Cada día se interna un niño por riesgo suicida en la Ciudad: el 55 % tiene menos de 15 años
Por cada suicidio hay entre 10 y 20 intentos. Alerta por el aumento de internaciones y falta de políticas de prevención y cuidado.
Los números suelen vincularse con la frialdad del cálculo, pero hay estadísticas que conmueven. Cada 24 horas, al menos un niño, niña o adolescente es internado por intento de suicidio en la Ciudad de Buenos Aires. La cifra no surge de una percepción social ni de un estudio aislado, sino de un informe detallado del Ministerio Público Tutelar (MPT), elaborado junto al Órgano Nacional de Revisión de Salud Mental (ORN) en el marco del Mes de la Salud Mental.
El documento, basado en 596 internaciones notificadas en 2023, refleja una tendencia sostenida y preocupante: el aumento de las hospitalizaciones por riesgo suicida dentro del sistema sanitario porteño. Lejos de tratarse de casos aislados, los datos cristalizan un patrón social y sanitario que afecta sobre todo a niñas, adolescentes mujeres y jóvenes menores de 15 años.
¿Qué lleva a estos chicos a decisiones tan críticas? Es una pregunta que actualmente cruza a las instituciones escolares y al Estado. El tema no es para menos, según la Organización Mundial de la Salud(OMS), por cada suicidio hay entre 10 y 20 intentos.
Pero no es todo, el suicidio es la cuarta causa de muerte entre adolescentes de 15 a 19 años en el mundo. En América Latina, el fenómeno creció un 20 % en la última década, impulsado por la desigualdad, la violencia y la falta de servicios preparados para dar respuesta.
Puntualmente, en la Argentina, los registros del Ministerio de Salud de la Nación muestran que las tasas de suicidio adolescente se duplicaron entre 2010 y 2020. “El aumento relativo de notificaciones motivó este estudio. Los datos hasta hoy muestran que la curva no baja", explicó el doctor Andrés Tate, integrante del equipo de Salud Mental del MPT.
El informe del Ministerio Público Tutelar al que tuvo acceso Crónica revela una tendencia tan clara como alarmante. Casi la mitad de las internaciones por riesgo suicida —48,3 %— corresponde a adolescentes de entre 13 y 15 años, mientras que el 43,6 % son jóvenes de 16 y 17, y un 6,6 % son niñas y niños menores de 12, el grupo más vulnerable y menos visibilizado. En materia de género, los datos repiten un patrón que se observa a nivel internacional: las adolescentes mujeres son quienes registran más intentos de terminar con sus vidas, mientras que los varones concentran los casos consumados, por el uso de métodos de mayor letalidad. En la Ciudad de Buenos Aires, el 77,2 % de las internaciones corresponde a mujeres, el 20,6 % a varones y el 1,5 % a personas trans o no binarias, una distribución que confirma la necesidad de políticas de salud mental con perspectiva de género y acompañamiento específico para las infancias y juventudes.
Otro dato que el informe visibiliza es la desigualdad en las tareas de cuidado. En el 63 % de los casos, fueron mujeres —madres, abuelas o hermanas mayores— quienes acompañaron a los adolescentes durante el proceso de internación. La presencia paterna fue mínima. “Esta asimetría refuerza la necesidad de políticas públicas que aborden el cuidado con perspectiva de género y garanticen apoyo a las familias que enfrentan situaciones de crisis emocional en niñas, niños y adolescentes”, detalla el documento del MPT.
Esta sobrecarga emocional y social sobre las mujeres repite una constante: el cuidado de la salud mental infantil sigue siendo un trabajo invisible, no remunerado y poco acompañado por las instituciones, que muchas veces no cuentan con las herramientas necesarias para la detección temprana.
El mal silenciosoLos especialistas coinciden en que el incremento del riesgo suicida en las infancias no puede entenderse sin pensar el contexto de crisis económica, desigualdad y aislamiento que enfrenta la sociedad. El deterioro del poder adquisitivo en las casas, sumado a el desempleo de los adultos y el aumento del estrés familiar inciden en el bienestar emocional de los chicos.
A eso se suma la brecha digital y el impacto de las redes sociales en la autoimagen adolescente, en un cóctel que atenta contra sus vidas: la exposición a discursos de odio, bullying o violencia simbólica agrava los cuadros de ansiedad y depresión. “El sufrimiento adolescente hoy tiene múltiples causas. Las redes amplifican el malestar, la escuela no siempre tiene herramientas para detectarlo y los equipos de salud mental están saturados”, sintetiza la psicóloga Patricia Gómez a este medio.
Sin respuestas, con más ansiedad y menos perspectivas de futuro, los pibes empiezan a mostrar las marcas del sufrimiento social. Casi el 90 % de las internaciones analizadas se explican por ideación suicida o intento de terminar con sus vidas, siendo la sobredosis medicamentosa el método más habitual.
Otro dato alarmante aparece en el grupo de menores de 12 años, donde se registró una frecuencia creciente de intentos con métodos de alta letalidad. En el documento lo define como una “señal de alarma urgente” que requiere detección temprana en escuelas, centros de salud y espacios comunitarios, con programas de intervención inmediata.
El desafío institucional: urgen políticas de EstadoPara el psicólogo Daniel Levy la adolescencia actual “transita un contexto de hiperexigencia y sobreexposición emocional” donde “la frustración, el aislamiento y la violencia digital agravan los cuadros depresivos”. Frente a esta realidad, ¿cuál es la respuesta en el sistema de salud? Mientras el 60,9 % de las internaciones se produjo en hospitales públicos y el resto en clínicas privadas. Aunque el sistema estatal absorbe la mayoría de los casos, faltan recursos especializados suficientes. Según los especialistas, en muchos hospitales la internación se convierte en un espacio de contención transitoria, sin seguimiento clínico ni social posterior al alta, lo que aumenta el riesgo de reincidencia.
El médico Fernando Zingman, pediatra y especialista en salud adolescente, asegura que “la internación debe ser la última instancia, no la primera respuesta y que la detección temprana en los ámbitos educativos y comunitarios puede evitar la escalada hacia conductas autolesivas”.
Hasta hace una década, el suicidio adolescente era un tema silenciado. La sanción de la Ley Nacional de Salud Mental (26.657) en 2010 marcó un cambio de paradigma, al reconocer la salud mental como parte integral de la salud general y establecer que las internaciones deben ser excepcionales y con enfoque de derechos.
Sin embargo, en la práctica, la aplicación de esa norma sigue siendo desigual. En muchas jurisdicciones, los dispositivos comunitarios no existen o no tienen recursos, lo que genera una contradicción: se desaconsejan las internaciones, pero no hay alternativas efectivas para evitar la crisis. El informe del MPT llega en un contexto donde los profesionales denuncian falta de presupuesto, desarticulación institucional y precarización laboral en los equipos de salud mental.
Números, cifras, valores… ¿Cuál es el costo de no ver la urgencia? está llegando el tiempo de que la la política pública piense de una manera más integral de salud mental infanto-juvenil, fortaleciendo la articulación entre escuelas, hospitales, organismos de niñez y áreas de desarrollo social, con foco en la prevención, la escucha activa y la formación de equipos interdisciplinarios. Muchas vidas dependen de eso.

