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Un desierto blanco que parece de otro planeta y está en el corazón de Argentina

Entre reflejos infinitos, cielos espejados y un silencio que lo cubre todo, este paisaje argentino parece sacado de un sueño. 

Los “desiertos blancos” existen, y la Argentina cuenta con más de una decena de salares que conforman ecosistemas de gran valor ambiental y turístico. Estos impresionantes mantos de sal cristalizada no solo son testimonio de la fuerza de la naturaleza, sino también escenarios perfectos para quienes buscan una aventura distinta.

En los últimos años, estos espacios naturales crecieron en popularidad gracias a sus curiosidades geológicas, paisajes fotogénicos y la sensación de inmensidad que transmiten. Allí, el silencio y la pureza del ambiente ofrecen una experiencia tan introspectiva como inolvidable.

Un paisaje blanco infinito que deslumbra en el centro de Argentina

Las Salinas de Ambargasta son un extenso salar ubicado entre las provincias de Santiago del Estero y Córdoba, en el corazón del noroeste argentino. Este paraje natural, considerado uno de los secretos mejor guardados del país, se extiende sobre miles de hectáreas que en épocas de sequía se transforman en un verdadero mar blanco.

Desde la ciudad capital santiagueña, se encuentran a unos 220 kilómetros. Se puede acceder tomando la Ruta Nacional 9 hasta Ojo de Agua y luego empalmar con la Ruta Provincial 13 hacia el suroeste. El camino es de ripio en algunos tramos, por lo que se recomienda ir en vehículo alto o 4x4.

Muy cerca se encuentran los pueblos de Sumampa y Los Telares, ideales para hacer base antes de la excursión. También puede combinarse el recorrido con una visita al Parque Nacional Quebrada del Condorito o al embalse de Río Hondo, ambos atractivos de gran interés turístico.

Este salar es una de las mayores cuencas endorreicas del país, donde la evaporación del agua salobre genera una gruesa costra blanca que cubre todo el paisaje. En el horizonte se observan pequeñas elevaciones y cerros bajos que contrastan con la llanura resplandeciente.

El salar se extiende por un territorio que incluye parte de las Sierras de Sumampa y Ambargasta. Al norte, se encuentra una llanura de inundación asociada al río Dulce, que aporta humedad en determinadas épocas y genera un microclima particular en la región.

La inmensidad del salar se pierde en el horizonte, un escenario que cambia de tonalidad según la luz del día. 
La inmensidad del salar se pierde en el horizonte, un escenario que cambia de tonalidad según la luz del día. 

Aunque parece un entorno árido, en los bordes de las salinas habitan flamencos, zorros, lagartos y aves migratorias, que aprovechan los espejos de agua temporarios. La flora autóctona, resistente a la salinidad, está compuesta por jarillas, retamas y algarrobos dispersos, que completan el ecosistema.

El sitio invita a realizar fotografía de paisajes, avistaje de aves, caminatas guiadas y excursiones en vehículos 4x4. También es un excelente escenario para disfrutar del atardecer o practicar astroturismo, ya que la baja contaminación lumínica permite contemplar el cielo estrellado en todo su esplendor.

Atardeceres dorados, espejos de agua y cielos infinitos: una postal perfecta para los amantes de la naturaleza y la fotografía. 
Atardeceres dorados, espejos de agua y cielos infinitos: una postal perfecta para los amantes de la naturaleza y la fotografía. 

Dada la dificultad del acceso y las características del terreno, es aconsejable contratar guías locales que conozcan bien la zona y puedan garantizar la seguridad del recorrido. Además, se recomienda llevar agua, sombrero, protector solar y calzado cómodo.

Hay que visitar las Salinas de Ambargasta porque representa una de las postales más impactantes del norte argentino, un lugar donde el silencio domina y el paisaje parece salido de otro planeta. Visitarlo es reconectarse con la naturaleza más pura y descubrir un rincón que, aunque aún poco explorado, deja una huella imborrable.

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