El amor y el sexo en tiempos de "vacas flacas"
¿Cómo afecta la economía de una pareja en sus relaciones íntimas? Crónica consultó a especialistas, quienes confirmaron que la situación financiera condiciona cada vez más el pulso del deseo sexual.
La intimidad es, según la opinión de distintos especialistas consultados por Crónica, la esencia de una relación y una fuerza que se motoriza fundamentalmente por emociones que suelen experimentar altos y bajos de acuerdo con las circunstancias personales, siendo las vinculadas a las situaciones profesionales, laborales y económicas las que mayor influencia suelen sobreponer al deseo sexual.
Se trata, en rigor, de un obstáculo que los facultados en sexología aconsejan superar mediante el diálogo, la comunicación, la comprensión y, por sobre todas las cosas, mediante la conexión de pareja. "La situación económica es un factor más que puede influir en la vida sexual, porque la sexualidad es emociono-dependiente, y por ende, altamente vulnerable a cada situación que afecta a la persona", señaló a Crónica Silvina Lizarraga, sexóloga clínica.
El peso de la economía personal, familiar y hogareña está estrechamente vinculado a la relevancia que uno de los miembros de la pareja, o ambos, le adjudican a dicho aspecto. En este sentido, la sexóloga Analía Urretavizcaya dejó en claro en diálogo con Crónica que "la vida sexual de la pareja va a estar determinada por lo económico, dependiendo de cómo se lo toma cada persona". En el caso que el poder adquisitivo se torne de suma preocupación, desencadena depresión o ansiedad, algo que daña el sexo en la relación.
No obstante, el aspecto monetario tiene mayor determinación en aquellos vínculos amorosos no convivientes, según reveló Urretavizcaya. La especialista en sexología agregó: "Es probable que la crisis económica de alguno o ambos dificulte la posibilidad de los encuentros. Hay personas que viven lejos y tienen mucha carga horaria, los costos de encontrarse no se pueden afrontar y posponen frecuentarse".
Esta inquietud que culmina cristalizándose en angustia y que frecuentemente resulta más manifiesta en el hombre, según consideró Lola Caballero Rueda, psicoanalista y sexóloga. La profesional también remarcó: "A los varones les afecta mucho más su presente laboral. Las mujeres no se sienten menos lindas si pierden el trabajo, por ejemplo". A su vez, Rueda Caballero reconoció que la economía predomina en los ánimos de aquellos que no tienen apremios materiales, pero la ambición y las exigencias profesionales les quitan tiempo a los encuentros sexuales.
Ante las oscilaciones emotivas y las sensibilidades que potencian el dinero y el empleo, Lizarraga aseguró que "la comunicación es fundamental en la sexualidad, porque cuando uno puede contarle al otro qué le pasa, genera conexión y acercamiento".
En la misma línea, Franchesca Gnecchi, diplomada en sexualidad y directora de Erotique Pink, consideró: "Puede pasar que ante una crisis económica las personas tengan la líbido en otro lado, ya que el deseo tiene etapas. En ese caso es bueno entender que se puede estar atravesando un período determinado donde la carga emocional está puesta en otro lugar. Entonces, también hay que comunicárselo a la pareja, no presionarse para tener encuentros sexuales solamente para cumplir. Hay que darse su tiempo, conectar el placer de la pareja desde otros aspectos, como estar juntos en ese momento, compartir actividades, caricias, es decir, mantener la conexión". El tiempo, tal como aludió Gnecchi, desempeña un rol clave en la vida sexual de la pareja y suele escasear ante la rutina, los compromisos y las obligaciones.
Sexo: el poder del descansoAl respecto, Urretavizcaya reflejó: "Las preocupaciones pueden minar la magia de los primeros tiempos. Estamos sobreocupados, tenemos multitareas, y somos polifacéticos". En todo ese contexto, la sexóloga destacó: "Las ganas no llegan cuando se está cansado. Para disfrutar de la sexualidad hay que estar descansado, puesto que con el sistema nervioso simpático en alerta estamos preparados para huir, o luchar, o quedarnos inmóviles, pero no para sentir sensualmente".
La mencionada especialista afirmó, con elocuencia, que "cuidar un vínculo es como estar a cargo de un bebé, no se lo puede descuidar o ignorar". En ese afán de proteger la sexualidad, o mejor dicho, la intimidad de la pareja que -como aclaró Gnecchi, no solo radica en lo genital, sino en una caricia, compartir actividades o solo estar juntos-, acudir a un experto en sexología suele ser un recurso muy empleado.
En referencia a ello, Lizarraga admitió que "hay muchas consultas". En tanto, Urretavizcaya sostuvo que "las personas cada vez necesitan más de un tercero que los ayude a dirimir sus diferencias, que intermedie y que los ayude a aliviar tensiones". Por su parte, Caballero Rueda develó que muchos requieren del conocimiento de un sexólogo ya como última instancia: "Vienen arrastrando años de malestar y no es bueno tolerar tanto o estirar, sino aprender a desarrollar conversaciones incómodas. Ya que hagan una consulta es un paso adelante".
Las emociones mandan en la vida sexual de pareja ya que se trata de sensaciones que impulsan diferentes motivos y ámbitos. En ese amplio abanico de factores, la economía marca cada vez más el pulso de la líbido. Moderar su influencia depende de uno mismo, pero también de una fluida comunicación y una buena conexión con su pareja. Es en aquello que depende únicamente del poder adquisitivo, donde la economía sí ejerce una total influencia.
Lo reconocen las propias sexólogas, porque sus pacientes les confiesan que no pueden continuar con las sesiones al verse obligados a reducir gastos. En este sentido, Lizarraga precisó que "existe quienes me dicen la semana que viene no puedo venir porque no puedo pagarte la consulta". "Hay personas que me confiesan: No me compro preservativos porque no tengo plata, o que se preguntan: ¿Dónde concreto esos encuentros?, cuando no es una pareja estable", cerró Carballo Rueda.

