Su ex se hizo pasar por ella en las redes, seducía y mandaba fotos íntimas a desconocidos
Se contactó en virtualmente a más de 400 hombres. Fue acosada por unos 70 desconocidos en la calle. Después de siete años de la denuncia le fecha de juicio es para 2024
Marina Benítez Demtschenko, como tantas otras mujeres, fue víctima de la viralización de material íntimo sin su consentimiento en la redes sociales por parte de su ex, en 2012, cuando ella decidió ponerle punto final a la relación.
Hace 7 de que realizó la denuncia y recién le dieron fecha para el juicio oral para el 14 de mayo de 2024.
“La justicia nos debe respeto a las denunciantes. Todos piensan que cuando una va y denuncia a un tipo le estamos cagando la vida. Pero mi ex está bárbaro, ni se preocupa. No es un tema para él, pero sí para mí que estoy resistiendo para no caerme a pedazos”, señaló Marina en su Instagram.
Todo empezó los primeros meses de 2012 cuando notó que había hombres que la abordaban en la calle y se le insinuaban con comentarios desubicados.
“Al principio creí que los mandaba mi ex para seguirme y controlar mis movimientos pero después corroboré que él había creado un perfil falso en Facebook, donde se hacía pasar por mí para chatear con ellos. No solo mantenía conversaciones eróticas y de alto contenido sexual sino que también les enviaba fotos íntimas que ambos nos habíamos tomado cuando éramos pareja”, relató la mujer a Infobae.
Marina asegura que su ex sedujo, haciendose pasar por ella, virtualmente a más de 400 hombres.
Durante dos años fue acosada por unos 70 desconocidos en la calle. Su ex les contaba dónde vivía, qué lugares frecuentaba y cuáles eran sus horarios laborales, entre otros. Les proponía un juego perverso.
Uno la fue a buscar hasta la puerta de su casa en La Plata. “Me agarró de atrás, de la colita del pelo, en la esquina de mi casa y me pasó la lengua por el cuello”, recordó la mujer. Después de eso estuvo durante un mes y medio encerrada por temor a que la violaran.
A la salida de la Universidad Nacional de La Plata dos hombres la siguieron de noche y la arrinconaron contra una pared para manosearla.
Un desconocido la encaró mientras esperaba el colectivo tras finalizar su día de trabajo. “El tipo me dijo: ‘Qué hermoso te queda ese vestido azul’. Ahí lo encaré de mala manera y me contestó: ‘¿Qué te pasa, loca de mierda? ¿ahora te olvidaste de todo?’. Cuando le pregunté de dónde me conocía, porque ya estaba harta de que me encararan, el tipo me contó lo del chat y huyó despavorido. Eso me hizo entender que había alguien que se estaba haciendo pasar por mí”, remarcó la víctima.
Marina siempre sospechó que detrás de esos episodios podía estar su ex. Hasta contactó a su amigo de la infancia por las redes con el mismo modus operandi. “Esta persona tiene todos los chats guardados. Su ayuda fue fundamental para comprobar que mi ex estaba detrás de ese plan perverso y gracias a él pude hacer la denuncia con las pruebas que me brindó”, contó Marina.
“Este chico lo que hizo fue pedirle un teléfono para concretar el encuentro sexual del que habían hablado en el chat y cuando llamó lo atendió mi ex. Yo estaba al lado de él y escuché perfectamente su voz. Le dijo ‘en realidad no soy Marina pero como ella está enganchada con estas cosas yo me encargo de acercarle propuestas’. Tercerizó la situación pero aceptó todo. La charla quedó grabada y también está en manos de la justicia”, detalló.
La difusión de material íntimo no está considerada un delito (en la Ciudad de Buenos Aires como en otras del interior, por ejemplo, es apenas una contravención), la mujer tuvo que sortear muchos obstáculos legales para llevar la causa..
“Inicialmente fue caratulada como revelación de secretos, que obliga a la víctima a propulsar la investigación penal donde el fiscal actúa como acompañante. Los abogados de mi ex pidieron la nulidad y se la dieron”, admitió la víctima.
Su abogada Julieta Luceri, pudo reflotar la causa enmarcándola en otro delito como amenazas, que también fue declarada nula. “Para ese entonces ya habían pasado 4 años y medio de la primera denuncia y corría el riesgo de que todo se cayera”, reconoció Marina.
Ella tenía un botón antipánico pero él violó la restricción perimetral cuatro veces y hasta le destrozó el auto.
Tuvo que cambiar seis veces el número de teléfono, modificar su nombre en las redes 40 veces, teñirse el color del pelo 8 veces y, por último, hasta dejó de salir y tener vida social.
El juez aceptó otro encuadre propuesto por la fiscalía a raíz de las nuevas pruebas aportadas por Marina: lesiones psicológicas graves y agravadas con el propósito de lograr sufrimiento en el contexto de violencia de género. Este delito contempla una pena de hasta 6 años de prisión.
Marina es abogada, se especializó en Derecho Informatico, sobre todo en delitos relacionados con la violencia de género digital, y actualmente asesora a otras mujeres desde la Fundación Activismo Feminista Digital, de la cual es su directora.
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