de los extraterrestres, confesó que fue testigo de lo que interpretó como “el fin del mundo”. “El cielo se resquebrajó y, por medio de una oleada de fuego, quince objetos descendieron de las alturas y se posicionaron sobre el pueblo”, comentó. Aquel fue el último suceso que observó el malagueño. Morales asegura que presenció una luz roja y brillante que dejó un rastro en el que pudo observar un código ininteligible en la Ciudad de Barcelona, España.

En sus relatos, Juan Morales remarcó que él poseía una energía especial y que, gracias a ella, los extraterrestres podían detectarlo siempre que quisieran. A esto agregó que doce años más tarde de ocurrido el primer episodio paranormal, y ya viviendo en Barcelona, una voz le dijo: “Juan, todo lo que has visto tiene relación con lo que viste en Carratraca”.

Tras casi 40 años

¿Por qué decidió contar la historia mucho tiempo después de lo ocurrido? ¿Qué sucedió para hacerlo tomar esa decisión? El malagueño comentó que hacía dos años, antes de la entrevista, se puso a escribir sus memorias por si alguno de los nietos podía utilizarlo en su vida. “Al poco tiempo enfermé y comencé a tener presión arterial, y dejé de escribir los relatos para que queden plasmados”, enfatizó Morales.

El malagueño comentó que no se llevaba muy bien con la escritura y no sabía “cuándo hay que poner una H o una B”. ¿Qué pasó con los escritos? En la actualidad, su hija Gloria Morales vive en la localidad de San Sadurní de Noya, Cataluña, y custodia los manuscritos y dibujos de su padre, que falleció en 1997. En los documentos, Juan Morales describió los encuentros con la visitante del espacio en una nave de cristal. Además, explicó con lujo detalle las informaciones que le dejó la mujer y los mensajes que diera a conocer al mundo.

La hija de Morales mencionó que todavía recuerda alguno de los episodios que vivió junto con su padre en la localidad donde vive. Gloria señala que, por medio de los escritos, su progenitor buscaba dar a conocer todas las fórmulas y los conocimientos que le fueron brindados, al mundo.

Asimismo, en uno de sus escritos se detalla que le fue revelada una fórmula matemática de energía eterna y limpia con la que se podría viajar a cualquier planeta deseado y utilizarla como fuente de energía primera

Recibió varias amenazas de los hombres de negro

Una vez que Juan Morales le dio la nota al periodista Jiménez y que se publicó en el periódico, esas extraordinarias noticias se fueron replicando a medida que el público se interesaba en los relatos. Hasta que, un día, dos hombres vestidos de negro se presentaron en la casa del malagueño y le dijeron que deje de difundir esos mensajes. Un día de 1979 en que Morales se encontraba junto con su mujer y su hija Gloria, sonó el timbre de la puerta. La niña abrió y frente a ella aparecieron dos hombres de traje color negros, que pidieron de inmediato hablar con Juan, su padre.

Morales sin ninguna preocupación los invitó a pasar a su casa, y en ese momento los visitantes le advirtieron, frente a su familia, que debía dejar de divulgar los mensajes recibidos por la visitante estelar, que, según había mencionado él, provenía de Lira. Luego de la advertencia agregaron que, si no dejaba de hablar sobre el asunto, su vida y la de su familia corrían peligro. Acto seguido se marcharon sin ofrecer más explicaciones. Sin importarle las palabras de estos hombres, Morales decidió seguir adelante con sus planes de divulgar los mensajes recibidos por la mujer que medía más de tres metros. Meses más tarde, las amenazas volvieron a aparecer. Dos hombres, diferentes de los que viera la anterior vez pero vestidos de igual forma, se volvieron a presentar en la vivienda familiar.

Por ese entonces, la mujer de Juan se encontraba embarazada de su segundo hijo. Consultada sobre el paradero de su marido, la esposa les comentó que se encontraba trabajando, por lo que aquellos hombres de aspecto extraño se subieron a un coche negro que tenía los vidrios polarizados. Gloria, la hija mayor del matrimonio, observó que dentro del vehículo había un tercer individuo que los estaba esperando. Los dos hombres se dirigieron al trabajo de Juan y lo volvieron a amenazar. Por aquel entonces, y pensando en el futuro de su familia, Morales decidió callarse para siempre, y no volver a divulgar sus encuentros.

Su familia testificó varios encuentros 

Juan Morales sólo relató alguna de las varias historias que vivió con la mujer gris y bella, que según él provenía de Lira. El campesino detalló que siempre se le aparecía la misma mujer para transmitirle los mensajes, pero la noche del 28 de agosto de 1949, aproximadamente a la medianoche, Morales se encontraba viajando en un autobús junto con su mujer y su suegra.

Al mirar los tres por la ventanilla, vieron la aparición de una esfera voladora de color rojo que los acompañó por un largo trayecto del recorrido. Según detalla Morales en los escritos, la esfera en ningún momento tocó la carretera y dejó en la tierra una marca en forma de zigzag al andar.

En ese momento, la mujer y la suegra del hombre pensaron que todo se trataba de cosas de espíritus. Durante décadas, Morales y su familia vivieron sin mayores sobresaltos hasta que en 1978 todos escucharon un fuerte estruendo en la parte trasera de la casa que habitaban.

Al llegar corriendo al lugar, según relató la hija mayor, observaron que en el suelo había unos extraños símbolos marcados. Tras el suceso, la visitante del espacio volvió a contactarse una vez más con Morales y transmitir sus mensajes. La comunicación se ejercía telepáticamente, por lo que no había diálogo con palabras.

En ese entonces, la entidad femenina le reveló que la comunicación que mantenían tenía un sentido y comenzó a transmitir una enorme cantidad de información, la que el campesino comenzó a registrar en sus manuscritos.

K.L.

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