Leopoldo Luque, el neurocirujano indagado por la muerte de Diego Maradona presentó en la fiscalía un descargo de 85 páginas por escrito en el que negó haber estado a cargo de la internación domiciliaria y  pidió una nueva junta médica. Luego aceptó las preguntas de los fiscales.

Pasó  más de 11 horas en la Fiscalía General de San Isidro respondiedo. Criticó a los familiares porque si bien se comprometieron a acompañar al paciente, después “desaparecieron todos.

Una de las preguntas fue sobre la relación que el neurocirujano tenía con Matías Morla, su hermana Vanesa Morla, y el esposo de ella y cuñado del letrado, Maximiliano Pomargo, quien era asistente personal y convivía con Maradona en la casa de Tigre. Dijo que buena pero que ellos no tomaban desiciones médicas,

Mis visitas siempre fueron a su domicilio. Del 2016 al 2019, no recibí ningún pago. En el 2019, debería fijarme, pero creo que no recibí pagos. De todos modos, no lo hacía por dinero, recién el último año me comenzaron a pagar. Las facturas eran emitidas a Maradona. Yo hablaba, con respecto al sueldo, con la Sra. Vanesa Morla y la contadora, de apellido Trimarchi", declaró .

En 2020 fue Vanesa Morla quien le propuso “ganar un sueldo” y que “el monto eran 100 mil pesos por mes” y que “nunca hubo aumentos”.

Cuando le preguntaron por los supuestos “retornos” que el imputado le debía pagar a la hermana del abogado, el neurocirujano explicó que la mujer le pidió una “colaboración mensual” de 10.000 pesos por ayudarlo a gestionar los estudios o turnos médicos para Maradona.


“Estas personas no hacen nada que no sea por dinero. Todos los que estaban cerca de Maradona estaban cobrando dinero”, dijo Luque.

 “Uno espera que la familia colabore. Yo a veces no sentí colaboración, pero no que me entorpezcan", sostuvo en otra parte de su declaración.

Cuando se refirió a la reunión del 10 de noviembre en la Clínica Olivos donde  analizaron las opciones de externación de Mar adona, en la que participaron las hijas Dalma, Gianinna y Jana, “Kity” y dos hermanas más de Diego, la expareja Verónica Ojeda, el abogado Víctor Stinfale, Pomargo, el kinesiólogo Nicolás Taffarel, la psiquiatra Agustina Cosachov, el psicólogo Carlos Diaz y él.

“Lo que noté es que prevalecieron los conflictos personales. Era más importante que no entre Verónica Ojeda a pensar qué hacer con ´mi papá´. Saber dónde estaba Matías Morla, a qué vamos a hacer con ´mi papá´. Para mí debieron haber estado todos los que lo querían y se preocupaban por él”, dijo 

“El único que estuvo todo el tiempo fui yo. Y soy el único que ahora está acá declarando”, sostuvo y  se quebró en llanto.


“Lo único que sé, es que había mucho conflicto, la salud de Maradona quedó relegada a los profesionales, y eso fue así puesto que sólo querían culpables si pasaba algo. Es mi opinión. No hubo consenso. Se hablaron pavadas”, consideró .

"Ninguno de los estudios realizados llamaron la atención de los médicos que lo evaluaron, cada uno en su especialidad, ya sea desde el punto de vista clínico como cardiológico. Ninguno de ellos le informó al paciente, ni a mí, su médico prescriptor, que debía repetir algún estudio, o profundizar en los ya realizados por alguna preocupación en los resultados. Y los resultados obtenidos en los mismos eran normales", sostuvo.

"El paciente nunca refirió sintomatología ni signos cardiovasculares. Los estudios realizados, todos complejos, eran para poder realizar un seguimiento exhaustivo del estado de salud de paciente", puso en el escrito.

"La enfermedad más grave que padecía no era física -y asi lo indicaban los estudios realizados- sino que eran problemas específicos de salud mental, debido a sus adicciones", sostuvo.

"Si bien la realización de la internación domiciliaria fue una sugerencia mía y de la Dra.Cosachov, yo no formaba parte de la misma, ni mucho menos, estaba a cargo de la misma", aseguró. 

"Carezco de la estructura, habilitación, inscripción y conocimientos para hacerlo. Lo mismo para supervisarlo", agregó.

"Mi función específica durante la internación domiciliaria fue el seguimiento neuroquirúrgico del paciente. Esta función estaba absolutamente clara y era sabida tanto por el resto de los profesionales actuantes como por su familia", sostuvo.

"Es claro que yo no abandoné al paciente ni su tratamiento (durante la internación domiciliaria, que tan sólo duró 14 días, fui a su domicilio en 4 oportunidades y llevé el control postquirúrgico en su domicilio) pero transferí su atención clínica y psíquica a especialistas más idóneos que yo, y con la estructura necesaria, tanto en su salud mental como en su salud física", afirmó.

"Yo no dejé hasta el fatal desenlace de ser su médico de confianza, y como tal, consideré que la mejor alternativa para él era hacer un tratamiento psiquiátrico por sus adicciones y llevarlo a cabo a través de una internación domiciliaria", declaró. 

"Adjunto una foto, subida por su kinesiólogo personal el día 20 de noviembre al chat “Parte Olivos”, donde no sólo se lo observa bien, sino además que ninguno de los miembros del mismo hizo referencia alguna a verlo hinchado", señaló. 

"Recalco nuevamente que la última vez que concurrí a su domicilio fue el día 22/11, y luego de ello no recibí ninguna señal de alerta de descompensación", dijo.

"Si bien el entorno habitual no era principalmente su familia, conforme ya lo expliqué, él vivía con empleados que lo asistían, su familia sabía que era yo su médico referente.  Además conocían mi especialidad, neurocirujano", dijo.

"Maradona no quería ver otros médicos. Él pedía por Luque. Yo tenía la confianza y posibilidad de que Maradona aceptara otros médicos. En esa oportunidad, estábamos a la búsqueda constante de psiquiatra y psicólogo, pero Maradona los rechazaba. Por eso yo dije que estaba cargo y era el médico que más conocía la situación de Maradona. Estaba en condiciones de realizar la sugerencia", explicó. 

" El vivía con empleados, y eso complicaba la situación. Maradona daba órdenes. Imagino que, si uno vive con empleados y tiene mucho dinero, se puede acceder. Yo, personalmente, cuando iba veía indicios de alcohol, como botellas. Vi de vino y cerveza", dijo.

"Él nunca dejó de tener noción de donde estaba, ni uso de su voluntad", sostuvo.

"Lo único que pasó fue que cuando se planteó la internación compulsiva, nadie la quiso. La evaluación psiquiátrica la pedí yo. Pero en un momento Jana dijo que estaría bueno internarlo en un neuropsiquiátrico que decía Swiss Medicall. Era cuestión de ir a preguntarle a Diego. Él decía siempre que no, y todos los sabían", sostuvo.

"No le gustaban los teléfonos. El tenía y a veces lo dejaba tirado por ahí. No es como nuestra generación. El no le prestaba atención", respondió ante una pregunta de los fiscales.

Dijo que Maradona era su paciente y  amigo, y lo hubiese attendido sin cobrar. 

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