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¡Pasalo a leña! Tras la desregulación, la suba de la garrafa cambia hábitos: ¿Cuáles son los peligros?

La desregulación del precio complica a los habitantes de los barrios populares, ¿cómo hacemos para pasar el frío en la era de Javier Milei?

Echan fuego por la garrafa, no por un problema de conexión, sino por la desregulación de los valores del Gas Licuado de Petróleo (GLP), que días atrás se confirmó a través del Boletín Oficial. La liberación de los costos, si bien la resolución gubernamental establece un precio de referencia de más de 8.000 pesos, catapultó al valor de la garrafa, de 10 kilos, a un mínimo de 11.000 pesos. Sin embargo, dicho monto varía según la localidad, y en algunos puntos del país asciende a los 20.000 pesos, tornando inaccesible a dicho recursos. Por eso, en muchos hogares se reemplazó el gas envasado por la leña para diferentes quehaceres.

Suba de las garrafas: efectos colaterales

"Vivimos en una casilla y, si no prendemos la salamandra no se puede estar acá", reconoció Claudia, que reside en Melchor Romero. Allí también lleva adelante una copa de leche, llamada Los Lobitos de Romero, que habitualmente recibe a 120 niños, aunque ella misma admitió que "son cada vez más pero trato que a todos les alcance". Como la propia mujer dejó en claro, "es todo a pulmón", y por ende la mercadería y los insumos resultan insuficientes. Entre ellos, la garrafa, que repone de a dos o tres veces por mes, y que emplea exclusivamente para prepararles la merienda a los pequeños que concurren a su entidad benéfica. No obstante, cuando el gas comienza a escasear emplea leña para preparar la chocolatada, y también en afán de calefaccionar su casa.

En ese contexto de serias dificultades, Claudia planifica celebrarles el Día del Niño a los cientos de nenas y nenes que frecuentan su iniciativa, más allá que su fecha ya pasó, cuando reúna los juguetes, golosinas y demás elementos esenciales para el festejo. Por lo tanto, acude en ayuda, que se puede brindar llamando al (221) 497-0099. Y también recurre a la solidaridad Daniela, que reside en Paraná, y también dio su número de teléfono: (343) 154630504. "Vivo con mi mamá, que tiene problemas en la columna y artrosis en la rodilla y en la cadera. Ella cobra la jubilación mínima, y como sufre diabetes, debe comer comida especiales y, a veces, no tenemos". Por si fuera poco, requiere de gas envasado, el cual adquiere a 13.000 pesos, y por eso restringe su uso, para sólo comprar una garrafa por mes.

Débora hace lo propio en General Rodríguez, donde vive junto a sus dos hijos, y para mantenerlos limpia casas vecinas. "Soy celíaca, por eso uso mucho la cocina y el horno para elaborar el 80% de mi dieta, ya que en el mercado los alimentos libres de gluten son caros. Así que elaboro mis propios panes, quesos, dulces, galletas, budines, etc". Todavía le dura la garrafa que compró la semana pasada a 9.500 pesos, pero ya prepara los $11.500 que exigen los comercios cercanos por cada unidad. Ella no sólo recurre a dicho recurso en la elaboración de sus comidas, sino también para combatir las bajas temperaturas, encendiendo el horno.

Privaciones

En los humildes inmuebles que se ubican en los pasillos H, I, L del barrio Ramón Carillo, en Villa Soldati, escogen abrigarse, o soportar el frío como se pueda, dado que no disponen de una garrafa, por la simple razón de resultarles imposible comprarlas: allí se ofrece a 20.000 pesos. Entonces, aseguró Virginia Cáceres, referente del mencionado barrio: "la gente usa carbón o leña para cocinar, y algunos como estufa". Muchos deciden afrontar el peligro, con el afán de climatizar sus ambientes, sobre todo en los barrios de emergencia, donde muchos aprovechan la conexión clandestina a luz, y entonces emplean las estufas y los hornos eléctricos, con el fin de prescindir del gas.

Justamente en el Barrio 31, de Retiro, vive Marta, que consideró que la desregulación de los precios "es significativa para nosotros y lamentable porque nos afecta muchísimo, ya que nuestros sueldos son bajos y la mayoría trabaja en la precariedad. Esto repercute muchísimo, y es muy triste".

Una muestra más que el ajuste se encarna en los sectores menos pudientes, quienes siguen privándose de servicios habituales, como el gas, para reemplazarlo, con profunda resignación, por uno mucho más rudimentario y prehistórico como el fuego a leña, y echan humo, no por la combustión, sino por la marginación que genera los flamantes valores de la garrafa.

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