Por Luciano Bugner 
@lucianobugner 

"Y sepan que siempre voy a estar junto a ustedes". Una Plaza de Mayo llena le decía "adiós". Cristina Fernández de Kirchner parecía intuir un "hasta luego". En la noche del 9 de diciembre de 2015 pasó a convertise en calabaza. Nadie, quizá ni siquiera ella misma, pensaba que 1.462 días después volvería a ingresar en la Casa Rosada.

Ese miércoles Cristina dejaba atrás dos mandatos como presidenta. Uno de ellos (2011), electa con el 54%. Eso explicaba la cantidad de gente en Plaza de Mayo y alrededores. Y también explicaba que un paso al costado, al menos en el corto tiempo, no iba a ser fácil.

Pero la política es algo más que votos. Porque, como si se tratara de un tobogán, el apoyo en las urnas la colocaba en las alturas, pero al mismo tiempo la imagen negativa ponía sus pies sobre la tierra. "Con Cristina no alcanza, sin Cristina no se puede", fue el lema en los pasillos del Partido Justicialista. Por eso la unidad se empezó a gestar desde el primer día del gobierno macrista.

Habían pasado tan sólo cuatro meses de su abandono de Casa Rosada cuando Claudio Bonadio la convocó a Tribunales para declarar en la causa por dólar futuro. Tras presentar un escrito en el despacho del juez, la actual senadora y vicepresidenta electa encabezó un acto improvisado en Comodoro Py. "Tenemos que conformar un gran frente ciudadano", pidió ese 13 de abril de 2016. Todavía faltaban más de tres años para la consolidación del Frente de Todos.

Ese año la vio desfilar por los pasillos de Tribunales, lo cual la puso como "víctima de hostigamiento por parte de algún sector del poder judicial", según ella misma describió. Su rol de abuela la llevó a descansar a El Calafate, propiedad en la que más de una vez se vio realizaron allanamientos policiales en el marco de las por las que está siendo investigada. En el mientras tanto, su equipo de comunicación aumentaba las interacciones de CFK en las redes sociales.

El tejido político hizo que el 14 de junio de 2017, en el Instituto Patria, Cristina encabece una reunión con 40 intendentes bonaerenses. El 20, en coincidencia con el Día de la Bandera, la ex presidenta, en un acto en Arsenal, anunció, formalmente, la creación de Unidad Ciudadana, un espacio que dejaba afuera al peronismo de cara a las legislativas de ese año.

El sábado 24, a horas del cierre de las listas, dijo que sería ella la primera candidata a senadora por la Provincia de Buenos Aires. Al poco tiempo de asumir en la Cámara alta, armó un bloque con senadores afines al kirchnerismo. Desde allí protagonizó batallas contra sus pares, teniendo como blancos predilectos a Miguel Ángel Pichetto y a legisladores por Cambiemos.

El 2018 la encontró con problemas de su hija Florencia (desde principios de este año se encuentra internada en La Habana) y, en paralelo, con reuniones y llamadas en secreto con dirigentes peronistas. Ese "gran frente ciudadano" necesitaba un líder. El último 26 de abril publicó "Sinceramente". Con el best seller recorrió el país, pero ya no sólo como senadora.

El 14 de mayo fue al PJ nacional, tras 15 años sin participar en la cumbre del partido. "Armar una coalición grande", insistió. Cuatro días después, un nublado sábado, confirmó a través de las redes sociales la fórmula Fernández-Fernández, triunfante en la noche del domingo.

Cristina Fernández de Kirchner volverá a Balcarce 50. Esta vez, como vicepresidenta.

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