En agosto de 2019, Juan Martín Lauro decidió emigrar de Argentina hacia Suecia para hacer una maestría de un año en marketing en la Universidad de Lund. El joven dio detalles de su experiencia en el país europeo y contó un lado no tan conocido de vivir en el primer mundo.

La estadía de Lauro se extendió por más tiempo de lo previsto y comenzó a crear una nueva vida allá con el objetivo de crecer profesionalmente.  

“Hubo un conjunto de motivos para irme. Desde lo personal, me motivaba mucho el desafío de adaptarse a un país totalmente distinto, estudiar en otro idioma, de tratar de conseguir un trabajo profesional en Europa y de salir de la zona de confort en la que estaba al trabajar en el sector de operaciones para un banco”, contó en diálogo con LA NACION.

“Yo creo que las personas que deciden irse lo hacen por una combinación de muchos factores. Están los que tienen deseos personales, de desafiarse, conocer algo diferente y estar en otro contexto. No obstante, a mí se me hace que la mayoría están impulsados más que nada por lo externo, opinó el joven.

Se fue de Argentina y cuenta su experiencia viviendo en Suecia

“Uno escucha que afuera parece ser la solución. Si bien es cierto que vivir en el extranjero es una experiencia de vida espectacular en muchos aspectos, también es verdad que se crea una falsa expectativa de que una vez que tomás un avión ahí tu vida mejora radicalmente... hay un poco de fantasía en eso. De todas maneras, el que quiere realmente progresar y toma la decisión, en la mayoría de los casos lo logra”, aseguró.

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Juan Martín Lauro decidió migrar de Argentina hacia Suecia.

Por otro lado, Juan resaltó que en Suecia todos llevan una vida sumamente reservada. “Si bien tanto australianos como suecos son amables y respetuosos, te marcan la distancia. No suelen mezclar las amistades y generalmente tienen un grupo para cada actividad. Normalmente, los vínculos más fuertes se generan con otros ‘expatriados’ que están en una situación similar”, indicó.

En Argentina es muy común organizar reuniones con amigos entre semana o de un día para otro, pero los habitantes de Suecia no se destacan por su espontaneidad: “Acá es todo con planificación. Es muy difícil que puedas planear algo el mismo día o te diría con menos de 3 ó 4 días de anticipación, es imposible. Eso le saca un poco de espontaneidad, porque quizás un día decís: ‘Quiero hacer un asado’. Y en Argentina lo podés hacer. Por lo general ahí la gente te dice que sí, pero acá la gente dice: ‘¿Por qué no en dos semanas?’. Lo mismo pasa con las citas”, ejemplificó.

Pero esa no es la única diferencia, sino que además, basándonos en su experiencia, sostuvo que los habitantes suecos son, en su mayoría, sumamente individualistas. “Por ejemplo, la primera vez que hice un asado acá observé que cada uno compra lo que quiere, no está la figura del asador que en Argentina sí existe. Vos te llevás lo tuyo y cada uno se hace cargo de lo suyo. Tampoco existe eso de compartir la comida, o la ceremonia en sí. No es una crítica la que hago, pero entiendo que son maneras diferentes de vivir, de estar acostumbrado a algo distinto”, explicó.

En la entrevista que dio a LA NACION, Lauro marcó, que otra de las diferencias que observa es la falta de transparencia que hay entre las personas: “Acá en Suecia, por ejemplo, si a alguien no le gusta un comentario que se hace, jamás te lo va a hacer notar en el momento. Directamente, te vas a enterar a las semanas cuando notes que esa persona se comporta diferente con vos (ni te digo si se te pasó transferir 2 euros a alguien)”.

El joven también admitió, que si bien está contento con su estilo de vida y la carrera profesional que está haciendo en Europa, Argentina siempre será su hogar.

 “Los argentinos tenemos nuestros defectos, pero la generosidad, espontaneidad y transparencia son algunas de las cosas que nos definen por excelencia y no valoramos. Hay cosas estructurales que no se pueden negar de vivir afuera: vas a ahorrar dinero, vas a estar más seguro y si estás dispuesto a trabajar ‘de lo que venga’, trabajo hay. Todo eso es real y es bueno saberlo. Aunque también es bueno saber que todo eso no va a hacer tu vida necesariamente mejor, ya que ese desarraigo viene con un costo que uno tiene que estar dispuesto a afrontar. Dependiendo de la etapa de vida de cada uno, ese costo será mayor o menor”, concluyó.