Ni Villa Langostura ni Bariloche: el pueblo escondido entre la cordillera que se destaca por su producción de fruta
Ideal para una escapada distinta, este rincón poco conocido entre montañas sorprende con paisajes soñados y una tradición frutícola que lo hace único en la región. Lejos del turismo masivo, ofrece calma, sabores locales y naturaleza en estado puro.
Cuando se piensa en una escapada al sur, la mayoría imagina Bariloche o Villa La Angostura. Pero entre la cordillera hay un pequeño pueblo que, aunque pasa desapercibido para muchos, guarda un encanto especial, rodeado de montañas y con un aire tranquilo que invita a quedarse, es un destino perfecto para quienes buscan algo más íntimo y natural.
Además de sus paisajes de postal, el lugar se destaca por algo que lo hace único: su producción de frutas finas. Frambuesas, moras, guindas y dulces caseros forman parte de la identidad de este pueblo que supo mantener su esencia lejos del ruido turístico. Así, tiene oculto también uno de los laberintos más grandes de Latinoamérica, lo que despierta la curiosidad de los más aventureros.
El pueblo de ensueño escondido en la Patagonia que tenés que visitarUbicado en el noroeste de Chubut, entre montañas que parecen abrazarlo, El Hoyo es uno de esos pueblos que no suenan tanto, pero que cuando los conocés, te roban el corazón. Está a un paso de El Bolsón, rodeado de naturaleza en estado puro: ríos helados y transparentes, caminos de tierra que suben y bajan, y ese silencio que solo se rompe con el canto de los pájaros. Es ideal para frenar un poco, desenchufarse y disfrutar de la tranquilidad.
A este lugar se lo conoce como la “Capital Nacional de la Fruta Fina”, y no es casualidad. Desde hace generaciones, las familias del pueblo cultivan frambuesas, moras, guindas, cerezas y más, con un amor que se nota en cada producto. En verano, muchas chacras abren sus puertas para que vos mismo puedas cosechar la fruta y probarla ahí nomás, recién salida de la planta. Todo eso se corona con la Fiesta Nacional de la Fruta, que llena de alegría y sabores el verano cordillerano.
Pero no es solo su fruta, si te gusta caminar o descubrir rincones únicos, podés visitar la Catarata Corbata Blanca, escondida entre los árboles, o llegar hasta el Desemboque, donde el río Epuyén se encuentra con el lago, en un paisaje que te deja sin palabras. Y si querés playa, Puerto Patriada te espera con aguas tranquilas, bosque y la posibilidad de pasar un día entero entre mates, kayak y siestas al sol.
Otra parada imperdible es el Laberinto Patagonia, que queda a muy pocos minutos y es el más grande de Sudamérica. Es divertido, distinto y te saca sonrisas sin darte cuenta. Además, si tenés ganas de seguir paseando, podés cruzar a El Bolsón o seguir camino hasta Lago Puelo. Todo queda cerca y vale la pena y lo mejor de esta zona es que podés moverte sin apuro, disfrutando cada parada.
Así, cuando cae el sol, hay cabañas lindas, campings bien cuidados y hospedajes con vista a las montañas que son un mimo al alma. Para comer, la propuesta es sencilla, pero riquísima: comida casera, cerveza artesanal, dulces hechos ahí mismo y pan de masa madre que parece salido del horno de la abuela. Es un lugar que no necesita grandes lujos para enamorarte. Solo hace falta llegar y dejarse llevar.

