INFORME ESPECIAL

Por la crisis, se disparó el trabajo de zapateros y costureras: "Traen cosas imposibles de arreglar y piden pagar en dos cuotas"

Así surgió del diálogo de Crónica con trabajadores de la Capital Federal y la provincia de Buenos Aires. “Aumentó el trabajo pero la gente no lo puede pagar porque no llega a fin de mes”, coincidieron, al tiempo que dijeron que ocurre eso pese a sus precios accesibles.

Por Juan Bernardo Domínguez
@juanbjd

La pobreza avanzó hasta el 52,9% en los primeros seis meses de este año, por encima del 41,7% de fines del 2023, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).


Los indicadores económicos de las consultoras privadas también reflejan el fuerte deterioro del bolsillo de los ciudadanos. La recesión no deja sector sin golpear.


En ese contexto, crónica.com.ar detectó este martes en diálogo con zapateros y costureras que sus clientes buscan sobremanera prolongar la vida útil de calzados y prendas de vestir, debido a que se torna prácticamente imposible renovar el vestuario. 


Roberto Caap tiene 61 años y hace más de tres décadas que trabaja como zapatero en un local ubicado en la calle Coronel Apolinario Figueroa 375, del barrio porteño de Villa Crespo.


Consultado sobre si le aumentó la cantidad de pedidos de arreglos de calzados en los últimos meses, respondió: “Sí, mucho". Y lo atribuyó a “la crisis que atraviesa el país”.


Caap puntualizó que lo nota en el tipo de reparación que le solicitan. “Traen cosas imposibles de arreglar”, enfatizó.


El zapatero contó que responde “honestamente” a los clientes. “Si no funciona más, lo digo”, aseguró.
 

Caap aseguró que la persona que recibe la contestación de fin de vida útil lo lamenta porque debe ponerse a pensar cómo afrontar la reposición del calzado.


Tienen que ver la posibilidad de comprar en cuotas con tarjeta de crédito o encontrar alguna oferta. Cuando pasa eso, ya es otro cantar, porque hay mucha diferencia de precio entre un arreglo y un calzado nuevo”, manifestó.


El zapatero, preguntado sobre cuánto cuesta una reparación, contestó: “Entre $10.000 y $30.000. En eso está arreglar la talonera o hacer un parche”. 


Caap completó: “Si se le cambia la gomita fina de abajo a una zapatilla, puede salir un poco más. Pero, como un par de zapatillas nuevas está entre $80.000 y $200.000, hacen lo imposible por salvar las usadas”.


Su colega Jorge González Moya, por su parte, coincidió en que aumentó el trabajo producto de la crisis. “Demasiado”, remarcó.


González Moya tiene una zapatería hace 35 años en la calle Evita 586 de la villa 31, en el barrio porteño de Retiro.


Aumentó nuestro trabajo pero la gente no lo puede pagar porque no llega a fin de mes. Muchos me preguntan si me pueden pagar en dos cuotas”, contó.


El zapatero precisó que “una suela completa, o sea el cambio de la base y algunos arreglitos más que suelo hacer durante ese cambio, cuesta $25.000”.

 
González Moya completó: “Yo siempre les pido un adelanto porque, muchas veces, me pasa que hago el trabajo y no lo pasan a buscar. Y pierdo yo”. 


El zapatero precisó que, en el caso de que la reparación salga $25.000, los clientes deben dejar un anticipo de “$2.000 o $3.000”.

  
Algunas personas me ofrecen pagar el arreglo con una changuita. Por ejemplo, lavarme ropa. Sobre todo los integrantes de familias numerosas, porque la están pasando muy mal”, dijo por último para graficar la crisis que atraviesa el país.

 

El lamento de una costurera: “Hay más trabajo pero cuesta cobrarlo

Mónica Basterrechea trabaja como costurera en su casa, en la ciudad de Mar del Plata, y es secretaria general del Sindicato Argentino de Trabajo a Domicilio, Textil y Afines (SATADTYA).
 

Mónica Basterrechea trabaja como costurera en su casa de la ciudad de Mar del Plata (Gentileza de Mónica Basterrechea).
Mónica Basterrechea trabaja como costurera en su casa de la ciudad de Mar del Plata (Gentileza de Mónica Basterrechea).

Desde comienzo de enero último, la producción de ropa fue decayendo En la mayoría de los talleres, no hay trabajo. La mayoría de las costureras estamos con arreglos, por pedidos que aumentaron. Hay más trabajo para los arreglos, pero cuesta cobrarlo”, contó Basterrechea.


Al momento de ejemplificar el incremento de pedidos de remiendos, enfatizó: “Hasta frazadas tenemos que emparchar”.


La trabajadora detalló que el precio del cambio de un cierre invisible de una pollera es de $6.860. Y la colocación de uno en una campera deportiva sale $9.000. “Los precios son accesibles, pero cuesta cobrar”, lamentó.


A un jubilado no se le puede cobrar los $9.000 porque no los puede pagar”, agregó la secretaria general del SATADTYA , al tiempo que dijo que la crisis golpea también a las trabajadoras del sector.


La mayoría de las costureras somos pobres. Vivimos al día. Tenemos ingresos mensuales de entre $400.000 y $500.000”, finalizó.

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