Llegó el momento de la verdad. Este domingo, el pueblo argentino vota por el presente y el futuro. Hay dos opciones que sobresalen: una que preside el actual mandatario y candidato a ser reelegido, Mauricio Macri; la otra, encabezada por Alberto Fernández y una dama ya conocida que ejerció dos veces la Presidencia y ahora se postula como vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner'> Cristina Fernández de Kirchner. En las urnas, el oficialismo se llama Juntos para el Cambio, mientras que la oposición se denomina Frente de Todos.

Macri sumó como vicepresidente a un hombre que saltó del Justicialismo a Cambiemos hace pocos meses. Su nombre: Miguel Ángel Pichetto. Alberto, en tanto, fue jefe de Gabinete de un gobierno muy efectivo a partir de 2003, presidido por Néstor Kirchner, precisamente esposo de la actual postulante a vicepresidenta y fallecido hace nueve años. Recordemos que dos meses antes -en agosto- el dúo de las FF ganó en las PASO por una diferencia aplastante. Este domingo se juegan la vida. 

No obstante, la contundente diferencia le da mayores posibilidades al movimiento nacional y popular agrupado en el Frente de Todos, Macri -como lo repite constantemente- no se rinde y desea llegar al balotaje.

Hay algo que no se puede dejar de mencionar, porque es totalmente real: el país se encuentra en una situación social y económica gravísima que no pudo superar un gobierno que sólo se dedicó a ajustar a la gente y a destruir la industria. Inflación imparable (la más alta de todos los tiempos), despidos constantes, salarios por el piso, tarifazos a cada momento y una pobreza y una indigencia cada vez mayores. Tanto es así que el propio mandatario, después de la derrota de agosto, se enojó y les echó la culpa a quienes ganaron. Lo hizo público y recibió el rechazo de la ciudadanía. Luego pidió disculpas y reiteró a cada paso: “Los escuché... los escuché...”. Hasta ahora, cero.

En los últimos actos renovó el optimismo, porque, sin duda, atrajo multitudes en diferentes lugares. De todas maneras, los que saben señalan que es muy difícil revertir los números. En este nuevo capítulo de los días domingo he pedido a los jefes que me permitan describir esto: si esta noche triunfa Alberto, este cronista podrá señalar que, desde 1946 hasta hoy, ha visto 26 presidentes asumir físicamente.

Si lo reeligen a Mauricio Macri, también ocupará el mismo número, pero con la misma cara. En estos casi 72 años -faltan dos días para cumplir ese tiempo- he tenido la oportunidad de estar mano a mano con las figuras más importantes de la Casa de Gobierno. Cambiemos en este espacio momentos pasados y vamos a algunos anuncios que siempre tenemos guardados en el cofre informativo de Crónica.

26 y “algo más”

Cuando, en 1947, Télam me acreditó en la Casa Rosada, Juan Domingo Perón había asumido la Presidencia un año antes. Después volvió a consagrarse dos veces para la máxima función.

A lo largo del tiempo vi, en este orden (anoten): al general Eduardo Lonardi, al general Pedro Eugenio Aramburu (ambos, presidentes de facto), a Arturo Frondizi, a José María Guido, a Arturo Illia, al general Juan Carlos Onganía (de facto), a Marcelo Levingston (de facto), a Alejandro Agustín Lanusse (de facto), a Héctor J. Cámpora, a Perón por tercera vez, a María Estela Martínez de Perón.

Ahora entramos en la era más negra de la historia argentina: sucesivamente, los generales Jorge Rafael Videla, Roberto Viola, Leopoldo Federico Galtieri y Reynaldo Bignone. Después vuelve la democracia y la encabeza Raúl Alfonsín.

Siguen, mediante el voto, Carlos Menem (dos veces) y Fernando De la Rúa. Y de pronto, el disloque: cinco mandatarios en un lapso de días y horas. Lean: Ramón Puerta, Adolfo Rodríguez Saá, Eduardo Camaño; Puerta nuevamente y -cerrando esos doce o quince días de locura- Eduardo Duhalde, que es consagrado por una Asamblea Legislativa del Congreso de la Nación.

Se llama a elecciones y gana por muy poco Menem, quien resigna al balotaje y habilita la victoria del segundo, Néstor Kirchner un gobernador que viene del Sur traído de la mano de Duhalde. Todo hecho bajo los conceptos fundamentales de la Constitución Nacional. 

Kirchner gobierna cuatro años y le entrega el poder a su esposa, Cristina Fernández de Kirchner'> Cristina Fernández de Kirchner, quien luego es reelegida por el apoyo popular.

Otra vez los comicios demandan la presencia de la ciudadanía en las urnas. Esta vez surge un ingeniero neoliberal que quiere cambiar todo: Mauricio Macri. Hizo una buena labor como gobernador de la Capital. Alguna vez se llamó a este cargo “intendencia”. Ahora cumple su ciclo. Si usted, señor lector, suma, son 25 personas que se sentaron en el sillón de Rivadavia, entre civiles y militares. Los vi. Con algunos tuve algún “mano a mano”. Con otros, muy pocas veces y con menos, casi nada. Pero estuve en cada acto, como lo estaré el 10 de diciembre, si Dios así lo permite, para la asunción del presidente de la Argentina, ya sea el que está ahora o uno nuevo.

Pero hay “algo más”. En medio de todas estas figuras desfilaron otros que por horas o por días reemplazaron a los titulares. Damos nombres: Quijano, vice de Perón en la primera presidencia, lo reemplazó unos días cuando el general estaba enfermo; Luder hizo lo propio cuando a Isabel Perón una fuerte gripe la mantuvo alejada una semana; el general Liendo, ministro del Interior, cubrió la ausencia de Videla, aunque sólo por un día. Lastiri estuvo varios días entre la entrega del poder de Cámpora al Perón. Antes, durante el gobierno del general Lanusse, el brigadier Rey, por ausencia del titular: son detalles, nomás.

Hubo uno que también registró todo el mundo: Federico Pinedo estuvo casi un día como presidente de la Nación esperando la asunción de Mauricio Macri. El humor llegó hasta ese momento, porque la gente se remitió a decir con buen talante: “Es el Presidente que ha tenido más calma y tranquilidad en todos estos días tan agitados”. Sólo restaría señalar como hecho saliente, evidentemente, la entrega del poder a Macri. Debía hacerlo Cristina Fernández, pero existía tanta tensión que no fue y el acto se hizo en el Congreso de la Nación. Reitero: todo eso lo vi en directo por mi trabajo y espero seguir, si me lo permiten.

Y ahora qué...

El presidente Macri pasó el sábado y el viernes unos días de descanso en su quinta de Los Abrojos. Sin embargo, se acercaron a él algunas figuras del ámbito económico para analizar qué pasará el lunes. Se dicen todo tipo de cosas en torno a si Fernández, en caso de ganar, irá a verlo a Olivos. También, si es al revés y Macri lo llama a su rival político.

Algunas fuentes que consultamos aproximan como dato uno que es bastante expectante: estarían preparando un salón especial en Olivos para que ambos tomen un desayuno. Sería muy temprano para que, cuando abran los mercados, no comiencen a moverse los números y el dólar siga subiendo.

Pero además se habla de alguna medida directa, concreta, para apaciguar los ánimos de la gente, que después de los comicios deberá esperar hasta el 10 de diciembre para que asuma, si se da, el nuevo mandatario.

También aparecieron por ese suelo de la quinta de Los Abrojos algunos operadores del Ministerio de la Producción y de la Secretaría de Comercio. Tema: movilizar ya a las pymes y lograr que se detengan los incrementos de alimentos y la desorientación que se ve en estos momentos, cuando los marcadores de precios no tienen ningún empacho en correr las comas para que sigan las subas de valores aprovechándose de la gente. Paren, señores.

En siete días estamos volviendo a estas páginas y el sábado, a las 21,30 nos verán con Jorge Cicuttin en las pantallas de Crónica HD. ¡A votar, viva la democracia!