Murió Lolín Rigoni, la Madre de Plaza de Mayo que tenía 100 años y seguía marchando en su ciudad
La vida de Lolin Rigoni cambió a partir del 16 de abril de 1977, cuando detuvieron a su durante un operativo militar en Isidro Casanova y cuatro días después fue hallado muerto.
Una dolorosa noticia recibieron las Madres de Plaza de Mayo con la muerte de Lolín Rigoni, cuyo nombre real era Dolores Noemí López Candal de Rigoni, y quien falleció a los 100 años en la madrugada de este martes, según lo comunicado por su entorno familiar. A pesar de su avanzada edad, hasta marzo pasado participó de las rondas de los jueves en el monumento a la madre en la ciudad de Neuquén.
El 16 de abril de 1977, Roberto Daniel Rigoni, el mayor de sus tres hijos, estaba con un grupo de militantes en una casa de la localidad bonaerense de Isidro Casanova, donde fue detenido durante un operativo militar, y cuatro días después, su cuerpo apareció tirado en la ruta provincial 21, a la altura de González Catán.
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Desde ese momento la vida de Lolín y su esposo Helvecio Alberto “Toto” Rigoni cambió para siempre, especialmente para Lolín que comenzó a tener contactos con otras mujeres que estaban viviendo un drama similar, ya que eran historias que se repetían y lastimaban con el mismo dolor.
Junto a Inés Ragni, Adelina Pons de Pifarre, Aisa Passarini de Peralta, Josefina Lepori de Mujica, Zara Maritana Dehai de Arrazola, Feliciana Alcampan de Pichulman, Lila Julia Garnero de Vecchi y María Luisa Jacobo de Tronelli constituyeron en Neuquén y Río Negro, el grupo originario de Madres.
La muerte que cambió la vida de Lolín RigoniA diferencia de otras familias que sufrieron el mismo drama, los Rigoni libraron una batalla aparte para recuperar el cuerpo de su hijo, cuyo fallecimiento fue notificado oficialmente en diciembre de 1980.
El penoso trámite duró cuatro años desde su muerte, hasta que finalmente Roberto fue inhumado en Neuquén el 25 de abril de 1981. Sus restos descansaron durante algunos años en el panteón que la familia Sapag tenía en el Cementerio Central de Neuquén y finalmente fueron cremados.
Aun con el retorno de la Democracia, el trabajo de Lolín fue incansable, de hecho, participó en centenares de actos representando a miles de madres, y en los posteriores juicios contra militares y civiles que tuvieron responsabilidad en numerosos crímenes de lesa humanidad.
En cada marcha por el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 en Neuquén, Lolín junto a Inés Ragni estuvieron presentes, como un ejemplo de la lucha incansable por los derechos humanos.

