Ni Uribelarrea ni Areco: el pueblo "secreto" donde la pastelería es la gran protagonista
A solo una hora de la ciudad, este rincón bonaerense sorprende con sus sabores artesanales y un encanto que invita a hacer una escapada perfecta para disfrutar de una merienda inolvidable.
El fin de semana se presenta como una oportunidad perfecta para pasear en familia o con amigos. De hecho, las escapadas son una excelente alternativa para pasar un momento ameno, conectar con la naturaleza y darse el gusto de comer algo rico sin ir demasiado lejos.
Dentro de los destinos disponibles en el territorio bonaerense, muchos logran unir estos tres puntos y ofrecen propuestas que invitan a disfrutar de un viaje completamente inigualable, ideal para quienes buscan cambiar de aire, aunque sea por unas horas.
Uno de estos sitios se encuentra a solo 60 minutos de CABA y es reconocido como el mejor lugar para merendar. Además, su circuito gastronómico sorprende con tortas, masas finas y un sinfín de delicias dulces que convierten cualquier visita en un verdadero festín para los amantes de la pastelería artesanal.
Un rincón con encanto y dulzor a un paso de la CiudadUbicado en el partido de Pilar, dentro de la provincia de Buenos Aires, este pequeño pueblo bonaerense ganó un lugar en el mapa turístico por su tranquilidad y su propuesta gastronómica artesanal que combina diferentes sabores argentinos.
Llegar es sencillo tanto en auto como en transporte público. Desde CABA, se puede tomar la Autopista Panamericana (Ruta Nacional 8) hasta el acceso a Pilar y luego continuar por caminos internos hacia la localidad. Además, se encuentra cerca de destinos turísticos reconocidos como San Antonio de Areco, Capilla del Señor y Luján, lo que permite planificar una ruta más amplia de turismo rural.
Manzanares se caracteriza por sus paisajes de llanura típicos de la pampa húmeda, con amplios campos verdes, arboledas añejas y cielos despejados que invitan al descanso visual. Su entorno natural, acompañado por el canto de aves y la baja circulación de vehículos, ofrece un respiro para quienes buscan desconectar del ritmo urbano.
Por otro lado, este pueblo conserva costumbres tradicionales bonaerenses, como ferias de productos regionales, festivales criollos y celebraciones religiosas en su iglesia principal. La vida cotidiana transcurre sin apuro, y la relación entre vecinos y productores locales genera un clima de calidez que atrae a quienes valoran la vida de pueblo.
El visitante puede recorrer sus calles tranquilas, disfrutar de circuitos gastronómicos y participar de caminatas rurales o paseos en bicicleta. En los alrededor de la localidad, abundan las quintas o casas de campo que invitan a vivir una experiencia rural inmersiva y con típicas actividades del área.
Si hay algo que distingue a este pueblo es su oferta de pastelería artesanal, que se convirtió en un verdadero imán para visitantes de toda la provincia. Las tortas caseras, alfajores, medialunas de manteca y masas finas son elaboradas con recetas tradicionales que pasan de generación en generación.
Los fines de semana, cafeterías y casas de té reciben a familias y grupos de amigos que buscan una merienda diferente, rodeada de naturaleza y tranquilidad. Este circuito dulce es uno de los motivos por los que muchos consideran a la localidad como el mejor destino para disfrutar de la hora del té cerca de Buenos Aires.
Caminar por sus calles de tierra y observar sus casas bajas con fachadas históricas transmite la sensación de haber viajado varias décadas al pasado. La ausencia de grandes comercios, el silencio de las siestas y el paisaje rural lo convierten en un verdadero pueblo detenido en el tiempo, ideal para quienes buscan desconexión total.
Elegir este rincón bonaerense es apostar por la tranquilidad, la buena gastronomía y el contacto con la naturaleza a menos de una hora de la ciudad. Es perfecto para una merienda inolvidable, un paseo de un día o una experiencia de turismo rural sin grandes traslados ni gastos excesivos.

