¿CONOCÉS?

Ni Jordán ni Río Hondo: el destino escondido del Norte argentino que fue elegido entre los mejores pueblos rurales del mundo

Este rincón del Norte argentino se convirtió en una escapada imperdible para quienes buscan tranquilidad, naturaleza y cultura auténtica. Reconocido entre los mejores pueblos rurales del mundo, ofrece paisajes maravillsos de Quebrada y una experiencia diferente a la de los destinos más populares.

En el Norte argentino hay una escapada que viene ganando reconocimiento internacional, aunque para muchos sigue siendo un secreto bien guardado. Rodeado de cerros, con aguas termales naturales en la cercanía y una calma que invita a frenar, este pueblo fue elegido entre los mejores destinos rurales del mundo.

Ni Jordán ni Río Hondo, esta opción menos conocida es ideal para quienes buscan sumergirse en un paisaje auténtico de Quebrada, disfrutar de la simpleza del entorno y vivir una experiencia distinta, lejos del turismo masivo pero cargada de bienestar y tradición.

El pueblito rural con paisajes soñados para descansar
 El pueblito rural con paisajes soñados para descansar
 El pueblito rural con paisajes soñados para descansar

En la provincia de Jujuy, lejos de los caminos más transitados, se encuentra San Francisco de Alfarcito, un pueblito pequeño y tranquilo que parece detenido en el tiempo. Está en el departamento de Cochinoca, a más de 3.500 metros de altura, y muy cerca de la Laguna de Guayatayoc, un lugar que le suma magia al paisaje con su espejo de agua rodeado de montañas. Llegar hasta ahí es toda una aventura, pero el silencio y la conexión con la naturaleza hacen que valga la pena cada kilómetro.

Aunque no ganó, Alfarcito fue nominado por la Organización Mundial del Turismo como uno de los pueblos rurales más auténticos y con más potencial en el mundo, por su compromiso con un turismo comunitario y sostenible. Sus casas de adobe, las calles de tierra y las tradiciones que siguen vivas hacen que sea un refugio especial para quienes quieren alejarse del ruido y la velocidad de la vida diaria. El nombre viene de la alfalfa que se cultiva desde siempre, y la iglesia del pueblo, dedicada a San Francisco de Asís,  la levantaron entre todos, allá por los años cuarenta. 

Para los que se animan a descubrirlo, hay muchas cosas para hacer: Caminar por sus senderos rodeados de cerros, visitar la capilla del pueblo o simplemente sentarse a mirar cómo cambia el día. Muy cerca están las Termas de Jordán, con sus aguas calientes naturales perfectas para relajarse después de un largo paseo. Además, la laguna ofrece la oportunidad de ver aves como flamencos y guayatas, especialmente en ciertas épocas del año.

 Laguna de Guayatayoc
 Laguna de Guayatayoc

El paisaje invita a vivir con calma y a disfrutar de la naturaleza sin presiones. En algunos momentos, el pueblo se llena de música, bailes y comidas típicas, y en otros, solo se escucha el viento y se ven las estrellas como en pocos lugares. Es ideal para quienes buscan una escapada genuina, sencilla y auténtica.

Para alojarse, hay casas familiares que abren sus puertas con mucha calidez. Allí preparan comidas caseras, pan fresco y reciben a los visitantes como si fueran parte de la familia. No esperes grandes hoteles, sino ese tipo de experiencia que te deja con ganas de volver.

Esta nota habla de: