Este domingo se cumplen 40 años del doble homicidio del matrimonio Schoklender, Mauricio de 53 años y Cristina de 49, a manos de sus dos hijos. Según determinó la justicia, la noche del 30 de mayo de 1981 Sergio y Pablo Schoklender atacaron con un fierro a la pareja para luego asfixiarlos, crimen que condenó a los hermanos a prisión perpetua.

A pesar del fallo definitivo de la justicia, el parricidio de los Schoklender es uno de los casos más discutidos del país por sus morbosos detalles y el protagonismo de Sergio y Pablo que, al momento del crimen, tenían 23 y 20 años respectivamente. La tercer hija del matrimonio Schoklender, Ana Valeria de 19 años, nunca fue sospechosa en el caso, y hoy vive bajo una nueva identidad en algún barrio del país.

Tanto la Justicia como el mayor de los hermanos mencionaron las relaciones turbulentas que cruzaban a la familia. Años después del crimen Sergio habló de sus padres, contando que su madre se emborrachaba constantemente y acosaba sexualmente a Pablo.

También habló de los rumores que rodeaban la orientación sexual de su padre, quien Sergio sospechaba salía con su secretario: “Eso llevó a que más de una vez mi padre llorara porque mi madre, alcoholizada, lo humillaba y le gritaba homosexual”, relató.

El crimen

La noche del 29 de mayo la familia Schoklender salió a cenar. Festejaban por adelantado el cumpleaños de Sergio, que nació un 30 de mayo de 1958. Su hermano menor no estuvo presente en la cena, ya que en ese momento estaba distanciado de sus padres. 

Según la Justicia, mientras ocurría el festejo Pablo entró en la residencia familiar y se escondió en la habitación de su hermano. Cuando el resto de la familia regresó, los hermanos hablaron en el living hasta que apareció su madre. Con un golpe a la cabeza utilizando un fierro, los jóvenes desvanecieron a su madre y procedieron a ahorcarla. Hicieron lo mismo con su padre, que dormía en su habitación.

Cristina y Mauricio Schoklender

Sergio, en su libro "Esta es mi verdad", propone su versión de la noche fatídica. El mayor de los Schoklender afirma que los asesinatos fueron obra de sicarios brasileños, que iban tras su padre por sus negocios en el tráfico ilegal de armas a través de la empresa alemana en la que trabajaba.

Sergio señaló a dos asesinos como los autores del parricido, Jozemar Becerra y Ludovico Guedes Menezes. Años después de la sentencia, Becerra declaró ser el asesino en un diario brasileño, pero para la Justicia todo fue invento de Sergio.

Más allá de las conjeturas, teorías y conspiraciones que inundaron los diarios de la época, ambos hermanos fueron condenados con cadena perpetua, no sin antes protagonizar una fuga insólita.

La fuga

El mundo conoció del doble homicidio de Cristina y Mauricio Schoklender la mañana del 31 de mayo, cuando dos niños que jugaban en la calle Coronel Díaz notaron que un líquido rojo goteaba del baúl de un auto.

Los padres de los niños avisaron de la extraña vista a la comisaría 21°, y horas mas tarde las autoridades abrieron el bahúl del Dodge Polara para descubrir los cuerpos del matrimonio, envueltos en sábanas y sus cabezas cubiertas con toallas y bolsas de residuos. 

El vehículo donde encontraron los cuerpos del matrimonio.

Luego de dejar el auto en las calles de Palermo, frente a Parque las Heras, los hermanos se dirigeron a Mar del Plata. Hospedados bajo nombres falsos en el Gran Hotel Dorá, Sergio y Pablo planeaban cruzar la frontera hacia Uruguay en un avión privado, pero desistieron cuando el piloto les informó que tendrían que pasar si o si por la Aduana. 

Al no ponerse de acuerdo en sus siguientes pasos, los hermanos se separaron: Sergio quiso escapar a caballo, pero fue detenido; mientras que Pablo se fue en tren hasta Tucumán, donde también fue atrapado.

Tras su arresto Sergio confesó del crimen, asumiendo toda la responsabilidad del doble homicidio. La Justicia lo codenó a prisión perpetua en marzo de 1985, y libró a Pablo de sus cargos. Sin embargo, el año siguiente la Cámara del Crimen sentenció al menor de los hermanos a perpetua. Pablo fue recién arrestado en 1994, ya que cuando se aprobó su captura él ya estaba en Bolivia con una identidad falsa

Sergio y Pablo Schoklender, 36 años después del crimen

Condena y libertad

Sergio Schoklender fue condenado a prisión perpetua, pero en 1995 logró salir de la cárcel bajo el permiso de la ley. El hermano mayor se recibió de psicólogo y abogado durante su tiempo en prisión, y una vez en libertad colaboró con las Abuelas de Plaza de Mayo como apoderado de la organización.

Pablo Schoklender consiguió los primeros permisos para su libertad en 2001, y desde entoces mantiene un perfil bajo lejos de las cámaras. Solo se escuchó su versión de los hechos en su libro "Yo, Pablo Schoklender", que fue adaptado a la pantalla grande bajo el título "Pasajeros de una pesadilla", dirigida por Fernando Ayala en 1984 en la que actuó Federico Luppi.

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