Deuda: un paso imprescindible para el futuro de Argentina

El cierre de la negociación de la deuda con los bonistas se esperaba con mucha inquietud por parte de los grandes operadores internacionales. También los empresarios locales lo consideran imprescindible para el despegue económico tras el coronavirus. 

Ponerle el broche al capítulo de la negociación con los bonistas bajo legislación extranjera, por un total de 66.400 millones de dólares, era el hueso más duro de roer en el capítulo de la deuda para el gobierno de Alberto Fernández. Dejar atrás el fantasma del default, que estuvo varias veces hecho carne en la historia económica nacional era el primer eslabón imprescindible para que el país supere la crisis mundial de la magnitud que impone el coronavirus en todo el mundo y que achicaría las posibilidades de atraer inversiones.  

Para Fernández esto es mucho más que cerrar un acuerdo; implica un respaldo político enorme en medio de un momento en que algunas de sus medidas se cuestionan como la nueva extensión de la cuarentena o la falta de detalles sobre el programa económico. En especial, cuando algunos sectores de la oposición cuestionan la reciente Reforma Judicial que acaba de girar al Senado. Ni propios ni ajenos dejarán de aplaudir que haya evitado caer nuevamente en default.

Alivio para los gobernadores  

 

 

Lejos del default, la Argentina recibe una bocanada de aire fresco incomparable. Es el mejor punto de arranque para que la economía se ponga en marcha tras la pandemia ya que el país debe resolver la salida de esta crisis sumada a la que antecede a la pandemia: la recesión que arrastra desde el año pasado. El INDEC viene registrando derrumbes en los niveles de producción de todos los sectores: construcción, industria, comercio desde fines de 2018.  

Lograr un acuerdo con los bonistas además mejora en el mercado internacional la calificación del país; es decir, las condiciones de acceso al crédito para las grandes empresas argentinas que necesitan exportar y vender sus productos al mundo para mejorar sus propias ganancias pero sobre todo para sostener puestos de trabajo en el sector privado y generar divisas, es decir dólares genuinos que en los meses que vendrán se necesitarán como el agua para encorsetar la inflación. 

Los gobernadores sentirán alivio con estas medidas porque para las provincias argentinas también habrá mejores condiciones y predisposición negociadora a la hora de salir al mercado a refinanciarse o reestructurar sus propias deudas.  

 

Ahora, el FMI

 

Este paso no es ni por lejos el último; al Gobierno aún le queda por delante cerrar el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI); el reperfilamiento del acuerdo stand by que negoció el gobierno anterior de Mauricio Macri, y cuyos tramos aunque no se desembolsaron en su totalidad deben devolverse.  

De todos modos en el mercado local e internacional se descuenta que esta negociación sería menos dificultosa y más rápida que la de los bonistas porque es un único interlocutor y no como pasó con los bonistas que estuvieron representados por diferentes grupos. De hecho, el Presidente había proyecto cerrar el acuerdo con el FMI antes que con los bonistas cuando aún la pandemia no había aterrizado en el país.    

 

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