El brutal caso del femicidio de Agustina Fernández, la joven pampeana asesinada en Cipolletti, provincia de Río Negro, tomó un nuevo rumbo en la investigación a partir de un dato clave. Recientemente, encontraron restos de ADN masculino en los dedos de la víctima, y no pertenecen al de su amigo Pablo Parra, principal sospechoso hasta el momento por haber sido la última persona que vio con vida a la estudiante de medicina.

Para entender en concreto la situación hay que dirigirse a la noche del 2 de julio, en la vivienda de Parra ubicada en la calle Confluencia al 1300, un complejo de departamentos, donde precisamente vivía la joven asesinada. Ese sábado, ambos jóvenes acordaron reunirse para compartir una cena. Según el relato del muchacho, cuando Fernández llegó a su hogar, le avisó que saldría a realizar unas compras, y que la dejaría sola en la casa hasta su regreso.

 

La imagen del identikit del presunto sospechoso



Parra contó a los medios locales que en ese tiempo que tardó en regresar a su hogar, pasó por el frente de su apartamento y observó las luces apagadas. Si bien le llamó la atención esa imagen, continuó su recorrida hacia un almacén cercano para comprar cervezas. Lo peor sucedió cuando retornó a su vivienda: vio a su amiga tirada en el suelo, convulsionando y totalmente lastimada. Además, encontró todo desordenado y sus pertenencias en el piso, una señal clara de que había sufrido un asalto.

 


El joven continuó describiendo la escena del crimen y marcó un detalle particular: en su patio, había una escalera apoyada sobre una pared contigua a un terreno que estaba en construcción. Este dato significaría que los presuntos ladrones ingresaron por la parte de atrás del hogar para desvalijar la casa, topándose con la joven estudiante pampeana, víctima del femicidio atroz.

Agustina fue trasladada al hospital Pedro Moguillansky de Cipolletti, aun con signos vitales pero con un cuadro de salud desfavorable. El parte médico que brindaron las autoridades del sanatorio detallaron que la joven estudiante de medicina sufrió un "severo traumatismo encéfalo craneano", con consecuente muerte cerebral producto de la paliza recibida. Murió un 5 de julio, a la tarde, luego de transitar una agonía de tres días con un panorama casi irreversible. La familia tomó la decisión de donar los órganos de la difunta.

El dato clave que da un giro a la investigación

Pablo Parra era, hasta el momento, el único sospechoso del crimen de Agustina Fernández, siendo la persona que estuvo con la joven pampeana en aquella noche del 2 de julio. Pero en las últimas horas surgió un dato relevante para la causa: se encontró resto de ADN de una persona masculina en el cuerpo de la víctima, pero que no pertenecen al del joven amigo con quien compartió una cena.

Una vez concluida la pericia llevada a cabo este miércoles, en el Laboratorio Regional de Genética Forense de Bariloche, la referencia trascendental indica que Parra es excluido del rol como principal sospechoso para a estar absuelto en la causa. En detalles, el material genético fue hallado en las uñas del dedo índice de la mano derecha de la víctima y en el dedo pulgar de la mano izquierda. Otro hallazgo no menor es que el ADN encontrado en los restos de Fernández contiene mezcla genética perteneciente al de dos sujetos.

¿Cómo sigue la investigación?


El Ministerio Público Fiscal de Río Negro continúa con la búsqueda de nuevas pistas que ayuden a esclarecer el brutal femicidio de Agustina Fernández. La principal hipótesis que maneja la fiscalía es que se trataría de un "Homicidio criminis causa", lo que para la Justicia argentina significa que los principales sospechosos mataron a la víctima con el propósito puntual de facilitar el robo en el domicilio y encubrir el delito.

Hasta el momento, la Policía Federal Argentina entregó el identikit de un sospechoso que coincidiría con las recientes datos que arrojó la prueba de ADN. El misterioso sujeto responsable del crimen reuniría los siguientes detalles: hombre de tez blanca, cabello enrulado, de 1,60/1,70 metros de altura, con una edad que ronda entre los 20 y 30 años y con el detalle particular de tener un tatuaje con el número 10 en su ceja izquierda.

En tanto, desde el Ministerio de Seguridad de la provincia de Río Negro ofrecieron la recompensa de un millón de pesos a quien facilite datos puntuales que colaboren con el cierre de la causa.

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