Vender pelo, una moda nacida de la necesidad: las peluquerías lo demandan para crear extensiones
Una nueva forma de “rebusque” para poder sumar un poco de dinero que encuentra buena recepción en los estilistas.
La moda y la necesidad son los impulsores de una tendencia en crecimiento, que parece no tener techo. Se trata de la compra y venta de pelo, que trascendió las esferas de las peluquerías y salones de belleza, para seguir expandiéndose sin escalas en las redes sociales. Para los estilistas, una moda; para quienes ofrecen su cabello, un ingreso, que puede superar el millón de pesos, y paliar así las urgencias.
“Vendo mi pelo” o “Vendiendo”, y una foto que refleja una larga cabellera para acompañar cada oferta en grupos de Facebook exclusivos para la compra y venta de cabello. Una alternativa a las peluquerías, que suele ser atractiva por su bajo costo y porque para el vendedor no hay intermediarios. No obstante, los especialistas recomiendan tener ciertas precauciones dado que el cabello no suele ser de calidad, y en algunos casos ni natural siquiera.
En su caso, Ariel Fiorioli, dueño del salón Ariel de Las Heras, de Monte Grande, detalló que “nosotros compramos para transformarlo en extensiones. Las condición es que debe estar sano, no importa si está teñido”. A su vez, Fiorioli reconoció que “empezamos a comprar hace cuatro años, cuando los costos de las extensiones eran altos y porque se fue popularizando. Ya no es exclusivo de los artistas”.
Por su parte, Sebastián Hernández, de Peluquería Blorange, en el barrio porteño de Palermo, aclaró que el cabello, que adquiere a través de proveedores, “se emplea para extensiones o cortinas que es un tejido donde el pelo va entrelazado y se hacen a partir de los 30 centímetros”. Al mismo tiempo, destacó que “el pelo tiene que ser siempre virgen”.
Respecto del proceso de confección de la cortina, que se entrelaza con la cabellera original, y que es uno de los trabajos más demandados por las clientas, Ariel Fiorioli describió que “compramos el cabello, sacamos los cabellos cortijos, que se le llama cardado, y después los mandamos a que nos hagan la costura para luego hacer el armado”.
Esta labor implica costos que oscilan entre 300.000 y 5 millones de pesos, según la calidad, el grosor y la cantidad de pelo. Los valores de venta de este representan, mínimamente, un 50%, es decir, arrancan de 150.000 pesos y pueden ascender hasta 3.500.000 pesos, siendo el importe de un color rubio 6 veces mayor que el de un tono más oscuro.
Si bien el ofrecimiento de cabello por particulares se extiende en diferentes puntos del país, Hernández reveló que principalmente se compra en Bolivia y Paraguay. Al respecto, el estilista argumentó que “son los lugares donde se consiguen en mayor cantidad y grosor. Allí se obtiene el mejor pelo para poder trabajar químicamente. También se trae de Pakistán y de la India”.
El testimonio del peluquero da cuenta de otro factor relevante de esta modalidad sin límites y que se asienta en zonas donde la vulnerabilidad se agudiza. Entonces aquellos que la padecen cuidan su pelo y el de sus familiares, incluso el de sus hijos, para obtener sumas de dinero que les son inalcanzables de otra forma, y que les permite “tirar por un rato”.

