Comedores populares alertan una crisis alimentaria: "Estamos desbordados, la gente con hambre nos toca el timbre a cualquier hora"
Crónica habló con responsables de establecimientos comunitarios. Además, dialogó con una mujer con cuatro hijos chicos que lamentó: "A veces nos vamos a la cama sin comer". Conocé detalles sobre una protesta con la instalación en el AMBA de 100 ollas populares contra el hambre.
Por Juan Bernardo Domínguez
@juanbjd
Los comedores populares, al igual que los merenderos comunitarios, constituyen desde hace mucho tiempo un auxilio fundamental de las personas que están en la indigencia y en la pobreza. Un apoyo crucial para los sectores más postergados del país. Pero, en los últimos meses, la agudización de la crisis económica multiplicó la cantidad de sus asistentes.
Los más necesitados buscan ni más ni menos un derecho, la alimentación, que en muchos casos no pueden ejercer por políticas estatales deficientes o que tienen otras prioridades. Buscan un plato de comida caliente o una taza de mate cocido con un trozo de pan. No mucho más. Una cuestión que no entiende, ni tiene por qué, de déficits fiscales ni recetas de ajuste.
Responsables de comedores populares contaron este jueves en diálogo con crónica.com.ar cómo los vecinos colaboran de manera solidaria con la donación de alimentos y otras ayudas, debido al escaso o nulo apoyo estatal. Pero no alcanza para contener el hambre.
Además, dijeron que las cantidades de comida que, hasta no hace mucho tiempo ofrecían a chicos, ahora los menores deben compartirla con sus respectivos padres.
“Estamos desbordados, la gente con hambre nos toca el timbre a cualquier hora”, advirtió la responsable de un comedor popular de CABAMónica Ruejas, de 51 años, está al frente del comedor popular “La nueva esperanza”, situado en la zona de Los Piletones, del barrio porteño de Villa Soldati. Más precisamente, en la calle Esperanza 3777.
“Nosotros estamos acá desde 1984. Comenzamos con el Movimiento Popular La Dignidad (MPLD) y logramos ser reconocidos por el Gobierno porteño hace 20 años”, recordó la mujer en contacto con este medio.
Ruejas aseguró que la situación actual es alarmante. “Estamos desbordados, la gente con hambre nos toca el timbre a cualquier hora”, lamentó.
La mujer agregó: “No alcanza la comida hoy más que nunca. El Gobierno de la Ciudad nos da 700 raciones por día y nosotros servimos más de 800 platos por día. Es increíble. De la Nación no recibimos nada; antes sí se nos daba”. Aludió así a la llegada a la presidencia de Javier Milei.
Contó que esas 100 raciones de diferencia tratan de ser cubiertas con “donaciones de vecinos” y otras personas con las que se contactan por redes sociales. Pero “a veces no alcanzan”, sostuvo. “Hace poco, un negocio quebró y su dueño nos donó lo comestible”, rememoró.
Ruejas contó luego casos tremendos de jubilados que, “deben elegir entre pagar su medicación o su comida”, ante lo que optan por los remedios y concurren en búsqueda de alimento al comedor “La nueva esperanza”.
“Otras personas me dicen: ‘Pago el alquiler o compro comida’. Nosotros vemos casos de gente que no consigue empleo, que está todo el día buscando y, por la noche, nos toca el timbre”, finalizó.
“A veces nos vamos a la cama sin comer”: la dura realidad de una mujer con cuatro hijos chicosMaría Acosta (45) tiene cuatro hijos de edades que van de los 8 a los 18 años. Está desempleada y vive en la zona de Zavaleta, en el límite de los barrios porteños de Barracas y Nueva Pompeya.
“A veces nos vamos a la cama sin comer”, lamentó en diálogo con este medio la mujer, quien contó que el padre de sus hijos permanece “detenido”, lo que explica que ella sea el único sostén de familia.
Acosta sostuvo: “Estoy desesperada. Me acaban de subir el alquiler de la vivienda de $70.000 a $100.000 y no tengo para pagar eso. No sé qué voy a hacer”. Se refirió así a un pequeño espacio que habita junto a sus hijos.
La mujer detalló que, de lunes a miércoles, realiza una tarea de recicladora, a cambio de la cual recibe de parte del Gobierno porteño “mercadería”. Y que, en esos días, no puede asistir al comedor popular de la zona, "Sabor a Soberanía", situado en la calle Iguazú 1453.
“Atienden después de las 12; por eso, cuando estoy con lo del reciclado no puedo ir. El resto de los días voy. Antes pedía alimentos sólo para mis hijos; porciones para cada uno. Ahora lo hago también para mí. La mayoría de las veces nos dan guiso”, cerró Acosta.
Cien ollas populares fueron distribuidas simultáneamente desde las 12 de este jueves en distintos puntos del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), y las cabeceras se instalaron en Plaza Once, en la Ciudad de Buenos Aires; y en el cruce de las calles 7 y 50, en La Plata.
La manifestación era coordinada por el MPLD, que integra la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP).
La organización, en un comunicado emitido poco antes de la protesta, advirtió que, "en un contexto donde quieren instalar cómo única salida el individualismo, el famoso 'sálvese quien pueda' y la Teoría del Derrame, donde nada queda claramente para 'lxs' más humildes, invitamos a bancar la olla, porque debemos responder el horror y la crueldad de Milei con solidaridad, compromiso y lucha".
En el mismo parte informativo, Rafael Klejzer, dirigente del MPLD, sostuvo que, "en un país productor de alimentos, que falte comida en las casas es tan criminal como lo son todos aquellos que, teniendo la posibilidad de resolver las condiciones de vida del pueblo, no lo hacen".
Y finalizó: "En estos momentos de miseria, o sos parte de la solución o sos parte del problema".

